¿Dónde está Mario García? Quiero contarle mi sueño, acabo de salir del Cereso, estuve por homicidio, no puedo dormir, ¿donde está Mario?, quiero contarle mi sueño, ¡Mario!, ¿Dónde está Mario García?...
Esto llegó diciendo un individuo en evidente estado de drogadicción, al lugar en donde realizan sus asambleas los integrantes del grupo antorchista de Chetumal. Pero en ello no hay nada extraordinario si tomamos en cuenta que ya no es ninguna novedad el que individuos intoxicados por alguna droga deambulen causando miedo por las principales calles y plazas de las mejores ciudades; en este caso lo que sí resulta extraño es que un personaje así se hubiese presentado al sitio ya mencionado buscando al representante estatal del Movimiento Antorchista, con la peregrina idea de hacerle una consulta para la cual más bien debería haberse dirigido a un psicólogo. También resulta igualmente extraño que el consultante drogadicto y ex presidiario resultó absolutamente desconocido para todos los que le vieron y oyeron. Ahora bien, ¿hay necesidad de que una mente sana y ocupada gaste energías y tiempo en prestar alguna atención a un suceso tan aparentemente irrelevante? Para contestar a esta pregunta, debo empezar planteando lo siguiente.
Dice la sabiduría popular que “sabe más el diablo por viejo, que por ser el diablo” y nadie, creo yo, se atrevería a refutar este postulado de la universidad de la vida, luego entonces pido permiso para que se acepte como soporte de mis afirmaciones, en el asunto que estoy tratando, el hecho comprobado de que el Movimiento Antorchista Nacional es una organización social que cuenta con más de tres décadas de existencia y aunque, históricamente hablando, somos una organización joven, debemos sumar a nuestra edad y, por lo tanto, a nuestro conocimiento de la realidad, como si fuese un caso de herencia, la experiencia histórica generada por las luchas sociales acaecidas hasta nuestros días en el mundo entero. Aunque realmente no hace falta tanto para entender y poder afirmar sin ninguna duda que el drogadicto del que hablamos al principio era un tipo que alguien envió con el claro propósito de amedrentar y por ello consideramos que sí hay necesidad de ocuparse del caso. Ahora bien, ¿Quién nos envió al recinto de las asambleas de Antorcha a tal individuo? ¿A quién le interesa sembrar la incertidumbre y el temor entre las filas de los antorchistas de Chetumal, Quintana Roo?
Aunque nosotros como organización nunca nos hemos propuesto hacerle daño a nadie, objetivamente, es decir, independientemente de nosotros y de nuestros propósitos, la actividad de Antorcha en ocasiones lesiona los intereses de terceros. Tal ha sido el caso de aquellos lugares en donde hemos luchado junto a los campesinos para recuperar las tierras que les arrebataran los poderosos. Pero aquí en Quintana Roo, ¿a que poderosos intereses estamos afectando con nuestra lucha? Esto es algo que el tiempo pronto nos ayudará a contestar. Por el momento solamente podemos afirmar que la lucha principal del Movimiento Antorchista en el estado durante los últimos meses ha sido con motivo de solicitar vivienda digna para los trabajadores tanto de la zona urbana como de la rural. Al atrevernos a enarbolar esta justa demanda popular hemos sido tratados como delincuentes. Respecto a esto, hace poco más de un año escribí un artículo titulado “Están preparando una guerra”; ahora puedo escribir otro y llamarlo: “La guerra está declarada”, aunque mi afirmación pueda generar confusiones en algunas personas, ya que ciertamente durante la última movilización logramos firmar otro acuerdo más donde se promete que en el mes próximo de septiembre se comenzará la construcción de viviendas en la zona maya y en el mismo documento se garantiza apoyo en el trámite de regularización de la colonia unidad antorchista. Está claro que el mes de septiembre todavía no llega, pero lo que no está muy claro es si el acuerdo se va a cumplir; en cuanto a la regularización de la colonia unidad antorchista de Chetumal, fijamos fecha para tratar el asunto y los funcionarios nos dejaron plantados, como se dice coloquialmente. Precisamente por aquellos días fue cuando tuvimos esa visita que dio motivo a estas líneas. Finalmente, debo agregar que lo dicho aquí se puede prestar a dudas, pero de todo lo que he afirmado tengo testigos, mas como aun así algunos podrán decir que mis testigos son falsos, entonces diré algo que no dejará lugar a dudas.
Yo vi cuando llegó el drogadicto, lo vi acercarse errátil, con la típica actitud de sombi que delata al que está pasado de droga. Quizá por eso no pudo verme, aunque realmente no me vio porque, como se sabe, desde tiempos inmemorables los esclavos y los hombres que saben de guerras y otras penas, han tenido que recurrir a la metamorfosis, sobre todo cuando el enemigo no debe percatarse de la presencia, hay que adherirse a la tierra, hay que diluirse en el agua, hay que desvanecerse en la sombra, entonces ese día llegó mi amigo Periclímeno que de las preocupaciones es gran conocedor y convertido en abeja me llamó y me dijo: “hoy vendrán a buscarte y no estarás” y me dejó solidario el atuendo del ave que cruza el pantano y… entonces sin ser descubierto vi llegar a quien parecía emisario del inframundo, al enviado de un mal hombre.
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