Porque no cumple sus compromisos el Gobierno del Distrito Federal.
Los antorchistas de la capital de la República se han visto obligados a recurrir nuevamente al derecho constitucional a la protesta pública porque sus gobernantes les prometen y no les cumplen, porque los funcionarios del GDF consideran que la gente pobre y sencilla puede ser fácilmente burlada. Para cualquiera que tenga ojos para ver y oídos para oír, el comportamiento de los señores del poder en el DF hacia sus gobernados más modestos, contrasta claramente con la actitud obsecuente que exhiben con sus socios que aprovechan el zócalo histórico de la ciudad de México para hacerse publicidad. Las marchas se hacen, pues, como respuesta legal y legítima al nulo respeto que les merecen a los funcionarios del GDF los habitantes más necesitados de la ciudad.
Hemos denunciado ya por varios medios a nuestro alcance que los antorchistas del DF tenemos una minuta de compromisos firmada por Alejandro Encinas Rodríguez desde el año 2005 y que lo escrito en ella se ha convertido en letra muerta. Hemos insistido reiteradamente en que se cumpla con la realización de obras y la prestación de servicios mínimos, algunos de los cuales ni siquiera significan ninguna erogación por parte del GDF, sin que hasta ahora se nos haya prestado atención. En reiteradas ocasiones, ya demasiadas, se nos ha repetido que los compromisos se van a cumplir, no obstante, el reconocimiento de los compromisos firmados y la reiterada declaración de que habrán de cumplirse, se ha convertido en los hechos, en una nueva forma de engañar y contener a los peticionarios.
El desprecio continuado de los gobiernos perredistas hacia la gente modesta de la ciudad cobra ahora nuevos bríos. Ahora ya no se trata solamente de que no se cumplen en general los compromisos contraídos, sino que las obligaciones contraídas en particular para ir avanzando en la solución de los rezagos, no se cumplen ni siquiera en forma mínima. En efecto, el pasado 24 de enero, los representantes de los capitalinos organizados en el Movimiento Antorchista tuvieron una entrevista con el Secretario de Gobierno, el licenciado José Ángel Ávila, en esa reunión se convinieron algunos pasos mínimos para cumplimentar las promesas incumplidas. Ninguno de los insignificantes acuerdos parciales se cumplió. No se cumplió ni siquiera una nueva reunión que el funcionario mencionado ofreció para un mes después, para el 25 de febrero, con el fin, según lo expresó en su momento, de “evaluar los avances de los acordado y convenir nuevas acciones”, pues, José Ángel Ávila ya no se presentó a la nueva reunión, sólo lo hicieron funcionarios menores que ante los justificados reclamos de los representantes de los antorchistas ofrecieron “celebrar otras mesas de diálogo”.
En consecuencia, los capitalinos sin vivienda siguen esperando que se construyan dos unidades habitacionales y que se les vendan a crédito modestos departamentos pues el Antropólogo Gustavo Cabrera, Subdirector del Instituto de la Vivienda, no ha recibido instrucciones para proporcionar una fecha de inicio y una de término de las mencionadas construcciones, sólo entrega, a manera de cronograma, un lapso de tiempo “en general” que bien podría iniciar en 50 años y terminar en 50 años y 200 días más. La Dirección de Gobierno a cargo del licenciado Héctor Antuñano, por su parte, no responde acerca de la venta de un terreno en Iztapalapa cuya solicitud data de 10 años y todo lo que atina a decir es que durante el último mes transcurrido se dedicó a recabar información sobre el predio en cuestión y que su meritorio trabajo debe apreciarse porque ya llenó con papeles un fólder completo. Finalmente, y para no prolongar innecesariamente la lista de maniobras, esta misma Dirección de Gobierno niega una entrevista con los directivos de la policía auxiliar para tratar abusos sobre policías en activo, según argumenta, “porque la ley lo prohíbe”.
Creo que con lo dicho hasta aquí, cualquier persona de buena fe quedará plenamente informada de por qué se llevan a cabo estas marchas que inician el 27 de febrero en el Distrito Federal y, si no simpatiza plenamente con los ciudadanos sencillos atropellados por poderosos funcionarios, por lo menos, comprenderá sus razones. Los antorchistas de la ciudad de México no aspiramos a más.
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