A pesar
de que el presidente Vicente Fox Quezada, desesperado por el
descrédito en que ha caído su administración,
ha insistido, apoyándose en las cifras del INEGI, que
el país ha superado los niveles de pobreza, la realidad
es que otras cifras oficiales desmiente categóricamente
el pretendido mejoramiento de la situación económica
de la población mexicana.
Los medios masivos de comunicación,
a través de diferentes cifras- muy cercanas entre sí-
informa que se han perdido en México más de medio
millón de empleos en lo que va del sexenio y, si agregamos
que cada año se necesitan 250, 000 empleos más
para los jóvenes que entran en edad productiva o que
termina de estudiar, vemos como las cifras son aún mayores,
pues si algo ha venido creciendo son las tazas de desempleo
abierto. Este problema, si bien es cierto, no se podría
achacar sólo al sexenio foxista, ya que en realidad es
un problema heredado de las administraciones pasadas; sin embargo,
lo que también es cierto es que dichos fenómenos
se han venido agravando, por lo que, en toda caso, solamente
podríamos decir que, en la presente administración,
poco se hizo para remediarlo.
Dentro de este difícil
panorama, el desempleo se ha convertido en uno de los males
más terribles, pues no sólo condena a los mexicanos
ha aceptar trabajos mal retribuidos, sin ninguna prestación
que los proteja de los problemas diarios. Esta situación
repercute fundamentalmente en los profesionistas; en forma específica
se cierne sobre los egresados de Universidades públicas.
No obstante, este flagelo, que avanza rápidamente, ha
llegado a los profesionistas con experiencia y con talento,
aquellos que ha laborado por años en empresas, las cuales,
por diversas causas, cierran, mandando a muchos de ellos a las
calles.
El desempleo es el punto
de partido de muchos males contemporáneos; por ejemplo,
empuja a mucha gente a cometer delitos de todo tipo, incluidos
los más violentos, que afectan a la población
en general. No es extraño, por tanto, que los índices
de criminalidad hayan recibido a todas las policías,
tal y como han declarado funcionarios de la Secretaría
de Seguridad Pública. En otros casos, el desempleo lleva
a la gente a tomar la determinación de abandonar nuestra
patria para buscar mejoras condiciones de vida, y, en el peor
de los casos, ha orillado al crecimiento de los suicidios.
Ahora bien: ¿Cuáles
son las explicaciones que se dan para desentrañar las
causas del desempleo? Para muchos economistas este problema
es causado por desajustes temporales en la economía mundial,
de tal manera que esta situación se acabará en
un tiempo perentorio: una vez que se hayan terminado las crisis
el desempleo disminuirá a su máxima expresión.
Otros más dicen que el desempleo se debe a políticas
equivocadas aplicadas por los diferentes gobiernos y, muchos
casos, a la incapacidad de los burócratas que tiene que
instrumentar las acciones económicas en relación
a las inversiones productivas, mismas que tienen que ver con
el empleo. Sin desechar todas las hipótesis, mi modesta
opinión me remite a otro punto.
Este problema, cuya naturaleza
ha sido estudiada y determinada por los economistas clásicos,
es la consecuencia natural y lógica de un sistema económico
cuyo objetivo principal es la consecución del lucro,
del enriquecimiento de unos cuantos. Por todo esos, el desempleo
es una factor necesario que permite a los patrones y a los dueños
de la fabrica contar con un grupo grande de desempleados(o “ejercito
laboral de reserva”, como le llamó Carlos Marx)
que, a su vez genera competencia entre los obreros para alcanzar
los puestos de trabajo. Con esta situación, además
de mantener la división del sector obrero, se logra la
aceptación de cualquier exigencia por dura que ésta
sea. Resumiendo, en un mercado capitalista como el nuestro,
donde reina la anarquía y el caos productivo, y no pueda
ordenarse la producción ni el consumo, donde se desperdicia
mucho esfuerzo y se somete al pueblo a la explotación
más atroz, la carencia de empleo es un fenómeno
recurrente.
Por lo tanto, no hay que
especular mucho en este aspecto, pues el desempleo que afecta
a los trabajadores, solamente tendrá remedio cuando la
economía sirva no para riqueza a unos cuantos, sino para
resolver las necesidades de la totalidad de la humanidad y,
sobre todo, de los trabajadores. Por ello, en lugar de pensar
en un gobierno “milagroso”, debemos pensar en cómo
crear las condiciones para un sistema económico, social
y político que permita reenfocar a esos objetos.