No es sólo el gran desamparo en el que se encuentran
decenas de miles de damnificados lo que más le duele
a la clase trabajadora norteamericana y a la opinión
pública mundial. No, amigo lector: lo que está
causando gran indignación en el pueblo pobre de los EEUU
y en el mundo entero es la gran indiferencia que tuvo el gobierno
que encabeza George W. Bush antes, durante y después
de que el huracán Katrina embistiera con la brutalidad
de su categoría 4 e inundara miles de casas, ahogara
a cientos, tal vez -como ahora ya empiezan a reconocer los funcionarios
estatales y federales de Norteamérica- miles personas
y dejara una destrucción que se calcula conservadoramente
en más de 100 mil millones de dólares.
¿Error de cálculo de Bush y de sus funcionarios
de primer nivel o la expresión descarnada, cínica
de un gobierno y un sistema social racista e inhumano al que
no le interesan las vidas de miles de ciudadanos tan sólo
por ser de la clase trabajadora y en su mayoría de raza
negra?
No. Definitivamente no se trata de hacer leña del árbol
caído, simplemente que en las grandes tragedias sociales
se evidencia con mayor nitidez y claridad el sello de clase
de los responsables de salvaguardar la vida y mantener la seguridad
de la población. Por ejemplo, ahora, a la luz de las
terribles secuelas del poderoso meteoro que devastó tres
estados sureños de los EEUU, se sabe que hace unos meses
George W. Bush desestimó la alerta que le dieron científicos
de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA por sus
siglas en inglés) para que precisamente en el estado
de Luisiana se aplicara un programa importante para mejorar
la protección de la ciudad de Nueva Orleáns ante
posibles huracanes; un proyecto para levantar los diques y represas
en la boca del río Mississipi, esto para para impedir
tragedias.
La elevación de los gastos de la infame guerra contra
Iraq fueron el argumento para no aprobar el proyecto sugerido
por los científicos y Nueva Orleáns se inundó
sin que decenas de miles de personas pudieran resistir el embate
brutal de la naturaleza enbravecida.
El proyecto costaría al gobierno federal de EEUU 14
mil millones de dólares, apenas una duodécima
parte de lo que invierten en la invasión de Iraq anualmente.
Pero Bush sabía que en los estados sureños que
sufrieron el desastre natural la mayoría de la población
es de la más pobre de ese país; sabía que
el 80% de la población es afroamericana y, por tanto,
no tenemos duda, poco le importaron esos ciudadanos a un gobierno
que representa a la clase capitalista más rapaz del planeta.
Pero no sólo fue el presidente norteamericano, como
ahora quieren presentarnos los medios de comunicación
masiva, sobre todo los eléctrónicos, quien se
evidenció como insensible e inhumano; también
la clase poderosa de ese país se mostró torpe,
ambiciosa y nunca mostrando el menor rasgo de humanitarismo.
Resulta que el país más poderoso de la tierra
no pudo evacuar a miles de ciudadanos teniendo grandes recursos
para hacerlo; las líneas aéreas suspendieron sus
vuelos un día antes de la entrada del huracan; nunca
llegaron aviones militares, Nunca la compañias de autobuses
prestaron un sólo autobús para trasladar a gente
pobre. Los que salieron de la zona de mayor peligro fueron las
familias más adineradas, en cambio, los ancianos, los
niños pobres, los enfermos, los minusválidos no
pudieron hacerlo pues no representan nada en las ganacias de
las compañías de autotranspartaciónn aérea
o terrestre.
Y esto ocurrió en la región de EEUU que produce
el 20% del gas y petróleo del país. En medio de
la superabundancia, producida por la clase trabajadora, florece
la miseria y a los potentados del dinero les importó
un bledo el futuro mortal y de terrible desgracia de miles de
familias.
No, no cabe duda alguna, amable lector: la sociedad norteamericana
que tanto ha sido exaltada como modelo de “democracia”
y como la sociedad “más libre y llena de oportunidades
para cualquier persona” por sus panegiristas convencidos
o comprados, no es capaz de brindar seguridad a sus ciudadanos.
Y en esto es inevitable contrastar la vileza de la sociedad
basada en el lucro y la ganancia por encima de todo, incluso
de la vida y salud del pueblo, con la sociedad cubana, que ha
sido desde hace 20 años modelo de atención a la
población en este tipo de desastres.
Cuba, país bloqueado comercialmente por los EEUU por
más de 40 años, tiene el gran mérito de
haber evacuado en muchas ocasiones a su población sin
contar con grandes recursos de transporte y con carreteras en
malas condiciones, con escasez de combustible y sobre todo sin
tanta riqueza acumulada en pocas manos.
En 2001, por ejemplo, el gobierno y la sociedad cubanos evacuaron
a 700 mil habitantes ante la llegada del poderoso meteoro Michelle
y la población se salvo de la muerte. Claro, en Cuba
no impera, afortunadamente, como eje fundamental de la sociedad,
la ganancia por encima de los seres humanos.