MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Mayor inversión a la educación

Ramiro Alcaraz
21 de noviembre de 2005

En estos tiempos, cuando los candidatos presidenciales presentan todo tipo de ofertas políticas y de promesas al por mayor, al igual que presentan sus “proyectos de nación”, no se les debería olvidar incluir en sus proyectos la cuestión de la política educativa.

Como lo han dado a conocer los medios en su momento, nuestro país ha obtenido los últimos lugares en el examen aplicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico a estudiantes de 32 países, para evaluar habilidades en matemáticas, comprensión de lectura y conocimientos básicos de ciencias en general. Nuestro país resultó ser uno de los países en donde los estudiantes leen menos (el 44% lee menos de media hora al día); este organismo detectó que los estudiantes mexicanos están entre los que más problemas de enfermedades (propiciadas muy comúnmente por la falta de recursos) tienen en la familia y entre los que cuentan con peores condiciones tanto de infraestructura física de las escuelas como de elementos pedagógicos auxiliares, y reciben muy poca influencia de la educación cultural familiar como determinante de su desarrollo.

Estos datos nos deben hacer reflexionar a todos los mexicanos, pero, sobre todo, a los políticos que buscan la Presidencia de la República; y quien resulte ser el elegido, no debe olvidar los siguientes planteamientos en relación con la educación:
Primera, la educación es una de las palancas fundamentales para el desarrollo económico y social de una nación. Toda economía necesita de los avances y descubrimientos tecnológicos para lograr un crecimiento exitoso y sostenido, puesto que los mismos aseguran una mayor tasa de ganancia y el dominio de más y mejores mercados. Y los inventos verdaderamente revolucionarios son fruto de una paciente, constante y profunda labor de estudio y de investigación, que cuente con los recursos materiales y humanos necesarios para su realización.

Segunda, a los mexicanos nos falta, visión de largo plazo, ambición y patriotismo. Lo primero, porque siempre nos movemos, siempre estamos dispuestos a invertir y a correr riesgos, si se nos ofrecen y aseguran beneficios inmediatos, resultados que podamos disfrutar hoy mismo o, cuando más, mañana; pero nunca para el futuro, por prometedor que se nos presente. Lo segundo, porque nos conformamos con las ganancias que podamos obtener en una economía subsidiaria, de maquiladoras; una economía que, para la elevación de su rentabilidad, depende de la tecnología que quieran compartir con nosotros las grandes metrópolis del conocimiento, en vez de pelear por un desarrollo científico y tecnológico propio, que nos vuelva realmente competitivos a nivel mundial y que nos garantice tasas de utilidad a la par con las de los gigantes económicos del mundo. Lo tercero, finalmente, porque hoy se sabe, con toda certeza, que un país no podrá alcanzar jamás su plena soberanía e independencia, por mucho que crezca su economía, si no es capaz de generar conocimiento, si no es capaz de producir tecnología para sí y para los demás, si su desarrollo, en fin, depende de lo que otros hagan o descubran en el terreno de la ciencia aplicada. No educar a nuestro pueblo para ser un verdadero productor de conocimiento nuevo, es condenarlo al eterno sometimiento; es falta de auténtico patriotismo.

Tercera, las autoridades federales, estatales y municipales deben atacar dos tipos de problemas: primero, elevar el gasto destinado a la educación en todos los niveles y en todas las modalidades que permitan el acceso y la permanencia en los centros educativos de quienes están en edad escolar, pues de todos los evaluados de la OCDE, México resultó ser el país que menor porcentaje de su producto interno destina a la educación y, segundo, mejorar notablemente la exigencia, la disciplina escolar y la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Cuarta, impulsar la educación pública superior; la educación pública sigue siendo, para la inmensa mayoría de los jóvenes mexicanos, la única oportunidad de educarse; sigue siendo una importante válvula de escape a las presiones sociales, que en nuestros días se están acumulando más amenazadoramente que nunca (aprendamos de la lección que nos dejan los acontecimientos de Francia), y uno de los pocos mecanismos efectivos (todavía) para promover la capilaridad social. Por eso, todos los ciudadanos realmente interesados en la justicia social, en el progreso sostenido de la nación, en la paz y estabilidad de la misma, tenemos que defender la educación gratuita contra viento y marea.

Estas y otras cuestiones de igual importancia se deben tomar en cuenta por el próximo Presidente de la República para impulsar una política educativa enérgica que ataque los problemas que dan origen a los malos resultados de nuestra deficiente educación si quiere desarrollar nuestra patria y lograr el bienestar de todos.



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