MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Crece
la irritación social


Omar Carreón Abud
Dirgente Antorchista
08 de marzo de 2006

No debieran ignorarse las noticias sobre acontecimientos de los últimos días. La semana pasada, con motivo de la trágica muerte de 65 mineros en la mina Pasta de Conchos que explota la empresa Industrial Minera México, los deudos, como siempre, lloraron a sus muertos. Sólo que, esta vez, el sufrimiento extremo de las viudas, los padres, los hijos, no apareció sólo en la forma de rostros de tristeza y resignación, ahora, a diferencia de Barroterán, se vio colmada la docilidad y la paciencia y, el pueblo, herido y agraviado, se mostró encolerizado y violento. Estoy completamente seguro que nadie en su sano juicio puede censurar la reacción de los familiares, no solamente por la pérdida de sus seres queridos, sino porque ahora saben, y se sabe, que se pasaban la vida en las entrañas de la tierra, a cambio de salarios miserables y porque nadie, en la empresa y en el gobierno, quiso proveer a la mina de seguridad y buenas condiciones de trabajo.

El domingo siguiente, muchos diarios reportaron que ejidatarios michoacanos de Angamacutiro, integrantes de 17 ejidos diferentes, habían puesto en libertad a 17 funcionarios estatales y federales a quienes habían retenido. Ahí también se manifestó una parte del pueblo a la cual no se le han dado soluciones y se sigue creyendo que se le puede seguir entreteniendo. Lejos estoy de hacer apología de los delitos, sólo señalo que la conducta de los ejidatarios tenía, como todo en este mundo, una causa: exigían el pago de indemnizaciones por la expropiación de sus tierras que se llevó a cabo para construir una presa ¡hace 37 años!

Un día después, el lunes 6, en el estado de Guanajuato, mil campesinos que reclamaban la promulgación de leyes para obtener la disminución de precios en las tarifas en el pago de la energía eléctrica y en el diesel, cerraron los dos accesos carreteros a la ciudad de Guanajuato y se enfrentaron con la policía. Ahí también la desesperación es explicable. Hace mucho tiempo que el campo mexicano está en ruinas. Es cierto que hay manchones de progreso en los que existen agricultores prósperos, pero la gran mayoría de los campesinos no ha podido competir con los precios de los productos subsidiados, sobre todo de Estados Unidos, y ha quebrado. El gobierno federal, por su parte, abdica de su papel y no hace más que llamados a volverse competitivos y ataca, con todas las modalidades a su alcance, la intervención del Estado en la disminución de los desequilibrios e injusticias.

Un día después, la Unión Nacional de Trabajadores, el Sindicato Mexicano de Electricistas y decenas de sindicatos más, se manifestaron en las calles exigiendo la renuncia del Secretario del Trabajo, Francisco Javier Salazar, y amenazaron con llegar al paro nacional si el gobierno federal no cesa de violentar la autonomía sindical. Tampoco estos hechos debieran subestimarse. Hay quienes pretenden desacreditar a la marcha atacándola, como siempre, por haber causado caos vial, otros, señalan que se trata simplemente de líderes charros que quieren seguir viviendo a costa de los trabajadores. Ninguno de estos aspectos me interesa por el momento. Llamo la atención sobre el hecho de que los antiguos liderazgos se hayan decidido después de muchos años a empeñarse en una lucha frontal contra el Estado y, sobre todo, en que los obreros hayan decidido respaldarlos.

Finalmente, el miércoles, más de 10,000 mujeres del Movimiento Antorchista y otras organizaciones, se manifestaron frente a la Secretaría de Gobernación y exigieron la intervención de las más altas autoridades de la Presidencia de la República para que cese la violencia, los encarcelamientos y la represión contra mujeres, menores de edad y varones adultos por parte del gobierno panista de Querétaro que, como ya he denunciado en este espacio, se ha fabricado su propia ley. Francisco Garrido Patrón, a ciencia y paciencia del gobierno federal, de juristas y de supuestos defensores de los Derechos Humanos, mantiene a 18 presos políticos, es decir, a opositores, entre ellos a 10 menores de edad, encerrados e incomunicados en cárceles y albergues tutelares de la ciudad de Querétaro, no si antes haber sido brutalmente golpeados. Un gobierno fascista.

Ante este panorama, quienes debieran mediar, dialogar, destensar, quienes tienen en sus manos el poder del Estado y la obligación de garantizar una vida digna y en paz, están más interesados en atizar el fuego que en apagarlo. Francisco Garrido Patrón está convencido de que puede acabar definitivamente con la iniciativa y la lucha popular mediante las prohibiciones, la cárcel y la represión dictatorial; el señor Secretario del Trabajo, Francisco Javier Salazar, cree poder ocultar sus omisiones en la tragedia de Pasta de Conchos y actúa como si pudiera borrar de la conciencia de los deudos y de la opinión pública nacional, los días que actuó como vocero de la empresa, justificó sus fechorías y engañó a los familiares y, finalmente, está el propio Presidente de la República, quien no da muestras de que promueva acciones eficaces para mantener la armonía y la paz sociales y quiera responder a los justos reclamos que hacen ya numerosos mexicanos. Preocupante, sin lugar a dudas.

 

 


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