En su doctrina dialéctica sobre el desarrollo de la naturaleza
y la sociedad sostenía el gran filósofo alemán
de finales del siglo XVIII y principios del XIX, Jorge Guillermo
Federico Hegel, que los fenómenos, sean estos naturales
o sociales, parece que se repiten en el desarrollo mismo de la
historia natural o en la historia de la sociedad, pero esta “repetición”
no se hace sobre la misma base y presentando exactamente los mismos
rasgos del fenómeno antecesor, más bien como una
“repetición” sobre bases distintas y con características
nuevas, de tal modo que el fenómeno repetidor, aunque se
parece al predecesor, en realidad se manifiesta con características
superiores en sentido progresista o más nocivas, en sentido
negativo, según sea el caso.
Así, la historia no es como han planteado algunos sociólogos
o teóricos de la historia y la economía, cíclica,
sino es como una espiral donde cada vuelta es regresar al punto
de partida pero sobre bases superiores.
Al leer una nota de la prensa extranjera le confieso, amigo lector,
que el contenido de la misma me recordó esa teoría
de uno de los grandes pensadores de la humanidad. Me refiero a
la noticia de que en las cárceles de EEUU se explota a
los presidiarios como si fueran esclavos y, lo más grave,
que grandes empresas capitalistas, aprovechando las terribles
circunstancias en que viven los reclusos, los someten a una inhumana
depredación.
Las cárceles de la superpotencia concentran ya dos millones
de presidiarios que en su inmensa mayoría son afroamericanos
y latinos, quienes por unos pocos centavos trabajan jornadas extenuantes.
Imagínese, amigo lector: a 25 centavos les pagan la hora
cuando en condiciones normales, es decir en las fábricas,
se les paga a los obreros más de 10 dólares la hora.
Pero lo más grave es que no trabajan voluntariamente: si
algún preso se niega a trabajar lo castigan las autoridades
carcelarias encerrándolo en las celdas de aislamiento.
Indefectiblemente esto nos recuerda los campos de concentración
de la Alemania nazi-fascista, una de las más terribles
pesadillas de la humanidad: la II Guerra Mundial, las atrocidades
del gobierno de Hitler. Ahora se “repite” el fenómeno
pero sobre bases diferentes, con más refinamiento a la
hora de justificar el medrar sobre los que no pueden defenderse
y sufren el castigo de la sociedad que se vio afectada por los
delitos cometidos.
Quiere decir, amigo lector, que la clase poderosa de la superpotencia
mundial aprendió bien de los fascistas alemanes las formas
más eficaces para extraer plusvalía, la ganancia
que engorda inmensamente sus cuantiosas fortunas. Hitler y su
maquinaria de dominación, cuando invadieron Europa, utilizaron
como argumento ante el pueblo alemán -para encerrar, como
lo hicieron, a millones de seres humanos en los campos concentración
y someterlos a trabajos forzados hasta que murieran de cansancio
de trabajar y de malcomer y a los más débiles, a
los que eran una carga como los ancianos, los enfermos y hasta
los niños, los metieron en las cámaras de gas, aniquilándolos
por millones- era necesario exterminar a todas las llamadas razas
humanas no “arias”: los judíos, los gitanos,
los eslavos, etc., para así evitar que la “raza superior”
se contaminara, pues según lo nazis de esa época,
esa raza estaba destinada a dominar el mundo por los siglos de
los siglos.
Y ahora los grandes magnates norteamericanos justifican, con el
apoyo del gobierno de ese país, semejante expoliación
en su provecho apelando al hecho de que a quien se somete a semejantes
atropellos son la “escoria” de la sociedad y que el
trabajo les “ayuda a regenerarse”.
Sin embargo, semejante “humanismo” nada más
es la pantalla que le sirve a los grandes tiburones del dinero
del imperio gringo para lograr una intensificación de la
explotación de la población de su país. Sobre
todo porque otras economías del planeta, como la de China,
les están ganado la carrera en la productividad y en lograr
mayor competitividad en los mercados internacionales.
Esta visión de tan ominosa realidad se refuerza con el
hecho conocido ya de que EEUU tiene el 25% de los presos del mundo
y tan sólo el 5% de la población mundial; en poco
más de 30 años pasaron de 300 mil presos a dos millones:
las cárceles se han venido privatizando en ese país,
pues de cinco cárceles privadas que había hace 10
años ahora hay más de 100 y se calcula que en cinco
años la población de cárceles privadas será
de más de 360 mil reclusos.
Por lo pronto, la industria de la explotación humana en
cárceles es uno de los negocios más lucrativos de
ese país, así lo atestiguan el costoso marketing,
las exhibiciones comerciales, los cuantiosos pedidos vía
Internet, etc., a los productos de esa nueva modalidad de producción,
lo que también constata que los rasgos del nazismo persisten
en nuestros días pero con otro rostro.