En buena paz y compañía
se aprobó el presupuesto del gobierno para el año
2007. Quién dijera que los diputados aprobantes que se
abrazaron, se felicitaron y se fueron a desayunar juntos, apenas
hacía unos días estaban trenzados a porrazos y
mentadas de madre y rodaban por el suelo en duelo a muerte.
Cosas de la política. Cualquier mal pensado diría
que la concordia y amistad repentinas tuvieron, como todo en
este mundo, una base material perfectamente conocida y mesurable.
Ello no obstante, a mi lo que me interesa es hacer notar que
por más que se declare y repita que se trata de un presupuesto
austero y (además) responsable, es, en realidad, una
nueva edición del uso y el abuso de los recursos naturales
no renovables de la nación para el enriquecimiento escandaloso
de unos cuantos, en este caso, la dilapidación del petróleo.
Aunque tal uso y abuso no necesariamente desembocaría
en el agotamiento del petróleo mexicano, pero sí,
con toda seguridad, en una vuelta a su privatización.
Veamos.
México recauda muy pocos impuestos. Diversos estudios
señalan que su base de contribuyentes (los que realmente
pagan) es muy pequeña y que existe una gran evasión.
Aunado a ello, en los últimos tiempos, se ha desatado
una frenética competencia entre algunos países
con escaso desarrollo, por atraer capitales como una forma de
lanzarse hacia el progreso, en tal empeño, hacen todo
lo que pueden por no afectar las ganancias de los inversionistas
y reducen las tasas impositivas que los afectan como es el Impuesto
sobre la Renta. Aquí mismo en México en el año
de 2007 que comienza, ya no se va a cobrar un 29, sino solamente
un 28 por ciento por este concepto, con el pretexto de que ello
beneficia a los asalariados sin revelar que, el impacto de la
disminución, constituye un beneficio incomparablemente
mayor para las utilidades de las empresas.
Para no molestar a las empresas y a los empresarios, el estado
mexicano se conforma con recaudar poco. Y cuando, en ciertos
momentos, ha sentido la necesidad de aumentar sus ingresos para
aumentar sus gastos, ha preferido irse sobre el ciudadano más
modesto y débil tratando de aplicar el odioso Impuesto
al Valor Agregado en alimentos y medicinas. Hay, pues, en pocas
y resumidas palabras, impuestos a los ricos y poderosos, que
son los impuestos a las ganancias, como el ISR, y hay impuestos
al pobrerío que son los impuestos al consumo, como el
IVA. Estos últimos le gustan más al estado mexicano.
Con pocos ingresos, sin posibilidades (al menos por el momento)
de sacar más dinero cobrando más impuestos a los
pobres, sin intención ni voluntad de grabar las ganancias
de los poderosos ¿de dónde obtener más
recursos? Del petróleo, es decir, que para que unos cuantos
se enriquezcan y vivan felices y se mantenga el equilibrio de
la nación, vayámonos sobre el patrimonio de los
mexicanos de ahora y de mañana. ¿Es así
de irracional, de voraz y ruin el sistema? Sí claro,
el planeta ya sufre un calentamiento global que duraría
todavía 500 años más aunque ahora se detuvieran
todas las emisiones que generan inmensas ganancias.
Para subsanar las deficiencias, más bien, los cálculos
interesados en la baja recaudación de impuestos, los
diputados al unísono, sin diferencias de partidos ni
de proyectos de país, acordaron arrancar a Pemex la mayor
extracción de recursos en toda su historia: le van a
confiscar, o como quieran que se diga, el 60 por ciento de sus
ingresos. Así como no se quiere que Pemex tenga una deuda
inmensa, que no la pueda pagar, que no tenga soportes para solicitar
créditos internacionales y que pasen por razonables y
sensatos todos los llamados a permitir la inversión privada
para supuestamente sacar a flote una empresa en quiebra.
El petróleo en lugar de cobrar impuestos por utilidades.
El enriquecimiento de unos pocos, a cuenta de la patria. Todas
las comparaciones son odiosas, sí, pero son un método
de conocimiento científico, así de que veamos
un poco más allá para que entendamos en qué
estamos sumergidos. Si bien le va, México va a crecer
este año del 2007 un 2.8%; Azerbaiján, una república
del centro de Asia, usando sus recursos petroleros con inteligencia,
crecerá un 17.5%, que será considerado sin duda
malo por los habitantes de aquel país, ya que el año
pasado su economía creció el 35%; Angola, país
africano, de los que con frecuencia sirven para ejemplificar
el atraso, crecerá un 12.8%; China, ya acostumbrada a
crecer en grande, crecerá un 9.8% y, Venezuela, a la
que gobierna alguien que le ha servido a la derecha nacional
para ejemplificar los oscuros peligros a los que nos exponemos,
crecerá un 10 por ciento. ¿Todavía quieren
que salgamos a la calle a aplaudir?