En un artículo que publicamos con motivo de la elección interna que el PRD de Chimalhuacán celebraría el pasado 15 de marzo, las organizaciones del Proyecto Nuevo Chimalhuacán sostuvimos la tesis de que dichos comicios serían una farsa, o sea, un engaño, ya que los perredistas han demostrado, una y otra vez que practican la “democracia”, que siempre se cometen trampas entre unos y otros, es decir, son falsos demócratas, para lo cual no se detienen ante nada: regalo de despensas, regalo de dinero, regalo de materiales varios, personas que votan en varias casillas, relleno fraudulento de urnas, etc., etc. Pues bien, todo esto y más ocurrió en Chimalhuacán el domingo 15 de marzo, con lo cual quedó comprobado que la elección de los perredistas fue un autentico chiquero.
Y ya estaba visto que así iba a suceder, pues en la votación del año pasado, que se realizó para elegir dirigente nacional en ese partido (Jesús Ortega contra Alejandro Encinas), entre ellos mismos se dijeron de todo: “marranos” “chuchinero” etc. Pues bien, si de ese modo enlodaron su elección nacional, resultaba obvio esperar que en una elección municipal, o sea, de menor relevancia, la honestidad brillara por su ausencia. Se cumplió al pie de la letra nuestro pronóstico.
Ahora bien, son los propios perredistas los que ya admitieron, con toda desvergüenza y de su puño y letra que, en efecto, la elección fue una porquería (ver al reverso un volante que ellos mismos distribuyeron en Chimalhuacán, donde piden la nulidad de las elecciones y piden además hasta la expulsión del PRD de David Magaña y José de Jesús Buendía, supuestos ganadores de los comicios).
Y claro, con la deshonestidad que siempre los ha caracterizado, tratan de echar las culpas propias sobre espaldas ajenas. Acusan al gobierno estatal (a Enrique Peña Nieto, se entiende) y al gobierno municipal, particularmente a Antorcha, de haber provocado el fraude. ¡Pobres perredistas! Hasta un niño de pecho se da cuenta de sus ardides y, claro, como reza el refrán: “el león piensa que todos son de su condición”, es decir, como ellos son los campeones mundiales de la deshonestidad, ahora no hayan a quién más embarrar. Pero el pueblo no se dejará engañar, puesto que cada día los conoce más y se da perfecta cuenta de que los señores perredistas son de lo peor: mentirosos, deshonestos, cínicos, desvergonzados, en síntesis, un grupo en acelerado proceso de putrefacción política.
Falta ahora preguntarse: ¿cómo van a resolver el asunto del fraude? ¿Van a realizar otra elección interna para caer de nuevo en la deshonestidad? Y también vale preguntar: si entre los propios perredistas se engañan, si no hay seriedad ni ética política ¿qué podemos esperar los chimalhuaquenses que no somos perredistas, de esos señores, en el hipotético y remoto caso de que llegaran a gobernar? Es evidente que nos iría mucho peor que en los tiempos de la
Loba. Chimalhuacán sufriría sí, un cambio, pero para atrás, porque también se puede cambiar y caminar en reversa. ¿O no? ¿Usted qué opina, estimado lector?
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