MOVIMIENTO ANTORCHISTA



El informe: la forma y el fondo


Omar Carreón Abud
Dirigente antorchista en el Distrito Federal
6 de septiembre de 2007

Numerosos actores políticos y medios de comunicación festinaron que se haya acabado el show en el que se envolvía hasta ahora el Informe Presidencial, celebraron que ya no haya más “Día del Presidente”, “Día de la Adulación”, “Besamanos” y otras ceremonias de antigua data porque ya no corresponden, según dijeron, con nuestra moderna democracia. Encomiaron, en cambio, que el Presidente de la República se haya limitado a entregar en el Congreso de la Unión un documento en el que se refiere el estado que guarda la administración pública, haya pronunciado unas cuantas palabras y se haya retirado.

Puede ser que las ceremonias mencionadas se hayan terminado. No me atrevería a asegurarlo, tanto porque bien puede ser que en el futuro algún Presidente con suficiente apoyo en el Congreso de la Unión las renueve y las repita, como por el hecho de que nadie le puede impedir, como nadie le impidió al Presidente Felipe Calderón, concentrar funcionarios públicos y apoyadores en el Palacio Nacional y dirigirse a la opinión pública en cadena nacional. Eso en cuanto a las ceremonias, los ritos y demás eventos que han llegado a catalogarse como de corte más bien monárquico.

Pero lo que si no se termina y al contrario cobra nuevos formas y bríos, es el espectáculo montado por la clase política para distraer al pueblo trabajador de sus verdaderos problemas. ¿En qué se habría de cambiar, en qué se cambió el destino de los mexicanos que viven de su salario porque no se pronunció un discurso presidencial en el Congreso de la Unión? En nada ¿En que se hubieran beneficiado los que no tienen trabajo, vivienda, salud y educación de calidad para sus hijos, si el discurso sí se hubiera pronunciado? En nada.

De donde se desprende que lo más que podemos aceptar es que un espectáculo, se haya sustituido por otro espectáculo igual o más demagógico y manipulador. Los diputados, los senadores debatían ardientemente un día sí y otro también si entraba el presidente a la Cámara de Diputados, si entregaba su informe en la parte baja, media o alta de la tribuna, si hablaba mucho o poco, si se le respondía el mensaje y por quién, como si de todas esas minucias, de todas esas formas dependiera el destino histórico de los mexicanos. En mi modesta opinión todos esos debates, todas esas negociaciones no eran más que humo a los ojos para ocultar la esencia, lo fundamental de lo que realmente está pasando.

¿Y qué es? ¿En qué consiste? Consiste en que, por un lado, se están fraguando acuerdos entre los principales actores y beneficiarios de la partidocracia para fortalecer el dominio de esa misma partidocracia. Reforzamiento del control y de la obtención de beneficios debería de llamarse lo que públicamente se conoce como Reforma Electoral. En el proyecto de transformación se discuten aspectos que pueden perjudicar a uno u otro partido, pero nada más; siempre se parte de la premisa nunca demostrada de que ya están todos los que son y son todos los que están, nunca, en ningún momento se propone y considera la posibilidad de abrir más las puertas para que más ciudadanos, más representativos ocupen puestos públicos, al contrario, todo son restricciones y obstáculos que sólo ellos, los viejos miembros del estado y la oligarquía, tienen la capacidad de superar.

Consiste, por otro lado, en que mientras el público contempla el espectáculo mediático acerca de si se informa o no se informa y cómo se informa, se fraguan, también, convenios para descargar el peso de los nuevos impuestos de la Reforma Fiscal sobre los que menos tienen. Todos, tirios y troyanos, están de acuerdo en que la carga a los empresarios inicialmente propuesta como Contribución Empresarial a Tasa Única (CETU), sea reducida a su mínima expresión para no dañar aunque sea infinitesimalmente las utilidades de los patrones y, están de acuerdo, por el contrario, en fijar impuestos a la gasolina (hasta de 32 centavos por litro) y al diesel, impuestos que golpearán más aún a la economía de las clases pobres porque, como siempre sucede, los industriales que consumen esos combustibles y que verán incrementados los costos de producción de sus mercancías, aumentarán se precio de venta; los transportistas de las mercancías que verán aumentados sus costos de operación, aumentarán a su vez, los precios de sus servicios y los transportistas de personas, aumentarán el precio de los pasajes. Los únicos que no podrán aumentar el precio de las mercancías que venden son los que venden fuerza de trabajo, los trabajadores asalariados, esos se quedarán como siempre, más pobres y más marginados. Esa es la realidad que se esconde tras los alegatos y desfiguros en torno a las formas del Informe Presidencial.


"Si requiere mayor información sobre nuestras actividades no dude en contactarnos", "Visite nuestra seccion de Articulos para mayor información"

 

INICIO | DIRECTORIO | ARTICULOS | EVENTOS | PUBLICACIONES | COMUNICADOS | CONFERENCIAS
FOTOGALERIAS
| ESPARTAQUEADAS | AVISO LEGAL | MAPA DEL SITIO
Powered By:
webdesign.net.mx
Movimiento Antorchista de México - Copyright © 2000 -
antorcha@antorchacampesina.org.mx