Lo dije en estas mismas páginas recientemente, y será
necesario insistir en ello por algún tiempo: en Chimalhuacán
todavía falta mucho por hacer. A pesar de la impresionante
obra realizada por Jesús Tolentino y Miguel Angel Casique,
que en tan sólo 6 años han hecho lo que no se
hizo durante décadas, es necesario reconocer que estamos
a menos de la mitad del camino.
El rezago al que se enfrenta hoy en día uno de los
diez municipios más poblados del país, que además
es vecino inmediato del Distrito Federal, es de tal magnitud
y tan complejo, que resulta materialmente imposible abarcarlo,
en este breve espacio. Por ello, a partir de hoy, dedicaré
mis próximas colaboraciones a analizar por separado y
con un poco más de detenimiento las que, desde mi modesto
punto de vista, son las necesidades prioritarias del municipio,
así como sus posibles soluciones.
Una de esas necesidades perentorias e inaplazables de los
chimalhuaquenses es, sin lugar a dudas, la pavimentación
de sus calles. El total aproximado de vialidades en todo el
municipio es de 4 mil, de las cuales sólo se ha pavimentado
hasta hoy el 18%, es decir, alrededor de 720 calles, de las
cuales, 200 (24 kilómetros en total), lo fueron desde
la fundación misma del municipio, hasta el año
2000, mientras que 520 calles, con una longitud de 120 km.,
se han pavimentado durante las dos últimas administraciones,
particularmente en esta última. Dicho en otras palabras,
en tan sólo 6 años, se pavimentó una superficie
seis veces mayor que la superficie pavimentada en toda la historia
del municipio, promediando 87 calles por año. Resulta,
por tanto, más que evidente la superioridad que han demostrado
las administraciones antorchistas en el manejo eficiente y limpio
de los recursos dedicados a este importante renglón de
los servicios básicos, que hacen digna y decorosa la
vida de los ciudadanos de Chimalhuacán.
Sin embargo, la terca realidad nos grita que faltan todavía
3,280 calles, más las que se acumulen, por pavimentar,
o sea, el 82 % de toda la ciudad. No resulta casual, entonces,
que el presidente municipal electo, Marco Antonio Lázaro
Cano, tan sólo durante su campaña electoral, haya
firmado actas compromiso, cuyo original obra en poder de los
vecinos, para pavimentar varios cientos de calles más.
Al respecto, el gobierno del estado tiene programado el encementado
de 68 calles, con recursos del PAGIM (Programa de Apoyo para
el Gasto de Inversión de los Municipios), de las cuales,
varias, no se han iniciado y ninguna se ha concluido todavía.
También suspendidas se encuentran pavimentaciones estratégicas,
que se financian con recursos del GIS (Gasto de Inversión
Sectorial), como son la Ave. Venustiano Carranza, la terminación
de Corregidora, hasta conectarla con la Av. Peñón,
que es también clave, pues por ahí se puede descongestionar
mucho el tráfico en la cabecera municipal; algo similar
sucede con la Ave. La Paz, que se ubica en el corazón
del municipio, cuya pavimentación se suspendió
desde el año pasado; y no puede dejarse de lado la suspensión,
que ya dura dos años, de la construcción y asfaltado
del segundo cuerpo de la Ave. del Peñón.
Pues bien, si a todo esto le agregamos la necesidad de construir
por lo menos dos distribuidores viales, varios puentes vehiculares,
un circuito periférico, etc., absolutamente indispensables
ya en este momento, llegaremos a la conclusión de que
el reto en materia de pavimentación de calles, es grandísimo.
Por lo tanto, sólo fortaleciendo y movilizando de una
manera enérgica a todas las expresiones políticas,
sociales y religiosas de Chimalhuacán, del brazo con
su Ayuntamiento y con su Diputado Federal, podremos acometer
con éxito esta tarea.