MOVIMIENTO ANTORCHISTA


¡Salvemos a la Universidad de Autónoma de Chapingo

Saul Beltrán Leyva
30 de diciembre de 2005

Por enésima ocasión ha sido denunciado ante las instancias judiciales respectivas y ante la opinión pública texcocana, un defraudador de nombre Noel Eric Estrada Lugo, supuesto “investigador” universitario, que sin derecho alguno se ha enriquecido ilícitamente haciendo uso de las instalaciones del Jardín Botánico y de los recursos de la Universidad Autónoma Chapingo. Esta persona despacha haciéndose pasar como “médico naturista”, acumulando desde entonces pingües ganancias y engañando a cientos de ingenuos enfermos, a pesar de que la Jurisdicción Sanitaria No. 8 ha hecho constar en varias ocasiones que Eric Estrada no es médico, sino Biólogo.
Sobre esta persona recaen dos viejos procesos legales, que de ninguna manera han sido impedimento alguno para que siga ejerciendo su oficio de yerbero y merolico. Se trata de por lo menos dos denuncias, una ante la Comisión Federal Contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS), con el No. 053300700110201, del 7 de abril de 2005, y otra ante el Ministerio Publico Federal, por delitos contra la salud con el expediente APPGR/MEX/TEX/1-02-05.
¿Y porqué tanto escándalo –se preguntará el amable lector- por un defraudador de medio pelo, cuando hay fraudes financieros y electorales de mayor importancia, pues afectan más gravemente y ponen en verdadero riesgo la estabilidad del país? Es más, éste ni un video ha producido.
Ciertamente, si tomamos el asunto solo, desligado del contexto general que prevalece en la más importante Universidad Agrícola del país y, según se dice, de toda América Latina, el caso no tendría la mayor relevancia. Pero si lo enmarcamos en la situación general de crisis por la que atraviesa esta Casa de estudios, entonces la situación adquiere una gravedad tremenda.
-Veamos-, como se puede apreciar rápidamente, los procesos que se le siguen a Estrada Lugo se iniciaron a principios de año, y desde ese preciso momento se hicieron del conocimiento de las máximas autoridades universitarias y, particularmente, del Rector de la Universidad Sergio Barrales, quienes hasta el momento no han movido un solo dedo, a pesar del gran daño y desprestigio que este hecho le produce a la Universidad. No tengo elementos para afirmar que ello obedece seguramente a una relación de complicidad económica de las autoridades, pero sí los tengo para afirmar, sin temor a equivocarme, que obedece a la actitud desidiosa y negligente de las mismas, actitud que desde hace años tiene postrada a la otrora prestigiada Universidad Autónoma Chapingo. ¿Acaso no han tenido tiempo suficiente, desde febrero de este año, para poner a ese tipo en su lugar y salvar la reputación de la institución? ¿Acaso no han llegado a oídos del Rector otras denuncias, además de las judiciales, sin que éste haga absolutamente nada por atenderlas? ¡Claro que sí!.
Al igual que este hecho en apariencia insignificante, han llegado a oídos del Rector y del Consejo Universitario, denuncias de crímenes dentro del Campus Universitario y del mismo internado para mujeres; han llegado denuncias acerca del mal uso de los recursos materiales de la Universidad y del uso dispendioso e irracional del presupuesto que se le tiene asignado, cuyo 80% se consume en salarios y escandalosas prestaciones para todo un ejército de burócratas, que navegan con bandera de sindicalistas de izquierda, dejando sólo las migajas para las labores sustantivas de la Universidad, como son la docencia, la investigación y la divulgación; de las ya clásicas borracheras protagonizadas con cualquier pretexto por chapingueros dentro y fuera de la UACh, así como del consumo creciente de drogas al interior de la Universidad; de los magníficos “tours” turísticos, disfrazados de “viajes de estudios”, que realizan todo el año alumnos y maestros por toda la República, con cargo al presupuesto universitario y en los que (con sus honrosas excepciones) hay “de todo”, menos estudio e investigación.
De todo eso y muchísimo más tienen conocimiento las autoridades universitarias y no hacen absolutamente nada, dándole con ello la razón a quienes sostienen dentro de la institución, que se trata de una actitud calculada y deliberada, que tiene como propósito granjearse a todo mundo dejándoles manos libres, para que hagan lo que quieran, a cambio de conservar el poder. Esto en el mejor de los casos. Pero también los hay quienes opinan que todo esto busca sumir a la Universidad en el descrédito total y crear las condiciones que justifiquen su cierre o, porqué no, su eventual privatización.
Vistas así las cosas, el caso del “yerbero” (así le apodan y no es invento mío), no sería entonces más que un pequeño botón de muestra de la tremenda anarquía y el rezago que priva en la UACh, que necesariamente repercute negativamente en el bajo nivel científico y tecnológico que caracteriza a la producción agropecuaria en el país.
Vistas así las cosas, debemos concederle la razón a los alumnos y maestros organizados en torno al periódico “Opinión Universitaria”, única tribuna que se ha atrevido a denunciar estos desmanes entre la comunidad universitaria, y a quienes invitamos a perseverar en su noble y justiciero empeño de rescatar y salvar a la Universidad, para beneficio del estudiantado pobre del país y de los productores del campo mexicano.

 

 

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