MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Los seres de la luz

Mario García Castillo
Dirigente antorchista en Quintana Roo
21 de abril de 2008

El viejo Hades yace sobre una negra roca gigantesca, profundas arrugas surgen de su frente y  van a confundirse con los húmedos surcos pétreos entre la penumbra de la profundidad terrestre; el enorme dios del submundo está abatido por la melancolía, apenas hace unos instantes lo abandonó la bella niña rubia, quien subió una vez más a visitar a su amorosa madre; sobre los campos de la superficie terrestre se ilumina la vida, vuelve la voluptuosa calidez, ¡ha llegado la primavera!  

Me di cuenta de ello, cuando en cierto recodo del camino por la tierra del Mayab, me deslumbró el amarillo incendio de un árbol de madera liza y brillante; un tibio rumor penetró por todos mis poros agolpándose en mi corazón; en ese momento, para llamar mi embelesada atención, se agitaron las rosáceas flores de otro árbol tropical, que con dulce canto vuelto fragancia clamaron: ¡mira qué hermosas somos también!, a lo lejos latía rítmica y anhelante una enorme bugambilia despidiendo rojos destellos; más allá el cielo intensamente azul se volcaba sobre la selva verde estrechándose ambos entre cantos de cien aves, mientras dormitaban en las alturas enormes cúmulos de blanquísimo vapor.

La siempre joven, la siempre bella, la siempre viva primavera estaba ya entre nosotros. La naturaleza hervía, los colores se combinaban para dar origen a nuevos colores, la madre tierra pródiga exhalaba entre delicados aromas seres vivos de todos tamaños, formas y matices: insectos de esmaltes fosforescentes, reptiles de enigmáticos tonos en la piel y brillante escama, artrópodos de llamativo terciopelo, seres de hermosos plumajes, fascinantes pieles o nacarados carapachos. El trópico estaba eufórico y en su divino delirio como al principio del mundo, no acertaba o no le importaba respetar un orden; graciosas formas humanas fueron engarzadas en fornidas caderas de cabra y hombres rudos emergieron hasta la cintura sobre troncos de caballos salvajes. Pero la diosa primaveral en un arrebato de intensa felicidad también engendró hombres excepcionales de hermoso espíritu y prodigiosa inteligencia; entonces allá a lo lejos, tendidos placidamente sobre una alfombra de hierba verde, bajo la sombra de una hermosa y grande mata ornamental de plátano pude ver a Sócrates y Fedro, charlando amenamente. Sócrates dialéctico e introspectivo de cuando en cuando a pesar de todo, terriblemente consciente, para refrenar el impulso de sus diez sentidos, se cubría graciosamente el rostro. Sócrates y Fedro hablaban sin duda acerca de los profundos arcanos de luz desde donde proviene la filosofía; hablaban de cuán superior es el amor frente al odio, la paz frente a la guerra, la libertad frente a la esclavitud, la virtud frente al vicio, la justicia frente a la injusticia. Hablaban, hablaban de los temas con que sus claros espíritus gozaban. Ellos desde su encantador paraje verde y yo frente al rutilante torrente encantado de flores amarillas, rosas y violetas contemplábamos serenos el risueño paso de la hermosa diosa rubia…

De pronto el despecho de Hades hizo erupción, exhaló una fumarola y vomitó fuego helado, la tierra se ensombreció, llegaron de más allá del norte los Centauros, los terribles hombres de la estirpe rupestre profiriendo insultos y destruyendo todo a su paso; sobrevino una tempestad. Los pregoneros de noticias anunciaron que se trataba de un frente frío ya anticipado, pero nadie dijo nada sobre la irremediable muerte de gran cantidad de abejas.  ¿Quién va a producir la miel, si las obreras han muerto?, pregunté consternado, pero nadie respondió; volví la mirada hacia el mar Caribe para buscar consuelo en su amable presencia, y descubrí a lo lejos la pequeña luz de Cuba, luz que empieza a emerger haciéndose cada vez más grande en tanto que de entre ella surge el rostro barbado y el traje verde olivo de la enorme figura del comandante Fidel Castro; su titánica presencia hizo retroceder a los Centauros, huyeron de las bahías, se replegaron las huestes salvajes hasta más allá del norte y en el Girón de playa liberado el tiempo de la vida recobró su firme espacio…      

Fidel, algunos hijos de tu patria no te comprenden, prefieren irse al norte, prefieren la prostitución, prefieren la explotación y prefieren la guerra en lugar de la paz; son seres contrahechos. Pero otros si te entienden, si te entendemos, hemos comprendido tu profundo, tu gran amor por la humanidad, lo que te llevó a ser tan incansable luchador, por eso eres y serás faro para quienes caminan por la senda oscura. Y cuando hayas partido irremediablemente al lugar donde emigran todos los mortales, sé que lo harás sin miedo en el corazón y también sé, porque me lo ha dicho el pueblo forjador de sueños, que retornarás con cada ciclo de vida, pues eres hijo de la luz y nunca habrás de irte definitivamente, serás nuestra conciencia, serás el eterno presente, el insustituible, porque tu ejemplo es un monumento erigido en honor de la vida y consagración de la primavera…

     

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