Este año las Casas del Estudiante Gral. Francisco Villa,
A.C., cumplen cinco años de existencia en la ciudad de
Durango; cinco años de lucha para abrir un espacio, en
la vida social y académica, para jóvenes tepehuanos
que desean cursar sus estudios de bachillerato y licenciatura.
Pese a que se han tropezado con grandes obstáculos, también
han encontrado la mano solidaria de muchos duranguenses.
En el año 2000, el albergue inició sus trabajos
en una casa rentada y con un pequeño grupo de jóvenes.
Desde sus inicios, la colecta pública ha sido la principal
vía de sostenimiento de los estudiantes y, pese a que
cada ocho días salen a las calles a pedir el apoyo económico,
siempre han recibido el apoyo y la comprensión de miles
de duranguenses que cooperan con esta noble causa. Con esto
se cumple el principio básico de que la educación
la paga el pueblo; a los estudiantes corresponde cumplir con
la otra mitad del principio: al pueblo debe servir todo aquel
que tiene la oportunidad de educarse.
Con las aportaciones que cada ocho días hacen los duranguenses,
se ha dado asistencia a muchos jóvenes, en su gran mayoría
indígenas tepehuanos, quienes han encontrado un lugar
digno para su estancia en la capital, y poder continuar sus
estudios superiores.
En la Casa del Estudiante Gral. Francisco Villa existe un
ambiente sano de orden, disciplina y estudio en el que, además,
los jóvenes realizan actividades culturales y deportivas
que ayudan a alejarlos del vicio y del ocio pues el objetivo
principal del albergue es formar hombres y mujeres de bien para
su comunidad, su estado y su país; es decir, que se conviertan
en promotores del desarrollo de su entorno social.
Pero no sólo eso. La educación de los más
pobres es un acto de justicia, es un acto reivindicatorio para
los indígenas que por tantos años han sido vejados,
explotados, olvidados, y una herramienta poderosa para cambiar
radicalmente esta situación.
Sin embargo, esta labor no ha sido fácil: los estudiantes
han tenido que realizar muchas gestiones, tocar muchas puertas
para ser escuchados hasta, incluso, llegar a la realización
de un plantón de seis meses frente al palacio de gobierno
por la cerrazón del anterior gobernador, Ángel
Sergio Guerrero Mier, pese a que lo único que solicitaban
era apoyo para equipar el albergue y un subsidio para sobrellevar
un poco su precaria situación. Acompañados por
el Movimiento Antorchista que les tendió su mano solidaria
y los acompañó hasta el fin de su lucha, así
como por los múltiples gestos de apoyo de la sociedad
que con víveres, ropa y cooperación económica
encendieron su ánimo, los jóvenes indígenas
aguantaron y resistieron los embates de esa lucha desigual.
Ahora las cosas son diferentes. A través de este medio
los moradores del Albergue Gral. Francisco Villa me piden agradezca
el apoyo que a este proyecto educativo está brindando
el actual Gobernador del estado, contador Ismael Hernández
Deras, así como la actitud positiva que ha mostrado nuestra
máxima casa de estudios, la Universidad Juárez
del Estado de Durango (en la que estudia la mayoría de
los integrantes del albergue), y del delegado de la Secretaría
de Desarrollo Social, el Lic. Félix Chaides Saucedo,
así como de otras muchas instituciones educativas dirigidas
con sentido humano.
¡En horabuena, jóvenes, en su quinto aniversario
de estudios y de lucha!