MOVIMIENTO ANTORCHISTA


El azúcar amargo y la Revolución Cubana

Mario García Castillo
Dirigente antorchista en Quintana Roo
24 de mayo de 2008

Una mañana que parecía tarde durante esos días de abril cuando la primavera se confundió con el invierno, vi venir por la misma acera en que caminaba, a una mujer con todos los rasgos de la gente menuda, era pues delgada y únicamente iba ataviada con ese vestido blanco que usan cotidianamente las mujeres mayas; cuando estuvo cerca de mi me di cuenta que era a mi a quien miraba y sin ningún preámbulo me dirigió un amable y sencillo saludo, ante lo cual me confundí un poco pues entre mis muchos defectos soy desmemoriado. ¿Usted es de Xpichil o de Señor? ­–le pregunte-, con la firme convicción de que ella pertenecía a una de esas dos comunidades, a lo cual sin haber entendido exactamente mi pregunta me respondió: -- el señor murió hace quince días. Ya no pregunté más al respecto porque todo se aclaró para mi memoria en aquel momento y recordé a esa misma mujer menuda empujando trabajosamente una silla de ruedas por las polvorientas calles de Tepich.   Sobre esa silla de ruedas era transportado un enfermo o lo que quedaba de un hombre de aproximadamente cincuenta años, que se llamaba Justino May. La conductora de la silla era precisamente esta mujer, su esposa, Ana, se habían casado hace casi veinte años atrás y digo casi porque justamente dos semanas antes de cumplir el veinte aniversario de su boda Justino falleció.

Pero mientras Justino fue Justino se dedicó, enrolándose en diferentes corporaciones policíacas a cuidar las riquezas ajenas, gracias a lo cual contrajo una gran miseria y esa enfermedad llamada diabetes. Antes de quedar postrado por la enfermedad, como todo buen policía Justino fue gordo, pero cuando la diabetes se prendió de su cuerpo lo fue consumiendo hasta dejarlo como se dice en los puros huesos. Fue gordo el policía Justino y asiduo bebedor de cerveza, pero amaba su profesión, le gustaba ser policía, le gustaba vigilar, cuidar, estar siempre al acecho de cualquier anomalía, pero con la enfermedad todos sus gustos poco a poco se fueron extinguiendo mientras él también se consumía lentamente sobre la silla de ruedas. Su familia sufrió el mismo proceso que Justino, poco a poco sus numerosos hijos y su mujer se fueron marchitando con las fuertes rachas de pobreza tal como le sucede a las flores del campo ante la inclemencia del mal tiempo. Y la última racha de miseria, que le impidió seguir comprando medicinas o salir en busca de médicos más eficientes, se llevó el postrer aliento de Justino. Ahora que ya no tiene que batallar con la carga de la silla de ruedas, Ana está triste, se nota afligida pero también se halla dispuesta a continuar adelante con la carga de sus hijos que todavía la necesitan.

Deambulamos por varias dependencias oficiales con la afligida Ana, para lograr que se le transfirieran a ella los derechos ejidales de su esposo y al final de la jornada frente a su casa ella puso entre mis manos unos sencillos frutos dulces de la región y reemprendí mi camino meditando en como algo tan dulce cual es el azúcar puede ser causa de muerte. Pero afortunadamente existen personas mejores que yo, pues no se abisman inútilmente en reflexiones ociosas, esas personas son más prácticas y por lo tanto más útiles; esto viene a cuento porque el pasado 5 de febrero, fecha de por sí histórica, acudí como invitado al examen profesional de una alumna egresada de la facultad de química de la UNAM, quien en el planteamiento central de su tesis, propuso un método para disminuir el índice de muertes por esa devastadora enfermedad que es precisamente la diabetes; al final de su exposición y después de varias preguntas que algunos del público ya no comprendimos, la alumna fue aprobada y felicitada por el grupo de sinodales quienes se notaban como padres orgullosos de su hijo, al entregar un profesionista más a la sociedad, pero además no cualquier profesionista (el escudo de la UNAM brillaba egregio al fondo del salón),  sino uno con solidas bases científicas, lo que se demostraba en el cuerpo de la tesis que acababa de ser expuesta, sobre el cual una de las examinadoras no tuvo objeción en decir que “podía venderse a las instituciones del sector salud, pues es una alternativa viable para prevenir y disminuir la mortalidad por diabetes en México”.  Pero…     

Mucho invierten los gobiernos en propaganda para tratar de convencer a la nación de que en materia de salud pública se está haciendo lo correcto, pero salvo pocas excepciones la realidad es muy distinta, sobre todo a partir del gobierno emanado del partido acción nacional. Todos sabemos que el tristemente celebre Fox, se vio obligado a dar marcha atrás a su intento de gravar las medicinas con el impuesto al valor agregado, sin embargo la propuesta esta latente y aunque no lo han podido implementar como ellos quisieran, los gobernantes del partido acción nacional no abandonan su idea de privatizar el sector de la salud para que sea el pueblo quien costee los gastos si quiere curar sus enfermedades. Pero (ya es el ultimo pero) para terminar este cuento que no es puro cuento quiero decir esto: conozco un gobierno que realmente está preocupado por la buena salud de su pueblo, ese gobierno es el que tiene Cuba, aunque a mi no me ha beneficiado directamente conozco las estadísticas cubanas en materia de salud y sobre todo conozco personas de mi propio país que han ido a atender sus enfermedades en los hospitales cubanos y han regresado totalmente aliviados además de sorprendidos de la alta calidad científica y humanista de los médicos de aquel país. Y aunque seguramente a nadie le parezca importante mi decisión, esa es una de las muchas razones por las cuales yo estoy a favor del gobierno de Cuba y de su guía moral el comandante Fidel Castro. 

     

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