El actual Presidente de la República, Lic. Felipe Calderón Hinojosa, durante su campaña política para alcanzar el máximo cargo público al que puede aspirar un mexicano, fue bastante certero al diagnosticar los principales problemas que angustian a los mexicanos, en especial el combate a la pobreza y, en seguida, fue también muy preciso para puntualizar las medidas que en su opinión habrían de aplicarse para curar ese mal, la inequitativa distribución de la riqueza, de alcanzar la silla presidencial.
En concreto, el Lic. Calderón propuso que sería el “presidente del empleo”. ¿Por qué?, porque todos sabemos que habiendo trabajo para todo aquel que lo requiere, para vivir, pues, no hay necesidad de pedir limosna en la calle ni de andar en los cruceros viales haciéndola de traga fuegos ni vendiendo chucherías; habiendo trabajo tampoco hay necesidad de delinquir para vivir (robar, secuestrar, distribuir droga, etc.) ni denigrarse moralmente mediante la prostitución femenina, infantil y ahora hasta masculina. Pues bien, todos estos enormes beneficios que acarrearía el pleno empleo los tenía muy claros nuestro actual mandatario durante su campaña política; la pregunta ahora es ¿y qué tanto ha hecho de lo que dijo? Lamentablemente nada, ya que hoy día hay más desempleo que cuando Felipe Calderón era candidato, y hoy día, también, siguen huyendo del país 500 mil mexicanos a los Estados Unidos, ¡cada año!, verdaderos ríos humanos, en búsqueda de trabajo.
Durante su campaña, Felipe Calderón ofertó también mejorar los salarios para “recuperar el poder adquisitivo de los trabajadores”. Pues bien, con el aumento del precio de la gasolina, el diesel y los alimentos básicos (arroz, frijol, maíz, trigo, etc.), sólo un tonto o de plano un fanático partidario del Partido Acción Nacional se atrevería a sostener que hoy el pueblo vive mejor. Al contrario, en año y medio que lleva Calderón de presidente, el número de pobres y miserables subió de 70 a 75 millones de mexicanos porque el salario se ha visto pulverizado por los incesantes aumentos de las mercancías que el trabajador demanda para alimentarse, vestirse, calzarse, curarse y educarse.
Para colmo de males, el llamado “plan de combate a la pobreza” a través de diversos programas sociales tampoco ha rendido frutos, por más que los medios de comunicación masiva nos bombardeen todos los días con estadísticas color de rosa, enfatizando melifluamente que hoy estamos mejor. Y para muestra un botón. Me refiero al municipio de Chimalhuacán, que cuenta con casi un millón de habitantes cuya pobreza y abandono por parte de los gobiernos estatales y federales son de sobra conocidos. En concreto, son tres los problemas que se niega a resolver el gobierno federal: primero, el presupuesto para seguridad pública, ya que en tanto que a municipios donde gobierna el PAN (Querétaro capital, San Luis Potosí capital y Mérida) se les otorga más de 100 millones de pesos a cada uno de ellos, a Chimalhuacán le entregan menos de la décima parte, tan sólo nueve millones. Segundo, el programa Oportunidades; sucede que Chimalhuacán justificó al menos 60 mil acciones del programa para otras tantas familias, pero el gobierno federal, a través de la SEDESOL, sólo beneficia a 13 mil, pero eso sí, en la radio y la televisión se llena la boca presumiendo que ya se cubrieron todas las familias pobres que necesitan el Oportunidades, a sabiendas de que miente.
El tercer problema es el de la vivienda. Según estadísticas del propio gobierno federal, en Chimalhuacán viven 70 mil familias en pobreza patrimonial, es decir, en casas pequeñísimas y/o con material perecedero (lámina, madera, etc.). Pues bien, aunque existe el programa “Tu Casa”, también a cargo de la SEDESOL y que teóricamente está destinado a dignificar la vivienda, sea mediante la construcción de pies de casa o ampliación de vivienda, sucede que en Chimalhuacán, tan sólo ha brindado presupuesto para 123 familias, cantidad absolutamente ridícula, lo que evidencia que la federación quiere tratarnos como a limosneros.
Ante esta diferencia abismal entre lo dicho y lo hecho por el gobierno federal, como siempre lo he planteado, sólo hoy dos opciones para los chimalhuaquenses: una, quedarnos cruzados de brazos llorando de impotencia por el menosprecio y la soberbia con que nos trata el gobierno federal. La otra, la más digna de un pueblo que ha ido adquiriendo conciencia de sus derechos y que se ha ido organizando para defenderlos con la fuerza de su unidad y de su lucha, es arremeter con la dureza de una roca y la energía de un huracán humano para exigir justicia social. Por tanto, nos vemos en la mega marcha del próximo 29 de julio que partirá del Monumento a la Revolución a la Secretaría de Gobernación y, luego, a los Pinos. Convencido estoy que la lucha es dura, sí, pero no existe otra opción y, además, siempre arroja resultados positivos.
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