MOVIMIENTO ANTORCHISTA

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Una sociedad más totalitaria

Héctor Enciso Carrillo
Dirigente de Antorcha en el Estado de Colima

18 de Agosto de 2005

Al leer los diarios y revistas semanales de contenido político, con creciente preocupación muchos ciudadanos nos damos clara cuenta que la derecha mundial cada día recurre más y más a la mentira y la manipulación mediática para controlar las opiniones y formas de pensar de los habitantes del mundo, siempre con el objetivo de presentarnos como paradigmas de democracia y de sociedad que respeta las libertades del individuo y de los conglomerados humanos al modelo de sociedad norteamericana y de algunas potencias europeas.
Digo lo anterior porque me llamó la atención la nota reciente en algunas publicaciones acerca de cómo el líder de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, Mohamed Atta, estuvo encubierto por los organismos de espionaje e inteligencia del gobierno de los EEUU, desde por lo menos un año antes de que se realizaran los actos de terrorismo que desembocaron en la muerte de miles de personas.
La sospecha no es reciente: unas semanas despues de haberse perpetrado el ataque a las Torres Gemelas ya había fuertes dudas de muchos ciudadanos norteamericanos que cuestionaban cómo era posible que en el páis más vigilado del orbe, en la superpotencia militar y tecnológica, existiese la vulnerabilidad que permitió al terrorismo perpetrar sus actos genocidas y que hubiesen actuado los terroristas con esa facilidad, con tan poca consistencia de los organismos de inteligencia y de protección a la seguridad nacional estadounidense.
La duda es tan fuerte en muchos ciudadanos norteamericanos al grado de que se han a preguntado si los ataques del 11 de septiembre fueron, si no patrocinados o alentados desde las esferas de poder de la superpotencia, por lo menos permitidos, con el claro propósito de tener una poderosa justificación para invadir primero Afganistán y luego realizar la brutal agresión a Iraq.
Grandes dudas también hay sobre la conducta del gobierno que encabeza Tony Blair en Gran Bretaña con motivo de la también sangrienta escalada de atentados terroristas que dejaron un saldo de 56 muertos y más de 700 heridos el pasado 7 de julio en Londres, pues al igual que en los EEUU ahí el Estado britanico, aprovechando el horror y el miedo de la población, ahora no sólo justifica con argumentos de mayor peso la presencia del ejercito britanico en Iraq, mandado ahí para que los grandes potentados de la industria petrolera se apoderen de los yacimientos petroleros -que se consideran, junto con los de Arabia Saudita, los más ricos del orbe-, sino también para endurecer, al igual que lo hizo el gobierno norteamericano después de los atentados de 2001, las leyes antiterroristas que finalmente han servido para ejercer un control y una vigilancia más drásticos sobre la ciudadanía británica misma.
Ahora, por ejemplo, Tony Blair le propondrá en unos cuantos días más al parlamento de su nación la aprobación de nuevas leyes que le dan más poder al Estado británico para encarcelar por más tiempo a los sospechosos de ser terroristas en la fase de lo que en México llamamos, en nuestro sistema judicial y de procuración de justicia, “averiguación previa”.
De aprobarse las enmiendas legales, cualquier ciudadano podrá pasar hasta tres meses encerrado sin haberse probado su culpabilidad, simplemente por “sospechoso” de ser terrorista.
¿Hasta dónde ese terrorismo es una genuina forma de lucha de organizaciones nacionalistas de los países afectados por las agresiones de las naciones imperialistas? ¿Hasta dónde los gobiernos de las superpotencias del globo terráqueo, como EEUU y Gran Bretaña, alientan y les permiten actuar a los terroristas para llevar agua a su molino? Es dificil establecer la verdad sobre este fenómeno. Sin embargo, lo que no es tan dificil de conocer y establecer es lo que se está evidenciando con meridiana claridad: las nefandas consecuencias del terrorismo, que le ha venido como anillo al dedo a los gobernantes de esas superpotencias para justificar un terrorismo mil veces más brutal que el de los combatientes islámicos y depredador en las naciones invadidas y sometidas a una feroz expoliación de sus recursos naturales y que, sobre todo, le está sirviendo a esos gobiernos que se prestan de ser muy democráticos para instrumentar medidas legales y políticas en sus respectivos países y así convertir a esas naciones en sociedades cada vez más totalitarias.
La negación rotunda de la democracia que dicen defender los halcones del imperio norteamericano y del imperio británico; ahora los propios ciudadanos de esas naciones están más vigilados, hay más represión y control y los ciudadanos están más que nunca sujetos a leyes que coartan sus libertades individuales, leyes que le dan más poder a los Estados para encarcelar a los ciudadanos inermes; para meterse cada vez más en su ámbito privado, todo en nombre de la supuesta seguridad de los ciudadanos.
Cada día que pasa se vuelve más real ese totalitarismo propio de las sociedades fascistas que dibujó el escritor británico George Orwell, en su conocida novela 1984, en donde pretendió criticar a las sociedades socialistas porque reducían, según su apreciación, las libertades democráticas de los seres humanos hasta límites intolerables.
Pero, como dicen algunos escritores adocenados, por ironías del destino, es en la sociedad que “triunfó” sobre el socialismo de tipo soviético, la sociedad que ha endiosado el lucro y la desigualdad social quien está instaurando ese totalitarismo orweliano del “Gran Hermano”.

 

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