Ayer, 29 de agosto, se cumplieron
dos años de la entrada del huracán Katrina a Nueva
Orleans y todavía no se ha construido un sistema de diques
que impida que se repitan las inundaciones que causó
el meteoro, más de 160 mil residentes cuyas casas y bienes
resultaron afectados ya nunca regresaron, barrios enteros están
en ruinas y existen miles de lotes baldíos en los que
la gente vive amontonada en remolques. El abandono total para
la gente pobre.
....El Presidente George W. Bush
dijo: “Cuando las comunidades sean reconstruidas deberán
ser mejores y más fuertes que antes de la tormenta”.
No obstante, sus declaraciones se volvieron humo. Incluso el
programa principal de ayuda a propietarios de viviendas dañadas
que supuestamente ascendía a 8 mil millones de dólares
está en quiebra y, según algunos analistas, podría
tener un déficit de hasta 4 mil millones de dólares.
Los políticos locales involucrados, por su parte, o están
acusados de corrupción, o ya buscan otros puestos donde
colocarse y se han olvidado de sus ardientes promesas en favor
de los cientos de miles de damnificados.
....¿En qué se parece
Nueva Orleans a Huitzilan, el pequeño pueblecillo de
la sierra norte de Puebla habitado mayoritariamente por indígenas?
Se parece en que se reproduce lo que sucede en la gran ciudad
norteamericana casi punto por punto. En octubre de 2005, dos
meses después de que Katrina azotara Nueva Orleans, Huitzilan
y muchos otros pueblos pobres de la sierra norte de Puebla,
fueron azotados por Stan, otro huracán de proporciones
devastadores y los habitantes más pobres de Huitzilan,
que en este caso vienen a ser los más pobres de los pobres,
sufrieron estragos incalculables en sus miserables bienes, en
su salud y en sus vidas que todavía, dos años
después, no han sido reparados. Se parece también
en que en los momentos inmediatos a la desgracia, los políticos
federales y estatales se llenaron la boca y aparecieron en los
noticieros y periódicos prometiendo el oro y el moro,
ofreciendo de inmediato ayudas decisivas y augurando una vida
mejor para todos y, se parece, en que como en Estados Unidos,
las promesas se las llevó el viento.
....En octubre de 2005, ante el
embate de Stan, en Huitzilan se perdieron, entre otros activos
que en este espacio sería imposible inventariar, 167
viviendas, de las cuales 88 quedaron registradas como pérdida
total y 79 como pérdida parcial, viviendas que hasta
al momento de escribir estas líneas no han sido reparadas
a pesar de todas las promesas y compromisos. ¿Cómo
ha logrado sobrevivir todo este tiempo la gente afectada? De
milagro. Stan se llevó, además, el puente sobre
el río Ateno que es parte indispensable de la ruta más
corta entre Huitzilan y Zacapoaxtla; cabe aquí aclarar
que el puente existente desde hace casi veinte años bien
podría llamarse provisional pues tiene 20 metros en lugar
de cien y se sostiene con un relleno que desaparece cada vez
que hay una creciente del río.
....Ahora con el huracán
Dean los daños se multiplicaron. A todo lo que no se
había hecho a pesar de decenas de solicitudes, gestiones
y comisiones de los indígenas, hay que añadir
la nueva destrucción. Ahora las casas destruidas total
o parcialmente ya son 225, ahora volvió a desaparecer
el relleno del puente sobre el río Ateno y no hay paso,
hay 3 comunidades incomunicadas y seis sistemas de agua potable
destrozados, hay derrumbes que cortan caminos, hay muros de
contención rotos, las calles están hechas pedazos,
las aulas de las escuelas están agrietadas, más
todo lo que no detallo por razones de espacio.
....Así como Huitzilan es
el reflejo fiel de Nueva Orleans, es también el reflejo
fiel de cientos de miles de comunidades destrozadas por Stan,
por Wilma, por Dean y por otros huracanes que han hecho que
aflore la gran pobreza, el gran abandono en el que viven muchos
millones de mexicanos. Los huracanes han puesto de manifiesto
la demagogia, la simulación permanente en la que se sostienen
nuestros gobernantes quienes, o han sido incapaces, o no querido
en absoluto resolver las ingentes, graves, escandalosas carencias
en las que se debate la inmensa mayoría de los mexicanos.