Tanto revuelo que se ha armado por la Reforma
fiscal y hace unos cuantos días a los lectores asiduos
de periódicos nos cayó un balde de agua fría.
Decía la nota: si no hay reforma fiscal, este año
creceremos 3.5 por ciento; si la hay, creceremos 3.7 por ciento
¡Dos miserables décimas de diferencia! Eso, sin
precisar si ese diminuto crecimiento va a significar una mejoría,
aunque también sea insignificante, para las grandes masas
de pobres o, simplemente, significará un aumento de los
sueldos de los políticos y de las ganancias de los empresarios.
....Los problemas del país
difícilmente se pueden exagerar. Casi para donde se voltee
la cara existe un problema grave. Aparte de la pobreza lacerante
que en resumidas cuentas significa la pérdida casi total
de la capacidad productiva y creativa del 70 por ciento de los
mexicanos, existen rezagos –por usar un término
analgésico- en todos los terrenos. Aquí la energía
eléctrica se va cada rato sin que nadie responda por
los daños, aquí las carreteras están hechas
garras y todavía se pagan las tarifas más altas
del mundo por transitarlas, aquí se gastan los ingresos
por petróleo en gasto corriente y no se le invierte a
la industria líder del país, aquí, en atención
al espacio que se acaba, todo se transparenta menos las ganancias
de los empresarios multimillonarios.
....Aquí, pues, hacen falta
urgentemente, gastos inmensos por parte del estado para acabar
la pobreza que nos agobia y que queda plenamente exhibida con
las recientes tragedias que afectan a cientos de miles de mexicanos
que sucumben ante los embates de la naturaleza y, hacen falta,
también, inmensos gastos en la modernización y
efectividad de la infraestructura. ¿Y cómo se
enfrentan esas dificultades? Con una reforma fiscal que, como
lo confiesan las fuentes oficiales, en el mejor de los casos
nos llevaría a crecer un 3.7 por ciento en este año
y, en todo el sexenio de Felipe Calderón, a un promedio
de 3 por ciento anual.
....Ya está dicho: mientras
que en otros países se recauda un promedio de 35 por
ciento del Producto Interno Bruto, en México la recaudación
ronda apenas el 11 por ciento, sin ponerse a considerar que
existen países cuyas recaudaciones alcanzan hasta el
50 por ciento de su Producto Interno Bruto. Aquí los
empresarios se reservan para sí sus fabulosas ganancias
y cuando, con una medida extremadamente tímida como lo
ha sido la propuesta de la Contribución Empresarial a
Tasa Única (CETU), se les quiere hacer contribuir un
poco más, ponen el grito en el cielo.
....Dicen que las comparaciones
son odiosas, no obstante son, asimismo, un método del
conocimiento científico. Gracias al apoyo de un buen
amigo mío, tengo a mi alcance algunas estadísticas
que nos pueden ilustrar acerca de nuestra verdadera condición.
Veamos. El gasto público per cápita en Venezuela
es de 2 mil 56 dólares, mientras que el de nuestro país
es de mil 805 dólares, una diferencia de 251 dólares
por persona. No obstante, la diferencia se hace mucho mayor
si tomamos en cuenta que la deuda pública a cuyo pago
se asignan cuantiosos recursos es, conservadoramente, cuatro
veces mayor en nuestro país que en Venezuela.
....Solamente con gastos fuertes,
enérgicos por parte del estado se pueden superar los
rezagos, sólo así se puede pagar la deuda histórica
con el pueblo pobre de México que todos los gobernantes
aceptan y reconocen pero que ninguno paga. Sólo así
se pueden emprender, como en Venezuela, programas como la llamada
“Operación sonrisa”, programa mediante el
cual se le arreglarán los dientes a todos los venezolanos.
Mientras aquí se siga implorando la contribución
de los hombres de negocios y estos se sigan negando, seguiremos
sin esperanza.
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