¿Recuerda usted la novela de Ray Bradbury que luego
fue una película de éxito, en la cual militares
de un futuro supuesto se dedicaban a cazar bibliotecas y quemarlas?
Pues nos está alcanzando el futuro. En Querétaro,
la cuna de la Constitución, se está armando un
feroz equipo de censores de la cultura que, de acuerdo a sus
intereses y amparados en el poder gubernamental, se dedican
a prohibir espectáculos culturales calificándolos
de inapropiados para la ciudadanía.
Tal sucedió, por segunda ocasión, el sábado
pasado, precisamente en la céntrica Plaza de la Constitución
cuando un grupo de jóvenes artistas presentaban unos
bailables, unas canciones y unas poesías, de repente
hizo su aparición un sujeto que responde al nombre de
Jesús Mier Barbosa y que funge como secretario de gobernación
municipal y, al mando de cerca de 50 policías uniformados
y seis patrullas, exigió fulminantemente que el acto
se suspendiera porque, dijo, la autoridad ha dispuesto que lo
que vean los queretanos “sean actos culturales de esparcimiento”.
Los eventos culturales que han organizado con base en su trabajo
y su talento admirable los jóvenes que pertenecen a la
Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios Rafael
Ramírez (FNERRR), con motivo de la solidaridad que quieren
brindarle a la Maestra Cristina Rosas Illescas, quien está
injustamente presa por el gobierno de Francisco Garrido Patrón,
en el Penal de San José El Alto, han reunido a cientos
de queretanos quienes, haciendo honor a su educación
y delicadeza, los han disfrutado y los han aplaudido generosamente.
Ello ha molestado a la autoridad quien está convencida
que sólo sus mensajes, sus anuncios y espectaculares
pagados son lo que debe conocer la ciudadanía.
“El caso particular –dijo Jesús Mier Barbosa
al día siguiente de los hechos en una entrevista radiofónica
con la periodista Malena Hernández- reside en que Antorcha
Campesina solicitó permiso para llevar a cabo un evento
cultural, no siendo así, más bien un foro para
denunciar la situación política y algunas irregularidades
en contra de la organización”. Al respecto es conveniente
decir, en primer lugar, que “denunciar la situación
política”, no es un delito, todo lo contrario,
es un derecho expresamente reconocido por la Constitución
firmada en Querétaro el 5 de febrero de 1917. Así
de que, al afirmar eso como justificación de su conducta
represiva, Mier Barbosa, no hace más que confesar paladina
y públicamente que está violando la ley.
En segundo lugar, cabe recordar que, puesto que la política
es la actividad humana por excelencia y que, por tanto, todos
hacemos política consciente o inconscientemente, no existe
ninguna obra humana que no esté impregnada hasta el tuétano
de política. ¿No es la Ilíada una obra
política? ¿No lo es El Quijote? ¿No lo
es la Última Cena de Leonardo Da Vinci? ¿No es
una obra política el propio Himno Nacional Mexicano?
No hay, pues, manera, de expulsar a la política de la
vida y de las creaciones del hombre. A menos que de lo que se
trate sea que sólo unos, los privilegiados de la tierra,
sean a quienes se permita hacer política y difundirla.
En fin, ahora, en Querétaro, los fenerianos y los antorchistas,
ya no sólo hablaremos por los pobres que necesitan un
lote, agua potable o drenaje, no sólo gritaremos la injusticia
que se hace a nuestra heroína Cristina Rosas, hablaremos
y lucharemos denodadamente a nombre de todos los creadores y
artistas amantes de la libertad que en el mundo han sido y seguirán
siendo.
Cito ahora las proféticas palabras de Heinrich Heine
(a quién también se le hubiera tratado de expulsar
por la fuerza de la plaza céntrica de Querétaro)
en su tragedia Almansor: “Sólo fue un preludio.
Allí donde se queman libros, se queman finalmente personas”.
En efecto, allí donde se reprime al saber y a la cultura,
se acaba en santas inquisiciones. ¡Cuidado con los panistas
gobernando!