12 de Septiembre 2005
Es frecuente escuchar, a
través de los medios masivos de comunicación que,
el problema de la violencia en el interior de las familias o
violencia intrafamiliar, como se le llama, en nuestro país,
es cada vez más grave y el número de casos va
en aumento. Se dice, en la mayoría de los casos, que
esta se genera cuando la pareja o uno de sus miembros acumula
tensiones, enojos y frustraciones, así como, por dificultades
y agresiones que se viven dentro de la familia como fuera de
ella. Y que, la solución a este problema, consiste en
que las víctimas deben solicitar "ayuda" lo
más pronto posible, es decir, acudir y denunciar el hecho
ante las autoridades correspondientes para que actúen
en consecuencia. Y como complemento, la sociedad debe promover
y pugnar por leyes cada vez más efectivas que protejan
a las víctimas y castiguen a los victimarios o agresores.
Según lo anterior, la solución consiste en exigir
a las autoridades que cumplan cabal e inteligentemente para
proteger a la sociedad, y que se mejoren y modernicen las instancias
encargadas de atender este problema para que enfrenten con éxito
esta problemática.
En mi humilde opinión, considero que las explicaciones
y soluciones que sedan sobre el problema son insuficientes,
no gratuitas tal vez, pues, quienes ven las cosas de esta manera,
no se ven obligados a explicar el problema de fondo y, por lo
tanto, no pretenden resolver desde la raíz el problema.
Coincido con quienes sostienen que el planteamiento anterior,
contribuye para que el estado mexicano se convierta en un estado
policiaco, es decir, en un estado armado y dedicado a vigilar,
día y noche, la conducta de los ciudadanos, delincuentes
y no delincuentes, víctimas y victimarios; violentando
con esto las libertades consagradas en nuestra Carta Magna.
Considero que la principal causa de este problema, aunque no
la única, se debe a las condiciones económicas
y sociales en que viven las familias en nuestro país,
es decir, a la injusta e inequitativa distribución del
ingreso nacional y a las condiciones que el capital impone para
explotar a la clase trabajadora.
Es ampliamente conocido que, conforme el capital crece y se
desarrolla, incrementa tambien la intensidad con que éste
explota y castiga a la clase trabajadora de nuestra sociedad.
Por un lado, los trabajadores cada vez son más explotados
y, por seguir sobreviviendo, se ven en la necesidad de trabajar
más horas al día o producir más en cada
hora con un salario muy deteriorado. Por el otro lado, los desempleados
ya sin ingreso seguro, que cada vez son más, se enfrentan
a un mar de dificultades y agresiones para poder sobrevivir
en medio de esta sociedad. Estas tensiones, ya sea de uno o
de otro lado, naturalmente afecta al estilo de vida de las familias
y sus integrantes.
Cabe aquí, muy bien, la tesis de Carlos Marx, cuando
decía: "Las declamaciones burguesas sobre la familia
y la educación, sobre los dulces lazos que unen a los
padres con sus hijos, resultan más repugnantes a medida
que la gran industria destruye todo vínculo de familia
para el proletario y transforma a los niños en simples
artículos de comercio, en simples instrumentos de trabajo."
El economista citado, también sostenía que, en
nuestra sociedad, la familia plenamente desarrollada sólo
existe para la burguesía y que ésta encuentra
su complemento en la supresión forzosa de toda familia
para la clase trabajadora; comparemos estas afirmaciones con
nuestro entorno y comprobaremos que no están alejadas
de la realidad.
Entonces, la violencia intrafamiliar es un reflejo de cómo
nuestra sociedad se comporta con sus integrantes, de cómo
el sistema económico cada vez más voraz explota
y castiga a la clase trabajadora; de modo que ese comportamiento
de la sociedad, se refleja en el seno de nuestras familias.
Ese comportamiento de la sociedad capitalista, es tal que, ahora,
el capital, no sólo explota a los padres de familia,
sino también a las madres y los hijos de estos. Y el
castigo, cada vez más cruel, sobre las espaldas de la
clase trabajadora en forma de desempleo. Aunado a todo esto,
se encuentra la injusta e inequitativa distribución del
ingreso nacional.
De modo que, querer resolver el problema de la violencia intrafamiliar
sólo con la denuncia ante las autoridades es, no querer
resolver de fondo esta problemática y echarle mas leña
al fuego, pues, ahora a la agresión del medio se agrega
la agresión por parte del estado; queda claro, a estas
alturas, que la solución implica la necesidad de introducir
reformas económicas y sociales de fondo en la actual
estructura del sistema, cosa que no corresponde con los intereses
de quienes llevan las riendas de este país.