MOVIMIENTO ANTORCHISTA



Salomón Herrera Buendía
y  el gobierno del Estado de México



Omar Carreón Abud
Dirigente antorchista en el Distrito Federal
13 de marzo de 2008

El 18 de agosto del año 2000 el país y el mundo entero se estremecieron con las imágenes y la información de una matanza brutal perpetrada a sangre fría en Chimalhuacán. Comandos identificados con un moño blanco a la altura del bíceps en formación militar envolvente y apuntando armas de fuego a hombres y mujeres inermes, así como enmascarados armados con rifles de alto poder y parapetados en la azotea del palacio municipal, ocuparon las notas principales de los noticieros de televisión y las primeras páginas de los más importantes diarios de circulación nacional. El saldo de la monstruosa agresión fue comparable a los resultados de un ataque en zona de guerra: 10 muertos y 87 heridos de bala.
            No hay manera de exagerar los hechos. Cualquier descripción de ellos quedará pálida ante la impactante realidad de esas horas en Chimalhuacán. La causa de la masacre fue la ambición de poder por parte de una mujer siniestra que responde al nombre de Guadalupe Buendía y cuyo alias del dominio popular casi la retrata de cuerpo entero: La Loba. Enloquecida por haber perdido el poder municipal que detentó durante muchos años y que le reportó enormes ganancias por el control absoluto del erario (su sobrino era presidente municipal y su marido tesorero), Guadalupe Buendía decidió que no podía permitir el ascenso de un nuevo presidente municipal sin tomar venganza. Cuando una multitud acudía a una verbena popular para celebrar la entrada al palacio municipal del nuevo edil, los sicarios emboscados abrieron fuego indiscriminado contra la gente.
¿Quiénes estuvieron detrás del ataque? Difícil probarlo. No obstante, conviene recordar que durante muchos años importantes políticos del estado de México que aspiraban a puestos públicos desfilaban obsecuentes por la casa de Guadalupe Buendía, alias La Loba, recababan su apoyo y, ya instalados en el poder, la incluían como invitada de honor a numerosos actos oficiales y partidarios. Su poder, sus delitos y, sobre todo, su impunidad, nunca fueron ajenos al poder público en el estado. Cabe añadir que Guadalupe Buendía, alias La Loba, desde siempre, pero más aún en los momentos decisivos de su venganza, contó con la probada simpatía y aliento de destacados miembros del Partido de la Revolución Democrática (PRD), según las declaraciones de los propios involucrados que fueron publicadas unos días después de los hechos por el diario El Universal.
Todo esto cobra ahora una importancia decisiva porque, en primer lugar, se ha sabido que el principal operador de siempre, y en particular de los hechos criminales del 18 de agosto del año 2,000, el hijo de La Loba, Salomón Herrera Buendía, ha obtenido tres amparos que nulifican tres de cuatro órdenes de aprehensión que nunca, durante el transcurso de ocho años en los que ha estado prófugo, han sido ejecutadas. En segundo lugar, porque el sujeto de marras ya festina por adelantado su impunidad enviando correos electrónicos amenazantes dirigidos a la página electrónica del Movimiento Antorchista.
Nadie en su sano juicio puede creer que durante ocho años la autoridad judicial no haya podido aprehender a un delincuente perfectamente identificado y ampliamente conocido. Ahí hay gato encerrado. Nadie, tampoco, puede concebir como apegados a derecho los amparos ganados ante hechos conocidos por el mundo entero en los que perecieron 10 personas y resultaron heridas 87. Ahí hay otro gato encerrado. Nadie puede creer, finalmente, que un simple ciudadano que apenas está queriendo zafarse de unas imputaciones gravísimas, envíe correos amenazantes en los que asegura que va a hacer “que paguen” los compañeros y familiares de sus víctimas. Ahí hay impunidad garantizada.
Nadie, pues, puede creer que apenas se estén enterando en las oficinas del gobierno del estado. Ahí hay complicidades. Efrén Rojas Dávila, ex Secretario de Educación del gobierno del estado de México y actualmente operador político predilecto y, Fernando Maldonado Hernández, Secretario de Transporte, han aceptado haber sostenido reuniones privadas con Salomón Herrera Buendía, el primero de ellos, para mayor precisión, celebró el conciliábulo en el domicilio particular del prófugo. Más aún, se sabe entre importantes sectores perredistas, que ha sido el Diputado Luis Sánchez, sujeto muy cercano al gobierno del estado, el que ha sido comisionado para encargarse de lograr que sea el PRD el que cobije en sus filas a Salomón Herrera Buendía.
No hay ninguna duda, pues, de que la justicia en el estado de México está siendo burlada, no ha habido justicia ni pronta ni expedita para las víctimas, existe una impunidad escandalosa. No hay, tampoco, ninguna duda de que quienes espolean a Salomón Herrera Buendía están poniendo en grave riesgo la integridad física y la vida de mucha gente, sobre todo, de los antorchistas y sus dirigentes principales. En consecuencia, hago un llamado público al gobierno del estado de México para que de inmediato se ejecute la orden de aprehensión en contra de Salomón Herrera y se ponga punto final a sus desplantes criminales. Caso de no ser así y que las víctimas sufran nuevas agresiones, los responsables serán evidentemente los encargados de la impartición de justicia en el estado de México, en particular, el titular del ejecutivo, Enrique Peña Nieto.


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