Grande, y muy importante, es el impulso que le han dado al
desarrollo del municipio los dos gobiernos más recientes,
primero, el de Jesús Tolentino Román y, ahora,
el de Miguel Ángel Casique Pérez. No obstante,
todos los chimalhuaquenses están conscientes de que falta
mucho por hacer. Le tocará empujar decididamente, en
una nueva etapa, al gobierno electo el pasado 12 de marzo que
encabezará Marco Antonio Lázaro Cano. La lucha,
pues, no se ha terminado.
Sigue siendo preocupación de los chimalhuaquenses,
vivir en un municipio seguro. La conservación de la vida,
de la integridad física y de los bienes personales, es
lo primero. Habrá que seguir luchando denodadamente por
tener una policía más honrada, capaz, bien equipada,
con patrullas suficientes, con equipos modernos de radiocomunicación
y, sobre todo, con programas de acción para prevenir
los delitos que se cometen en el municipio.
Falta todavía muchísimo pavimento en Chimalhuacán,
falta drenaje y falta agua potable. Con respecto al líquido
vital, no debe aceptarse que el gobierno del estado tenga ya
¡once años! construyendo los grandes tanques Santa
María y San Pedro y no se puedan poner en servicio. Hace
falta volver a perforar pozos que se están abatiendo,
perforar nuevos y recuperar el agua de los pozos de la Comisión
de Aguas del Estado de México que se va a otros municipios.
Se necesita, también, mejorar mucho las escuelas y contar
con facilidades para la educación superior; no hay suficientes
espacios deportivos y hay que construir la Ciudad Deportiva.
No debe pasarse por alto, tampoco, que la clínica del
IMSS, que mal atendía a cerca de 48,000 afiliados, fue
demolida y urge que el IMSS se aplique a brindar ahora un buen
servicio, construyendo un hospital en toda forma. La atención
a la salud, no está bien. Hace falta equipamiento, medicinas
y personal suficiente para los 7 centros de salud existentes
y para el Hospital de 90 camas; hay que construir todavía,
por lo menos, 5 centros de salud y contar con un hospital regional
para la mujer y el niño.
Debe seguirse pugnando por la aplicación del programa
Hábitat por parte de la Secretaría de Desarrollo
Social para avanzar en el abatimiento del rezago de infraestructura
y, hace falta, todavía, a nadie se le olvida, que se
amplíe la cobertura del Programa Oportunidades, puesto
que, en dicho programa, no fue incluida la mitad de las colonias
más pobres del municipio.
Chimalhuacán no ha entrado todavía a la etapa
de las comunicaciones eficientes y modernas. Se necesitan vialidades
modernas que conecten al municipio con la carretera México-Texcoco
y con la Autopista que va de Huehuetoca a la Peñón-Texcoco.
Ya urge un distribuidor vial en Piedras Negras y otro en el
puente del Bordo de Xochiaca: los trabajadores que salen del
municipio a ganarse diariamente la vida, pierden un exceso de
tiempo y energías sólo al cruzar por estos puntos.
¿Y qué decir de la introducción del Metro
que, incluso, es una demanda que el licenciado Enrique Peña
Nieto, gobernador del estado, comparte con los chimalhuaquenses?
Muchas de estas legítimas aspiraciones, y otras que
el espacio no permite incluir, requieren de un aumento sustancial
en las Participaciones Federales y del Ramo 33. Hasta hoy, al
municipio se le entregan recursos federales como si tuviera
492 mil habitantes, que son los que tenía en el año
2000. Al rezago que existe, se le añade, pues, un trato
injusto e ilegal. Recientemente, el estado de Colima le reclamó
al INEGI que contó mal a sus habitantes y que esto significaba
la rebaja en varios millones del presupuesto para el estado.
En consecuencia, se necesita exigir que se cuente bien a los
chimalhuaquenses y que, acorde con ello, se les haga partícipes
de los fondos públicos. La lucha, pues, no ha terminado.