Hace unos cuantos días se anunció que la Presidencia de la República había decidido cancelar el desfile conmemorativo del Aniversario de la Revolución Mexicana dizque porque “ya no correspondía al espíritu de los tiempos”. La verdad, a mucha gente no le quedó claro por qué, ya que no se aportó ningún argumento que enriqueciera y probara tan contundentes razones, pero estoy absolutamente convencido de que, con desfile o sin él, la Revolución Mexicana seguirá siendo tan importante como que es la explicación del México moderno.
Gracias a la Revolución Mexicana “la propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional, corresponde originariamente a la nación”, con lo cual el petróleo y otros importantes recursos naturales han podido ser extraídos, transformados y vendidos a bajo precio, a pesar de todo, a los inversionistas, los cuales se han beneficiado inmensamente. ¿Qué hubiera sido de nuestros empresarios si hubieran seguido estrangulados por las petroleras extranjeras? No importa aquí que la expropiación no haya tenido lugar sino hasta 1938, sin el régimen surgido de la revolución, jamás hubiera podido ser.
Gracias a la Revolución Mexicana la clase obrera pudo tener condiciones para vivir y sobrevivir, para convertirse en una clase obrera fuerte, sana y productiva. ¿Qué hubiera sido de nuestros inversionistas con un régimen en el que era la fuerza, el más inmediato y mezquino interés, el que determinaba la política de explotación y conservación de la fuerza de trabajo? ¿Qué hubiera sido de la producción y la productividad sin una jornada laboral, sin una protección de la salud del trabajador, ¿Qué hubiera sido de la estabilidad social? ¿Cuánto hubiera durado? ¿Cómo se hubiera construido un México moderno, capitalista, sin una Ley Federal del Trabajo?
Gracias a la Revolución Mexicana la secular inquietud campesina por la tierra, pudo encontrar una salida que permitiera llevar e impulsar el desarrollo del capitalismo en el campo. Si no se les hubiera mediatizado a los campesinos más radicalizados y necesitados con tierras de mala calidad, si no se les hubieran otorgado esperanzas siempre a futuro poniendo “sus derechos a salvo”, existiría la producción capitalista, aún tan débil e incompetente como la tenemos? Lo dudo mucho.
Gracias a la Revolución Mexicana, el pueblo se educó, gracias a la educación pública, laica y gratuita, ha existido, no sólo la instrucción indispensable para empujar el aparato productivo, sino la unidad nacional indispensable para que existan la paz y la armonía indispensable para elevar constantemente la producción.
Gracias a la Revolución Mexicana la economía de mercado ha llegado hasta donde ha llegado, gracias a la Revolución Mexicana se produjo y reprodujo la clase empresarial que no existía en México, ¿por qué entonces denostar a la primera revolución social del siglo XX, por qué agraviarla disminuyendo su festejo con argumentos deleznables y llevársela a la banqueta de Los Pinos? Porque todo lo bello y aprovechable que tuvo para las clases altas y refinadas, provino, como si dijéramos, de un pecado original, tuvo su origen y sustento en una prosaica insurrección popular. He ahí la razón última de empezar a mandar al cajón de los tiliches viejos a la conmemoración de la Revolución Mexicana, he ahí por qué tuvo que ser en los estertores del sexenio y después de las elecciones, he ahí por qué tuvo que apresurarse ante la cercanía de un Primero de Diciembre con mayúsculas, que sería como andar mentando la soga en la casa del ahorcado. Pero, con desfile o sin desfile, el pueblo recuerda y recordará su historia, conoce y seguirá conociendo sus gestas y está y seguirá estando orgulloso de ellas. Y si no, al tiempo.