MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Katrina: la ganancia
por encima de la vida humana

Héctor Enciso Carrillo
Dirigente antorchista en Colima

08 de septiembre de 2005


No es sólo el gran desamparo en el que se encuentran decenas de miles de damnificados lo que más le duele a la clase trabajadora norteamericana y a la opinión pública mundial. No, amigo lector: lo que está causando gran indignación en el pueblo pobre de los EEUU y en el mundo entero es la gran indiferencia que tuvo el gobierno que encabeza George W. Bush antes, durante y después de que el huracán Katrina embistiera con la brutalidad de su categoría 4 e inundara miles de casas, ahogara a cientos, tal vez -como ahora ya empiezan a reconocer los funcionarios estatales y federales de Norteamérica- miles personas y dejara una destrucción que se calcula conservadoramente en más de 100 mil millones de dólares.

¿Error de cálculo de Bush y de sus funcionarios de primer nivel o la expresión descarnada, cínica de un gobierno y un sistema social racista e inhumano al que no le interesan las vidas de miles de ciudadanos tan sólo por ser de la clase trabajadora y en su mayoría de raza negra?

No. Definitivamente no se trata de hacer leña del árbol caído, simplemente que en las grandes tragedias sociales se evidencia con mayor nitidez y claridad el sello de clase de los responsables de salvaguardar la vida y mantener la seguridad de la población. Por ejemplo, ahora, a la luz de las terribles secuelas del poderoso meteoro que devastó tres estados sureños de los EEUU, se sabe que hace unos meses George W. Bush desestimó la alerta que le dieron científicos de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA por sus siglas en inglés) para que precisamente en el estado de Luisiana se aplicara un programa importante para mejorar la protección de la ciudad de Nueva Orleáns ante posibles huracanes; un proyecto para levantar los diques y represas en la boca del río Mississipi, esto para para impedir tragedias.

La elevación de los gastos de la infame guerra contra Iraq fueron el argumento para no aprobar el proyecto sugerido por los científicos y Nueva Orleáns se inundó sin que decenas de miles de personas pudieran resistir el embate brutal de la naturaleza enbravecida.

El proyecto costaría al gobierno federal de EEUU 14 mil millones de dólares, apenas una duodécima parte de lo que invierten en la invasión de Iraq anualmente. Pero Bush sabía que en los estados sureños que sufrieron el desastre natural la mayoría de la población es de la más pobre de ese país; sabía que el 80% de la población es afroamericana y, por tanto, no tenemos duda, poco le importaron esos ciudadanos a un gobierno que representa a la clase capitalista más rapaz del planeta.

Pero no sólo fue el presidente norteamericano, como ahora quieren presentarnos los medios de comunicación masiva, sobre todo los eléctrónicos, quien se evidenció como insensible e inhumano; también la clase poderosa de ese país se mostró torpe, ambiciosa y nunca mostrando el menor rasgo de humanitarismo.

Resulta que el país más poderoso de la tierra no pudo evacuar a miles de ciudadanos teniendo grandes recursos para hacerlo; las líneas aéreas suspendieron sus vuelos un día antes de la entrada del huracan; nunca llegaron aviones militares, Nunca la compañias de autobuses prestaron un sólo autobús para trasladar a gente pobre. Los que salieron de la zona de mayor peligro fueron las familias más adineradas, en cambio, los ancianos, los niños pobres, los enfermos, los minusválidos no pudieron hacerlo pues no representan nada en las ganacias de las compañías de autotranspartaciónn aérea o terrestre.

Y esto ocurrió en la región de EEUU que produce el 20% del gas y petróleo del país. En medio de la superabundancia, producida por la clase trabajadora, florece la miseria y a los potentados del dinero les importó un bledo el futuro mortal y de terrible desgracia de miles de familias.

No, no cabe duda alguna, amable lector: la sociedad norteamericana que tanto ha sido exaltada como modelo de “democracia” y como la sociedad “más libre y llena de oportunidades para cualquier persona” por sus panegiristas convencidos o comprados, no es capaz de brindar seguridad a sus ciudadanos. Y en esto es inevitable contrastar la vileza de la sociedad basada en el lucro y la ganancia por encima de todo, incluso de la vida y salud del pueblo, con la sociedad cubana, que ha sido desde hace 20 años modelo de atención a la población en este tipo de desastres.

Cuba, país bloqueado comercialmente por los EEUU por más de 40 años, tiene el gran mérito de haber evacuado en muchas ocasiones a su población sin contar con grandes recursos de transporte y con carreteras en malas condiciones, con escasez de combustible y sobre todo sin tanta riqueza acumulada en pocas manos.

En 2001, por ejemplo, el gobierno y la sociedad cubanos evacuaron a 700 mil habitantes ante la llegada del poderoso meteoro Michelle y la población se salvo de la muerte. Claro, en Cuba no impera, afortunadamente, como eje fundamental de la sociedad, la ganancia por encima de los seres humanos.


 


 

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