MOVIMIENTO ANTORCHISTA


A 400 años,
sigue cabalgando Don Quijote

Héctor Enciso Carrillo
Dirigente antorchista en Colima

07 de octubre de 2005

El pasado 29 de septiembre el Movimiento Antorchista Nacional celebró los 400 años de haberse publicado por primera vez la máxima obra, no sólo de la literatura española, sino de la literatura mundial, El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha.

Con gran emoción escuché la conferencia dictada en la ciudad de México por el ingeniero Aquiles Córdova Morán, dirigente nacional de todos los que pertenecemos al movimiento. Y es que a los concurrentes a esta magnífica exposición sobre el “Caballero de la triste figura” y sobre la vigencia del contenido de la gran novela de Miguel de Cervantes Saavedra –en su inmensa mayoría no pertenecientes a la organización-, periodistas, trabajadores del magisterio e intelectuales progresistas de diversos estados, etc., resultó muy gratificante y sobre todo, amigo lector, muy ilustrativa y conmovedora la explicación de Córdova Morán.

Sería muy largo de explicar a detalle el contenido de la conferencia, por lo que me conformo en tratar de dar a través de esta modesta colaboración y con mis limitaciones personales tan sólo, tal vez, una pálida imagen sobre el contenido esencial del planteamiento del expositor.

La novela de Cervantes es vigente porque El Quijote fue una crítica demoledora de la sociedad de su tiempo, de sus instituciones, de su gran injusticia y de falta de equidad, sobre todo para las clases trabajadoras, para los parias de la sociedad capitalista que nacía en Europa en aquellos años de finales del siglo XVI y comienzos del XVII.

Cervantes criticó al poder eclesiástico manipulador de las conciencias y uno de los principales acaparadores de la riqueza social de su época; criticó la profunda división de la sociedad en clases sociales, criticó al poder de la aristocracia y el absolutismo de los monarcas.

Pero su crítica no se quedó en la actitud contemplativa y acomodaticia de los que desde su gabinete interpretan al mundo sin mover un sólo dedo para transformarlo; no, por el contrario, Don Quijote de La Mancha desde que se decidió a salir a recorrer España “... él pensaba que hacía en el mundo su tardanza, según eran los agravios que él pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar y abusos que mejorar, y deudas que satisfacer”.

Cervantes, por supuesto, insufló en el héroe de su novela, imbuido por las ideas renacentistas, por las luchas del luteranismo y el humanismo de los Países Bajos (Erasmo de Rotterdam), la actitud revolucionaria, la posición del demócrata consecuente y radical que defiende la causa de los pobres de la tierra, de los desposeídos y vejados por la desigualdad y la arbitrariedad de los dueños del poder, de la riqueza y del dinero.

Como los grandes personajes del Renacimiento, Don Quijote era un hombre no sólo de grandes ideales, era un hombre de acción: “hombre de la pluma y la espada”, como definió F. Engels a los grandes renacentistas. La misma vida de Miguel de Cervantes Saavedra también, como es ya de suyo conocido, fue una vida de héroe que combatió como los más valientes, incluso su sobrenombre de El manco de Lepanto se debe a que perdió una mano en la famosa batalla contra los turcos en 1571.

Muchos que se dicen “quijotistas” porque creen ser seguidores de los ideales de Don Quijote se equivocan de medio medio, pues jamás han entendido la esencia revolucionaria del personaje de Cervantes. Y ahí está el meollo del asunto: el contenido de la obra de El manco de Lepanto, sigue vigente pues al igual que en su época ahora, en nuestra época, existen grandes injusticias sociales, abismales diferencias en la distribución de la riqueza social.

Los desheredados del mundo, los proletarios, creadores de la riqueza que disfrutan los grandes potentados del globo terráqueo, sufren injusticias, atropellos; sufren el infierno de la pobreza extrema, del desempleo, de la insalubridad y enfermedades por falta de atención sanitaria y de servicios; sufren por falta de educación y verdadera cultura, sufren el engaño y la manipulación de de los poderosos medios de comunicación que, además de lo que representa el agobiante trabajo deshumanizador que no permite a los trabajadores disfrutar y tener satisfacción por su trabajo (no se vive para trabajar, sino que se trabaja para poder vivir), todavía le llenan la mente a esos miles de millones de parias en el mundo de enajenantes espectáculos donde se endiosa a esa sociedad, tratándola de colocar como la quintaesencia de la “justicia”, la “democracia” y “la libertad”.

Estoy profundamente convencido por el planteamiento de Aquiles Córdova que Don Quijote de La Mancha sigue cabalgando, pero ahora encarnado en el proletariado moderno.

 


 

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