MOVIMIENTO ANTORCHISTA



ISSSTE:
Existen dos soluciones


Omar Carreón Abud
Dirigente del Movimiento Antorchista en el Distrito Federal
28 de marzo de 2007

            Mucho revuelo y comentarios ha levantado la reforma del ISSSTE que, para cuando se publiquen estas líneas, ya habrá sido aprobada en su totalidad y, quizá, hasta promulgada. Muy rápido ha sido el proceso de transformación del régimen de pensiones del instituto que protege la salud, algunas de las prestaciones y el retiro digno de los servidores del estado mexicano. Veloz, sobre todo, si comparamos los plazos de la reforma con otras discusiones y acuerdos que han tardado mucho más, lo cual significa, a mi entender, que los intereses de la mayoría de los señores y señoras representantes populares, coincidieron casi al unísono. Conviene, pues, que ante la magnitud de la reforma y de sus consecuencias, los trabajadores del estado, y los trabajadores en general, tengan claridad acerca de lo que ha pasado y cómo impacta e impactará a sus vidas la tan mentada reforma del ISSSTE. Veamos.
            En nuestro México, existe una realidad inmensa, notoria, descaradamente visible que, sin embargo, se calla todo lo que se puede o de plano se niega con todo lo que se tiene. Me refiero a la grave, escandalosa y profunda diferencia en el reparto de la riqueza social. Nadie en su sano juicio debiera atreverse a negar que en nuestra patria existe una inmensa mayoría de ciudadanos que vive o, más bien, que sobrevive, con un ingreso menor al equivalente a dos dólares diarios, es decir, que “resuelve” sus problemas de alimento, de vivienda, de vestido, de salud y de educación con menos de 23 pesos diarios. ¡Un milagro! Y que existe, por otra parte, una diminuta minoría de ciudadanos, entre los cuales se encuentran quienes califican entre los hombres más ricos del planeta, que concentran en pocas familias y manos, fortunas inmensas, inconmensurables e inimaginables. Se calla, se niega o se minimiza, pero esa realidad existe, ahí está y le otorga sus características esenciales a nuestro México moderno.
            Pues bien, ante un problema tan grave como el que presenta el ISSSTE, no se puede soslayar ni hacer a un lado esa realidad. Pero, vayamos por partes. ¿En qué consiste ese grave problema del ISSSTE? Consiste en que cada vez son más los trabajadores que se jubilan y, por tanto, tienen derecho a una pensión y, el ISSSTE, o sea, el gobierno, no tiene suficientes recursos para pagar esas pensiones. Cuando un trabajador va haciendo antigüedad en un empleo, la empresa o, en este caso, el gobierno que lo emplea, va adquiriendo una deuda que tarde o temprano tiene que saldar con ese trabajador y que consiste en aportar los fondos necesarios para su indemnización, retiro o jubilación, por eso se dice que la empresa o el gobierno, acumula un pasivo. Pues bien, en las circunstancias actuales el pasivo del gobierno para con quienes le han servido toda su vida, es un gasto muy grande que cada vez se hace más grande y que es muy difícil de enfrentar.
            ¿Cuál fue la solución que le hallaron nuestros representantes populares a ese grave problema? ¿Cuál la que tanto beneplácito causó en las altas esferas del poder ejecutivo? La de reducir paulatinamente las aportaciones del estado y dejar caer la carga de su jubilación sobre las espaldas del trabajador mismo. La reforma al ISSSTE es la nueva edición de las AFORES con las que se aliviaron los pasivos de las empresas privadas con sus trabajadores. En efecto, de ahora en adelante, primero, cada trabajador tendrá que ir ahorrando, tendrá que apartar una parte de su ya raquítico salario para que, llegado el momento de su jubilación, disponga de ese ahorro de muchos años y –valga la expresión- se pueda autojubilar. Pero, segundo, hay más, esos fondos, como los de las AFORES, que van a llegar a ser cuantiosísimos, van a ser administrados por organismos que los van a manejar -“jinetear” dice la sabiduría del pueblo- mientras no llega el día de la jubilación del trabajador. Y, tercera característica que tiene la reforma, la pensión de la que disfrutará el trabajador cuando se jubile, será más pequeña de lo que es actualmente, hay quienes la calculan en la mitad de su salario base y hasta la tercera parte de su salario integrado. En resumidas cuentas: menos gastos del estado y, consecuentemente, menos ingresos para los trabajadores. Una vida más dura.
            Ahora bien, hay todo un coro de voces que sostienen que la medida era indispensable, que el régimen de pensiones y las finanzas publicas ya no soportaban más, y eso es cierto, pero –y aquí viene lo que me interesa decir- no era estrictamente necesario que, ante la falta de recursos por parte del estado, fuera el trabajador mismo el que los aportara, no era la única opción. Hay otra que poco o nada se menciona: gravar las grandes ganancias de las grandes fortunas para que el estado disponga de más recursos para enfrentar sus compromisos sociales, medida que no se ha querido tomar a pesar de que bien se sabe que los grandes empresarios pagan cantidades ridículas de impuestos si se comparan con sus formidables utilidades. De acuerdo con lo dicho al inicio de estas líneas, el recurso extra necesario podría hacer salido de los que menos tienen o de los que tienen de sobra; nuestros gobernantes prefirieron arrancárselos a quienes casi no tienen nada. Un nuevo golpe a las clases populares.


 


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