Por enésima ocasión ha sido denunciado
ante las instancias judiciales respectivas y ante la opinión
pública texcocana, un defraudador de nombre Noel Eric
Estrada Lugo, supuesto “investigador” universitario,
que sin derecho alguno se ha enriquecido ilícitamente
haciendo uso de las instalaciones del Jardín Botánico
y de los recursos de la Universidad Autónoma Chapingo.
Esta persona despacha haciéndose pasar como “médico
naturista”, acumulando desde entonces pingües ganancias
y engañando a cientos de ingenuos enfermos, a pesar de
que la Jurisdicción Sanitaria No. 8 ha hecho constar
en varias ocasiones que Eric Estrada no es médico, sino
Biólogo.
Sobre esta persona recaen dos viejos procesos legales, que de
ninguna manera han sido impedimento alguno para que siga ejerciendo
su oficio de yerbero y merolico. Se trata de por lo menos dos
denuncias, una ante la Comisión Federal Contra Riesgos
Sanitarios (COFEPRIS), con el No. 053300700110201, del 7 de
abril de 2005, y otra ante el Ministerio Publico Federal, por
delitos contra la salud con el expediente APPGR/MEX/TEX/1-02-05.
¿Y porqué tanto escándalo –se preguntará
el amable lector- por un defraudador de medio pelo, cuando hay
fraudes financieros y electorales de mayor importancia, pues
afectan más gravemente y ponen en verdadero riesgo la
estabilidad del país? Es más, éste ni un
video ha producido.
Ciertamente, si tomamos el asunto solo, desligado del contexto
general que prevalece en la más importante Universidad
Agrícola del país y, según se dice, de
toda América Latina, el caso no tendría la mayor
relevancia. Pero si lo enmarcamos en la situación general
de crisis por la que atraviesa esta Casa de estudios, entonces
la situación adquiere una gravedad tremenda.
-Veamos-, como se puede apreciar rápidamente, los procesos
que se le siguen a Estrada Lugo se iniciaron a principios de
año, y desde ese preciso momento se hicieron del conocimiento
de las máximas autoridades universitarias y, particularmente,
del Rector de la Universidad Sergio Barrales, quienes hasta
el momento no han movido un solo dedo, a pesar del gran daño
y desprestigio que este hecho le produce a la Universidad. No
tengo elementos para afirmar que ello obedece seguramente a
una relación de complicidad económica de las autoridades,
pero sí los tengo para afirmar, sin temor a equivocarme,
que obedece a la actitud desidiosa y negligente de las mismas,
actitud que desde hace años tiene postrada a la otrora
prestigiada Universidad Autónoma Chapingo. ¿Acaso
no han tenido tiempo suficiente, desde febrero de este año,
para poner a ese tipo en su lugar y salvar la reputación
de la institución? ¿Acaso no han llegado a oídos
del Rector otras denuncias, además de las judiciales,
sin que éste haga absolutamente nada por atenderlas?
¡Claro que sí!.
Al igual que este hecho en apariencia insignificante, han llegado
a oídos del Rector y del Consejo Universitario, denuncias
de crímenes dentro del Campus Universitario y del mismo
internado para mujeres; han llegado denuncias acerca del mal
uso de los recursos materiales de la Universidad y del uso dispendioso
e irracional del presupuesto que se le tiene asignado, cuyo
80% se consume en salarios y escandalosas prestaciones para
todo un ejército de burócratas, que navegan con
bandera de sindicalistas de izquierda, dejando sólo las
migajas para las labores sustantivas de la Universidad, como
son la docencia, la investigación y la divulgación;
de las ya clásicas borracheras protagonizadas con cualquier
pretexto por chapingueros dentro y fuera de la UACh, así
como del consumo creciente de drogas al interior de la Universidad;
de los magníficos “tours” turísticos,
disfrazados de “viajes de estudios”, que realizan
todo el año alumnos y maestros por toda la República,
con cargo al presupuesto universitario y en los que (con sus
honrosas excepciones) hay “de todo”, menos estudio
e investigación.
De todo eso y muchísimo más tienen conocimiento
las autoridades universitarias y no hacen absolutamente nada,
dándole con ello la razón a quienes sostienen
dentro de la institución, que se trata de una actitud
calculada y deliberada, que tiene como propósito granjearse
a todo mundo dejándoles manos libres, para que hagan
lo que quieran, a cambio de conservar el poder. Esto en el mejor
de los casos. Pero también los hay quienes opinan que
todo esto busca sumir a la Universidad en el descrédito
total y crear las condiciones que justifiquen su cierre o, porqué
no, su eventual privatización.
Vistas así las cosas, el caso del “yerbero”
(así le apodan y no es invento mío), no sería
entonces más que un pequeño botón de muestra
de la tremenda anarquía y el rezago que priva en la UACh,
que necesariamente repercute negativamente en el bajo nivel
científico y tecnológico que caracteriza a la
producción agropecuaria en el país.
Vistas así las cosas, debemos concederle la razón
a los alumnos y maestros organizados en torno al periódico
“Opinión Universitaria”, única tribuna
que se ha atrevido a denunciar estos desmanes entre la comunidad
universitaria, y a quienes invitamos a perseverar en su noble
y justiciero empeño de rescatar y salvar a la Universidad,
para beneficio del estudiantado pobre del país y de los
productores del campo mexicano.