MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Un torrente hacia el Azteca

Mario García Castillo
Dirigente antorchista en Quintana Roo
Chetumal Q. Roo., a 20 de junio de 2009

 

En la piedra sagrada; en la venerable piedra donde se refleja el fluir de los ciclos de la vida; ahí sobre la cara de la roca que ve pasar a los siglos, está escrito. Ahí dice que las horas del portentoso hijo de Coatlicue, vengador de afrentas, nuestro colibrí siniestro, los días del señor Huitzilopochtli y las noches del gran jaguar, corazón de la montaña, el señor Tezcatlipoca, han cesado de danzar sobre la tierra.  La aleccionadora sequía, provista de fatiga y sed, está dando paso a los días del agua.  El gran señor Tláloc emerge con su rostro ondulante, se precipita sobre los pueblos, encendiendo el regocijo del maíz y las flores comestibles. Está escrito en la piedra solar y en la vida diaria lo podemos percibir con todos los sentidos.

Y justamente en esta época; cuando se renueva la esperanza sobre el mundo habitado; muchas gentes del Anáhuac,  gran cantidad de pueblos de la tierra Mesoamericana y de más allá de Aztlán, afluyen como un gran torrente, cual río humano, hasta alcanzar y congregarse junto a lo que hoy es el recuerdo del lago, sobre el que flotaba majestuosa y serena la gloriosa Tenochtitlán.

Ululan los caracoles para dar la bienvenida a los representantes de todos los pueblos de nuestra extensa tierra. A lo lejos miles de estandartes por los cuatro puntos cardinales ondean con marcial cadencia. Los caracoles ululan para dar la bienvenida al nuevo ejército de los pueblos, pero que nadie tema a la guerra, ya que hoy por hoy, los dardos se han transformado en palabras y el fuego está contenido en las ideas; ¡es este el ejército del gran Movimiento Antorchista Nacional!

Es este el nuevo ejército del pueblo, el Movimiento Antorchista, que se reunirá el 21 de junio en el Estadio Azteca, afluirá al imponente Estadio para anunciar los nuevos días por venir. Está escrito en la piedra sagrada, un ciclo se ha consumado y debe aflorar otro. Los dioses, todos, están jubilosos y ya hay una nueva esperanza para los hombres. Ululan, ¡ululan los caracoles!, hacia los cuatro puntos cardinales.

El camino para llegar al encuentro de los días buenos, está iluminado; la ruta para retornar a la grandeza de nuestros pueblos está trazada. Ya se acercan los días buenos para el pueblo. Ya laten con más brío los corazones, los nuevos corazones de nuestras antiguas culturas. Ululan, ¡ululan los caracoles!, retumba profundamente el teponaztli. ¡El Azteca está de fiesta!

¿No sienten como se mueve la tierra bajo los pies?

¿No ven la gran fumarola, enturbiando al azul y blanco del paisaje?

¿No ven la gran noche mesoamericana iluminada por las antorchas?

 

     

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