Existen hombres que tienen epidermis de reptil y nunca entenderán de sutilezas; hay otros cuya apariencia externa no les delata pero bajo la piel albergan un alma fría, estos tampoco lograrán entender de cuestiones sentimentales, ya que su forma de razonar es maquinal y su lenguaje poco más o menos suena así: “dos por dos son cuatro, cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y ocho dieciséis”. Pero también viven hombres que han logrado evolucionar hasta llegar a convertirse en seres humanos y estos, son los que en el mundo siempre serán necesarios. Estos seres, en la mañana cuando toman un sorbo de café, no solamente sienten agolparse en su corazón todo el calor del mundo, la dulzura de los días, la luminosidad de la vida, sino también, los dolores y las penas que forman el sufrimiento. Y estén donde estén, estos seres sentirán la lejanía, la ausencia, y su alegría de vivir se mezclará dulcemente con la angustia. Y estén donde estén, se hallarán asediados por el frío sonido metálico de las cadenas. Alzarán su vista al cielo infinito increíblemente azul, lejano, silencioso, ¡silencioso!, y su dolor será más grande, porque estos seres, aunque muchos no logremos entender cómo, sienten a distancia y perciben el luto de sus almas hermanas, de sus almas gemelas, de sus almas amantes. Pero no hay remedio, deben tomarse hasta la última gota el café de la taza, lo amargo y lo dulce, la tristeza y la alegría, lo negro y lo blanco de la vida, pues esa es la condición para convertirse en seres humanos.
Luego entonces, estos hombres que habitan la tierra asediados por tormentos y cadenas, no renunciarán al dolor, pues así como la verdad hace libres a los espíritus, el dolor los purifica, los humaniza. Pedir clemencia por los que sufren nunca estará de sobra, pero los que sufren y han entendido el significado del sufrimiento no implorarán piedad; en el último momento dirán a sus torturadores: -¡gracias por erigirnos a la altura del hombre verdadero!-. En aquel instante, al ser pronunciadas esas palabras, para los verdugos no habrá salvación, caerá sobre ellos la oscuridad más terriblemente oscura que jamás hayan visto y serán devorados por ese fuego negro, mientras que los torturados ascenderán a la luminosidad de las alturas.
Hoy en Querétaro, 15 hermanos míos están siendo torturados por órdenes del señor gobernador. Y les digo a los verdugos ¡tortúrenlos!, ¡cumplan su infame misión!, ellos se elevarán a la gloria de la que son hijos y ustedes rodarán al infierno que pertenecen. No estoy haciendo uso de un recurso literario para tratar de defender a los presos, lo que digo será así porque ellos son inocentes, son hombres humildes que fueron arrebatados de su hogar, separados de sus seres queridos, tratados con crueldad y saña porque pidieron agua, no pidieron pan, pidieron simplemente agua, solamente agua para sus familias y por eso fueron arrojados a un calabozo. ¿Hay perdón para esto? No, ¡no habrá perdón señores torturadores! Ustedes tendrán que asumir las consecuencias de su propia perversidad. Mis hermanos son hombres buenos, son de un lugar que se llama La Piedad, pero como hombres buenos que son desprecian a la maldad y no le piden indulgencia, porque saben que la verdadera justicia llegará tarde o temprano.
Los habitantes de La Piedad, hoy ven al cielo y no encuentran a Dios, porque a Dios lo han secuestrado y sus secuestradores no piden rescate pues a nombre de él están haciendo enormes fortunas. Los habitantes de La Piedad no encuentran justicia, porque a la justicia la han secuestrado y sus secuestradores no piden rescate pues a nombre de ella cometen crímenes y amasan enormes fortunas. Pero los habitantes de La Piedad, ya no piden piedad porque saben que de un momento a otro sonarán las trompetas anunciando el fin de la injusticia. Repito, esto no es un recurso literario para tratar de atemorizar a nadie, ¿acaso mis pobres palabras podrían causar pánico a un hombre tan poderoso como el actual gobernador de Querétaro? Lo que digo es una sencilla verdad. Lo que aquí afirmo es lo que nos confirma la historia de nuestro país y del mundo, la historia de la lucha de clases: El pueblo es quien mueve hacia adelante la rueda de la historia universal. Los tiranos también juegan su papel positivo en el desarrollo de las naciones. Por eso al final podremos decir, gracias señor Francisco Garrido Patrón, por darnos motivos para luchar por un país más justo, por darnos el anhelo de forjar un mundo mejor, al cual usted aunque quisiera no podrá pertenecer nunca jamás. Y le reitero sin afán de hacer literatura, tengo en mi poder nueve mil firmas, que repudian su justicia panista. Además le aviso, aunque usted ya estará informado, en todo el país se levanta un millón de firmas, un millón de gritos silenciosos, que le exigen amarre a sus perros, detenga la represión. Pero no se confunda, no queremos, no imploramos su perdón. ¡Y que vivan, que vivan y sufran y sean felices, con la frente en alto, mis hermanos de La Piedad, municipio de El Marqués!
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