Por si alguien no los conocía, o no sabía cuál era su ocupación más sentida y mejor desempeñada, ahora los damos a conocer. Todavía no sepultaban sus familiares los cuerpos de los dos infortunados albañiles que fueron muertos por un chimeco, el sábado 17 de febrero, cuando ya el Secretario del Transporte del estado de México, el señor Fernando Maldonado Hernández, había tenido tiempo de concentrar en su persona la acusación del caso, el juicio, que por lo visto, fue sumarísimo, y la promulgación de la sentencia en contra de -¡Sorpresa!- Antorcha Campesina.
No le importaron al funcionario las pruebas fehacientes, incontrovertibles y contundentes del pésimo servicio que presta en Chimalhuacán y sus alrededores la línea que encabeza Jesús Soria Quezada, no le bastaron los heridos, los lisiados y la cadena de muertes engarzada en un cortísimo tiempo, pues el señor sentenció que “la organización priista Antorcha Campesina se encuentra detrás de las manifestaciones de vecinos”, refiriéndose mentirosamente a las violentas muestras de irritación social que explotaron con estos últimos atropellamientos en concurrida avenida del municipio.
Pensé que con las promesas que ya habían hecho funcionarios públicos del gobierno del estado de México, a quienes hasta ahora les concedo seriedad en sus planteamientos, el tema de los chimecos habría de encauzarse por la vía de la concertación y el diálogo con las autoridades del municipio de Chimalhuacán, que el gobierno del estado llevaría a cabo y prestaría servicios para mejorar el servicio y la vialidad en general y que, asimismo, se abocaría a exigir a los permisionarios que tomaran medidas drásticas que redundaran en un mejor servicio para la ciudadanía. No fue así. Al menos, no del todo.
Mientras supuestamente se negociaba (porque todavía falta constatar si se cumple lo pactado), arreció la embestida oficial en contra de Antorcha Campesina. Ahora, usando la viejísima treta de mandar hablar, de exponer a segundones que aparenten coincidir espontáneamente para cubrir la retirada y la responsabilidad de los más altos funcionarios, como es el caso de Fernando Maldonado Hernández, quien, seguramente llegó a la conclusión de que apareció muy pronto y muy abiertamente en los medios de comunicación, que no ocultó, pues, su simpatía por los poderosos camioneros.
Ahora salieron a la palestra, el dirigente del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en el municipio de Chimalhuacán, David González Magaña, y un par de sujetos que formaron su coro de voces, los diputados del Partido del Trabajo (PT), Sergio Velarde González y Joel Cruz Canseco, quienes, bien instruidos y orientados por la línea trazada días antes por Fernando Maldonado, Secretario de Transporte del estado de México, repitieron, ce por be, sin disimular ni siquiera un poco, los mismos argumentos mendaces ya esgrimidos por el funcionario público para cubrir la responsabilidad de la línea “Chimalhuacán, Aviación Civil y Colonias del Vaso de Texcoco”, mejor conocida como autobuses chimecos.
Los tres, al unísono, como Maldonado Hernández en su momento, sostuvieron que la responsabilidad recae sobre Antorcha Campesina porque esta organización quiere tener autobuses, “apoderarse del servicio”, dijeron, y ya encarrerados, añadieron por su cuenta y riesgo que varios dirigentes antorchistas, entre ellos, el expresidente municipal, Miguel Ángel Casique Pérez, deben ser encarcelados por ser “autores intelectuales” de la quema de camiones. Para completar el cuadro –no faltaba más- declaró a la prensa en el mismo sentido, Jesús Soria Quezada, dirigente de los chimecos y, ese sí, autor intelectual de las fechorías cometidas por los chimecos.
Nadie debe caer en el engaño. Se trata, evidentemente, de una maniobra publicitaria para ocultar las responsabilidades de la línea de transportes y de los funcionarios que, durante muchos años, han sido complacientes y obsequiosos con ella. Aclaro, para personas sinceramente interesadas en hacerse claridad, que Antorcha Campesina no ha presentado nunca ni una sola solicitud de transporte colectivo para hacer competencia a los chimecos, mienten, por tanto, Jesús Soria y sus gozquecillos. Nótese, pues, que los declarantes oficiosos no tuvieron palabras duras en contra de quienes cobran por un servicio pésimo y matan a transeúntes humildes, no arremetieron en contra de los funcionarios venales que permiten todas esas arbitrariedades, no, la emprendieron en contra de quienes se atreven a encabezar las protestas ciudadanas y exigen justicia. Reprimen al pueblo organizado. Por eso, ahora, para quien todavía no los conozca ni tenga conciencia de sus triquiñuelas, los damos a conocer con nombre y apellido, para que el pueblo sepa bien quienes son sus defensores y quienes hablan a nombre de los chimecos asesinos y los funcionarios que les sirven.