Hace algunos días la prensa poblana consignó la información
relativa al Programa de Pre-Liberación de indígenas
que cumplen condenas en diversas cárceles; más
tarde fueron liberados “con bombo y platillo”.
Desgraciadamente no todo es miel sobre hojuelas. Muy por el
contrario, el gobierno de Puebla ha cometido un grave error
que puede costar vidas humanas, porque entre los liberados están
peligrosos asesinos que responden a los nombres de José,
Rogelio y Sebastián Santiago Antonio, (a) “Los
Toritos” y sus sobrinos, que por gracia de la autoridad
judicial del estado e influyentes de la federación, gozan
hoy de libertad y de inmediato han vuelto a lanzarse sobre sus
víctimas, a quienes amenazaron desde la prisión
con asesinar una vez que salieran. Ya el rumor corre por las
veredas y goteras de Huitzilan; ya hay quien los ha visto cubiertos
con pasamontañas, entre la oscuridad de la noche, cargando
poderosos fusiles –que ni siquiera la policía tiene
permiso de portar- enviando señales inequívocas
de su existencia a las imperturbables autoridades estatales,
que esperan que haya hechos “para actuar”, es decir,
que esperan que asesinen antorchistas, para entonces enviar
patrullas por carretera, que nunca darán con los criminales
que se mueven por los cerros y barrancas; para mandar “expertos
ministerios públicos” que perfeccionarán
la telaraña para cubrir la retirada y la permanencia
de los chacales y concluirán felizmente que los asesinos
de los antorchistas son los propios antorchistas, “que
se trata de un ajuste de cuentas”, etc., etc.
Los gatilleros, sus amos y padrinos políticos festejarán
su triunfo, y se ocuparán de pregonar ante la prensa,
que todo es culpa de la intransigencia antorchista y continuarán
con su embestida.
La Opinión Pública debe saber quienes son “los
héroes” perdonados mediante esta maniobra oficial.
Debe conocer a los criminales recientemente liberados, pues
seguramente las mentes sanas no se explicarán cómo
multihomicidas gozan de libertad y permiso para continuar con
su tarea de muerte. Sólo veamos algunos ejemplos de “sus
hazañas de guerra”, que no son otra cosa que viles
asesinatos a sangre fría, cuyas víctimas han sido
antorchistas de Huitzilan:
• 16/03/83 José y Sebastián Santiago Antonio
asesinaron en San Miguel del Progreso a Francisco Bonilla Bonilla.
• Asesinan a José Hernández Gobierno y Salvador
Hernández Gobierno
• Homicidio de José Ángel Martín
al cual, además, le roban su dinero.
• Asesinato de Antonio de Gaona Taltzintan, José
Tino Chino y Antonio Santiago.
• Homicidio de Luis Galindo Gregorio, Alberto y Aurelio
Ayance de Gante, éstos últimos hermanos del señor
Carlos Ayance de Gante, líder antorchista, víctima
de amenazas y a punto de ser asesinado por esta banda de sicarios.
• Asesinato de Mariano Moreno y Camilo Peralta Hidalgo.
• Asesinan a Francisco Galindo Ramos, quien fuera regidor
de gobernación en 1984 (averiguación previa 22/987).
• Homicidio de Francisco Hernández Sosa.
¿Quién los impulsó y apoyó para
su liberación?, ¿sabrán las autoridades
judiciales y políticas del peligro generado con esta
acción? Seguramente que saben. Las autoridades conocían,
y conocen, perfectamente la gravísima situación,
de tal manera que la medida adoptada no lleva el sentido de
ayudar a la pacificación y tranquilidad del pueblo huitzilteco;
al contrario, es una medida de guerra contra los antorchistas
y un agravio a las víctimas de estos cobardes homicidas,
hoy en libertad.
La Opinión Pública debe tener claro que de aquí
en adelante una nueva agresión contra los líderes
huitziltecos agrupados mayoritariamente en el Movimiento Antorchista,
será de absoluta responsabilidad de las autoridades judiciales
y políticas de Puebla, por haber liberado a sanguinarios
chacales, que jamás se han arrepentido de sus monstruosidades,
menos ahora, que el gobierno les renovó la licencia para
matar. Que conste.