Mucho vuelo
propagandístico se da al día del indígena;
se habla éste o aquél evento encabezado por tal
o cual funcionario; de muchos millones de pesos invertidos,
según se dice, en obra pública en las diferentes
regiones del estado. Todo eso nos dibuja un cuadro de pleno
progreso. Pero ese Hidalgo de fantasía que nos pintan,
no logro reconocerlo; choca con la realidad que vemos todos
los días. Veo un Hidalgo donde duele la pobreza, donde
se llora el dolor de tanta marginación y miseria en que
están sumidas la inmensa mayoría de las comunidades
indígenas.
Esa contradicción
flagrante entre discurso gubernamental y realidad, entre promesas
de campaña y hechos de gobierno, ha creado un alto nivel
de incredulidad social. La gente no sólo no cree en promesas
de campaña: tampoco en la palabra de funcionarios en
activo. Y este peligroso escepticismo no es producto de ninguna
campaña de desprestigio de grupo u organización
alguna, sino que ha sido ganado a pulso por los funcionarios
en turno con sus propios hechos, y es síntoma inequívoco
de que todos los discursos festejando fechas como la señalada
caen en el vacío, en un estado de ánimo de completa
indiferencia, cansados de escuchar casi siempre lo mismo, con
los mismos resultados. Una cosa se pregona en el discurso oficial,
y otra, muy distinta, se hace.
Por eso estoy absolutamente
segura de que los hidalguenses que forman parte de las filas
del Movimiento Antorchista no son los únicos que sufren
la prepotencia de los funcionarios, su insensibilidad y desatención
a problemas ancestrales. Segura estoy de que no somos los únicos
ciudadanos a quienes se han hecho promesas y firmado compromisos
para luego, olímpicamente, incumplirlos. Funcionarios
van, funcionarios vienen y las comunidades indígenas
y colonias populares siguen igual, escuchando siempre, por décadas,
la misma letanía: “no hay recursos” ni para
caminos, ni para clínicas, ni para agua, ni luz, ni escuelas,
ni vivienda, para nada.
Y cuando la población,
cansada de tanta humillación y burla a su pobreza y marginación,
se decide a organizarse para exigir colectivamente atención
y solución, entonces se les recrimina por hacer uso de
ese derecho constitucional; se les descalifica llamándolos
revoltosos, tanto a ellos como a sus dirigentes y a su organización.
Y por añadidura, se les acusa de “causar daño
a terceros”, por ocupar un lugar en el espacio en calles
y plazas públicas para elevar su protesta, como si se
pudiera marchar volando y gritar en silencio. En silencio han
permanecido toda su vida y no han avanzado, pero hoy quieren
progreso y desarrollo, aunque para ello tengan que insistir
una y otra vez para ser escuchados y atendidos.
Por eso los antorchistas,
que nos encontramos en plantón en la Plaza Juárez,
continuaremos allí esperando diálogo y solución.
Seguiremos insistiendo en ser escuchados por el señor
gobernador del estado y que los compromisos sean cumplidos;
para ello, el próximo 15 de agosto, fecha en que el plantón
cumple 40 días, los antorchistas de todo el estado realizaremos
una gran jornada de lucha: realizaremos de manera simultánea
40 plantones en municipios como Huejutla, Tlanchinol, Molango,
Tepehuacán de Guerrero, Jaltocán, Pisaflores,
Chapulhuacán, Xochiatipan, La Misión, Jacala,
Mixquiahuala, Progreso de Obregón, Chilcuautla, Francisco
I. Madero, Ajacuba, Pachuca, Zempoala, Santiago Tulantepec,
Tulancingo, Huehuetla y San Bartolo Tutotepec, entre otros,
y en varias dependencias estatales, buscando los canales para
que se atiendan todas y cada una de las demandas comprometidas
por el gobierno estatal y por los diferentes presidentes municipales,
que como buenos discípulos siguen el ejemplo de quienes
laboran en el 2º. piso de palacio de gobierno. Es obligación
del estado la atender las demandas del pueblo, pero se niegan
a ello y a todo diálogo. Ahora, cabe preguntarse, después
de cancelado el diálogo y la negociación, ¿qué
sigue? ¿La represión?