MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Competividad y muerte


Omar Carreón Abud
Dirigente del Movimiento Antorchista en el Distrito Federal
2 de noviembre de 2007

            Como mucha gente se enteró, el martes 23 frente a las costas de Tabasco, cuando una plataforma marítima al servicio de Pemex se encontraba realizando trabajos de interconexión para perforar un pozo petrolero, colisionó con otra plataforma más pequeña, rompió el llamado “árbol de válvulas” y ocasionó una importante fuga de gas y petróleo. El encontronazo entre las plataformas Usumacinta y Kab-101, localizadas a 32 kilómetros mar adentro del puerto tabasqueño de Dos Bocas, se debió a una fuerte marejada con olas de hasta ocho metros y a fuertes vientos de hasta 130 kilómetros por hora que azotaban la zona de la llamada Sonda de Campeche.

            Como consecuencia de la fuga de gas y petróleo crudo, misma que dadas las condiciones climáticas no pudo ser controlada y podía provocar fuego, los obreros que en ese momento se encontraban a bordo de la plataforma, ya sea en turno de descanso o laborando, tuvieron que abandonarla y echarse al mar. Lo hicieron en dos pequeñas embarcaciones de seguridad, selladas, con motor, timón y localizador satelital que se han dado a conocer en la prensa como “mandarinas” en las que caben 40 personas en cada una de ellas. Se embarcaron, pues, 81 trabajadores. No obstante, como pronto se supo del accidente y de la suerte de los trabajadores, intervinieron algunos barcos y durante algunos intentos de rescate cinco marinos también cayeron al mar. Las “mandarinas no resistieron el oleaje, empezaron a hacer agua o se hicieron pedazos, incluso, según declararon rescatistas de la Marina Armada, hasta los chalecos salvavidas que portaban las víctimas eran antiguos y de mala calidad y no cumplían con las normas internacionales de seguridad. Total: de 86 personas, 63 fueron rescatadas con vida, 22 se sabe que murieron y uno se consideraba todavía hasta el martes 30 como desaparecido.

            El hecho no es fatal ni se debe principalmente a las condiciones climáticas. No conviene engañarse. Esta muerte de obreros se suma a muchas otras, en particular, se añade en la época reciente a la tragedia de la mina de Pasta de Conchos en la que murieron cerca de 600 mineros. Los accidentes laborales, las desgracias de los obreros han ocupado los principales titulares de los medios de comunicación y, aunque no son nuevas, sí se han convertido desgraciadamente en un fenómeno de actualidad. ¿Cómo explicarse que habiendo avances científicos y tecnológicos verdaderamente asombrosos que pueden utilizarse para su protección, los obreros sigan perdiendo la vida en la mina, en el mar o en la fábrica como si estuviéramos en el siglo XIX?

            Se explica por la voracidad del capital para obtener ganancias. En este caso, los trabajadores que laboraban en la plataforma eran en su mayoría trabajadores de empresas privadas que hacen contratos de prestación de servicios con Pemex. En este tipo de empresas se violan flagrantemente los derechos laborales, se firman contratos individuales de trabajo, se afilia a los trabajadores a sindicatos blancos, se les niega el reparto de utilidades, no se contabiliza su antigüedad y como servicio médico en período laboral sólo se les otorgan los primeros auxilios.

            A esto hay que añadir que en la plataforma Usumacinta, como en otras de la Sonda de Campeche, no se suspendieron las labores ordinarias ni se tomaron medidas preventivas ante la amenaza del temporal y téngase en cuenta que los servicios climatológicos permiten conocer hasta con varios días de anticipación este tipo de fenómenos tal como sucedió hace poco con el huracán Dean cuando sí se desalojaron las plataformas con toda oportunidad. No hubo, pues, ni prevención suspendiendo las labores, ni condiciones mínimas de seguridad para abandonar la plataforma porque los equipos para ello eran inservibles. Todo ello es así porque implica gastos que ocasionan reducción de las ganancias.

            Y todavía, como burla sangrienta, en una reunión celebrada el lunes 29 en Monterrey, los señores empresarios declaraban que “México no puede darse el lujo de postergar un minuto más el incremento en su competitividad”, o sea, abaratar las mercancías que producen, lo cual se sintetiza en su reclamo a llevar a cabo lo que llaman “reformas estructurales”, en el centro y meollo de las cuales se encuentra la reforma laboral, es decir, abaratar la fuerza de trabajo por la vía de reducir los derechos de los trabajadores para minimizar su capacidad de negociación frente al capital. En el capitalismo, como vemos, no hay alternativa, más competitividad, significa para los hombres de negocios, más ganancias, para los obreros, más muertes.


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