Me han parecido muy interesantes las declaraciones
que hizo al periódico La Jornada el pasado lunes 8 de
octubre el economista James K. Galbraith quien, además
de tener méritos propios, es hijo del famoso John Kenneth
Galbraith. Según se informó en el texto de la
entrevista realizada por Roberto González Amador, James
K. Galbraith es también profesor de la Universidad de
Texas en Austin y presidente de la organización Economistas
por la Paz y experto en la economía y las crisis de Estados
Unidos.
....James K. Galbraith hizo varios
pronunciamientos que me parecieron destacados, entre ellos,
dio a conocer lo siguiente: “En los años 90 los
altos ingresos virtualmente estaban concentrados en cuatro pequeños
condados: tres estaban en Silicon Valley, y el otro en Seattle
(la sede de Microsoft); era asombroso. Si se eliminaban esos
cuatro condados, no había mejora en los ingresos. Es
un fenómeno de ultraconcentración”. Galbraith
también añadió que “es posible que
haya una crisis social en Estados Unidos. Puede volverse una
crisis social muy seria. Vamos a ver más gente sin hogar
y mayor número de quiebras bancarias”.
....Me permito comentar para quien
se interese, que ambos fenómenos están íntimamente
relacionados: la concentración del capital que Galbraith
llega a denominar con razón “ultraconcentración”
y la gente sin hogar, la pobreza. Los capitales se concentran
porque crece enormemente la acumulación y la acumulación
crece porque crecen las ganancias de los empresarios que se
incrementan, a su vez, por el aumento de la productividad del
trabajo que es consecuencia de la maquinización y, finalmente,
la maquinización echa a los obreros a la calle. La pobreza
es, pues, consecuencia de la concentración del capital,
no sólo por un fenómeno de “despojo”,
sino porque ambas son propias del sistema de producción
capitalista.
....“La posibilidad de que
el círculo de poder en Washington –dijo también
Galbraith- emprenda otra aventura militar, quizá en Irán,
es una pregunta abierta”. Comento que yo lo entiendo no
sólo como una necesidad de que las empresas ligadas a
la industria militar que han tenido un crecimiento asombroso
en los últimos años sigan beneficiándose,
ni sólo como una necesidad de recursos naturales estratégicos,
sino como una cuestión mucho más básica
y elemental de sobrevivencia del sistema capitalista norteamericano
y mundial en su conjunto.
....En efecto, en la época
actual la producción de riqueza en forma de mercancías
ha crecido como nunca en la historia de la humanidad. Sólo
que esa riqueza, para ser aprovechada por los capitalistas necesita
convertirse en dinero, es decir, las mercancías necesitan
indefectiblemente ser vendidas. Pero resulta que los consumidores
locales de los países imperialistas están sin
dinero suficiente para comprarlas y, hasta ahora, los capitalistas
han venido subsistiendo por la vía de ampliar los mercados,
de ahí el impulso que ha tenido en los últimos
años el liberalismo económico, o sea, la promoción
de transacciones mundiales libres de trabas. Sólo que
los mercados mundiales se están agotando y, para colmo,
han aparecido en el escenario competidores descomunales como
la India, Rusia que se recupera a pasos agigantados y China.
....Puede parecer increíble,
pero más que algunos contratos ventajosos para las empresas
ligadas a la industria militar, más, incluso que recursos
naturales que tienen la posibilidad de ser sustituidos por otros
nuevos, el imperialismo tiene urgencia de compradores, de mercados
y, estos, ya no pueden crearse artificialmente: o hay quien
tenga dinero para adquirir o no lo hay. Los mercados mundiales
son finitos y se están ocupando. Es en esas condiciones
en las que puede explicarse sobradamente la posibilidad de una
crisis económica y, consecuentemente, de una crisis social
en Estados Unidos y en el resto del mundo capitalista y, es
en esas condiciones, en las que puede preverse válidamente
la posibilidad de una nueva guerra, esta vez, de dimensiones
mundiales, ya no sólo por los recursos, sino por los
mercados. Esas son, las implicaciones de las importantes declaraciones
de James K. Galbraith.