El sábado pasado en la población de Apapantilla, perteneciente al municipio serrano de Jalpan, en el estado de Puebla, en plena luz del día y ante numerosos testigos, César Olarte Fajardo asesinó a sangre fría a Antonio Amador Jerónimo quien en el momento de su muerte era militante activo del Movimiento Antorchista. El homicida fue el candidato del PRI a la presidencia municipal en las elecciones que se celebraron el domingo y es hijo de Humberto Corsino Olarte Romero quien a su vez actualmente funge como presidente municipal, lo cual es a no dudarlo una prueba contundente de las sólidas influencias de que ambos gozan en las altas esferas del gobierno estatal. Cuatro días antes, el martes 6, en el mismo estado de Puebla, mediante una insólita decisión oficial, había sido puesto en libertad Bartolomé Melchi Santiago, asesino de Máximo de la Cruz Rivera, otro indígena antorchista ultimado violentamente por caciques poderosos de la sierra norte de Puebla.
No habían terminado de publicarse las declaraciones de protesta del ingeniero Juan Manuel Célis Aguirre, Presidente del Comité Estatal del Movimiento Antorchista en el estado de Puebla, por la sospechosa liberación de Bartolomé Melchi Santiago, señalando que la vida de otros antorchistas corría grave peligro, cuando César Olarte Fajardo se sintió con la suficiente seguridad y cobertura para descargar su pistola sobre Antonio Amador Jerónimo y dejarlo tendido a la puerta de su propia casa. ¿Existe una relación de causa a efecto entre ambos hechos? ¿Puede alguien negar que la impunidad es el mejor estímulo para los criminales? ¿Quién garantiza que las matanzas de la Unión Campesina Independiente (UCI) en Huitzílan de Serdán no se van a reactivar?
En la liberación de Bartolomé Melchi tiene responsabilidad no sólo la Procuraduría de Justicia del Estado de Puebla, que es quien debiera representar a la parte agraviada, y el juez que emite una sentencia fácilmente vulnerable, que pierden el caso propiciando que el asesino obtenga un amparo de la justicia federal, sino todos los personajes que sin más ni más, sin ninguna razón ni fundamento, han convertido a Bartolomé Melchi Santiago en un “activista muy importante” y han chalaneado para obtener su libertad. “Trascendió –informó la Jornada de Oriente- que a favor de Bartolomé Melchi Santiago intervino personalmente Rosario Ibarra de Piedra... además, también hicieron gestiones a favor del dirigente (?) Aurelia Lozano y Marcela Nolasco de la Secretaría de Derechos Humanos del CEN del PRD”. No cabe duda pues, a confesión de parte, relevo de prueba, la libertad de Bartolomé Melchi Santiago es una libertad tramada en las altas esferas del PRD y el gobierno del estado.
Hubo en este caso, incluso, maniobras diversionistas para cubrir la retirada del asesino. Algunos de sus antesaleros fueron comisionados para “cuestionar” la liberación de Melchi Santiago de manera que Antorcha Campesina, la organización a la que siempre perteneció Don Máximo de la Cruz Rivera, resultara enlodada. “Debemos tener más información de cómo se dio esta liberación para poder opinar con conocimiento de causa sobre el tema –dijo el jueves 8 Fernando Cuéllar Muñoz del Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Humanos Joel Arriaga Navarro, otro membrete del PRD- pero lo que sí puedo decir es que el comportamiento de Antorcha Campesina es bastante sospechoso, se esperaría que esa organización estuviera ya en la calle protestando por la liberación, pero no ha sido así, lo que me hace especular que pudo haber una negociación con el gobierno”.
Si bien es cierto que quedarse callado ante un atropello de tal naturaleza puede indicar que existe una negociación vergonzosa, más cierto es todavía que salir a declarar casi inmediatamente, enterarse de los primeros, aún antes de la noticia periodística que apareció el jueves 8 tal como lo informó La Jornada de Oriente (“Fernando Cuéllar reveló que pudo hacer contacto con Bartolomé Melchi vía telefónica el pasado miércoles”), puede ser una buena pista para descubrir una complicidad. Aquí lo que hay que discutir no es porque Antorcha Campesina no salió a la calle a protestar al día siguiente de la liberación de Melchi Santiago, sino cómo le hizo Fernando Cuéllar para enterarse tan pronto de una medida tan sigilosamente tomada.
Ocupo este espacio para manifestar ante la opinión pública mi más enérgica protesta por la liberación de Bartolomé Melchi Santiago, para señalar, asimismo, que con esa decisión se ha causado una gran zozobra y se ha colocado en grave peligro a cientos de familias que trabajan y viven pacíficamente y, también, para adelantar que en el caso nada remoto de que se reanuden los crímenes de antorchistas y sus dirigentes en la zona de Huitzílan de Serdán, ello será de la exclusiva responsabilidad, tanto de quienes abierta y públicamente hicieron y hacen la apología de un homicida, como de quienes lo pusieron en la calle.
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