Sólo cuando la humanidad
entera destierre para siempre de su cabeza la idea egoísta
de poseer, de acumular riquezas, de ser dueño y amo de
todo capital acumulado y producido; sólo cuando la conciencia
del hombre se eleve al nivel de comprensión necesario
para entender que es prioritario salvar a la sociedad humana
entera por sobre los intereses del individuo y, sólo
cuando la educación social llegue al nivel de comprensión
teórica que hoy ya poseen nuestros más destacados
y mejores hombres y que estos han planteado ya la necesidad
de una más justa y equitativa distribución de
la riqueza social para así, racionalmente, elevar hasta
niveles nunca antes vistos ni sospechados por el mismo hombre,
la sociedad humana entera y así pueda el hombre pasar
ya al reino de la libertad; entonces, y, sólo entonces,
se estará en condiciones de construir una nueva y superior
sociedad. Mientras esto no sea así, los hombres no podemos
ni soñar en un mundo feliz.
Al principio de su historia, el hombre estaba aun sujeto a las
leyes de la naturaleza, esclavo de ésta, sumiso y débil
productor de sus propios medios de vida, tenia que trabajar
y trabajó duro y colectivamente para satisfacer apenas
sus más elementales necesidades vitales y de reproducción.
Pero con su trabajo en común logró, después
de mucho sufrir y batallar, salir adelante y con la ayuda del
fuego pudo dominar a la naturaleza y emancipársele, para
así crear las condiciones que le permitieron aumentar
la producción al hombre en vida comunista y acumular
y guardar. En esta época dominaba y era prioritario el
trabajo manual, sobre el trabajo intelectual que apenas comenzaba
a manifestarse; se educaba mediante y por el trabajo, para la
producción de riqueza material para la comunidad. Aquí
lo producido era distribuido entre todos sus miembros de la
colectividad de manera equitativa y justa y todos tenían
la obligación de trabajar para el bien de todos, aun
no existía esa idea egoísta de ¨ lo tuyo y
lo mío ¨. Pero con el incremento en la producción
y con el excedente del trabajo, se crearon las condiciones para
que la colectividad pudiera aumentar su producción y
acumular cada vez más.
Con este incremento en la producción material y con un
mayor dominio del trabajo productivo sobre la naturaleza se
produjo un incremento aun mayor de riqueza y el hombre pudo
ya trabajar menos, y, con la ayuda del leguaje, dedicar su tiempo
libre al desarrollo de su conciencia. Con la acumulación
y paralelo a esta, comenzó a darse al interior de la
familia gentilicia, entre la colectividad, una división
natural del trabajo y una división entre los sexos, primero,
y, luego entre los mismos hombres, que necesariamente se traslado
a todo lo que poseían y producían. La riqueza
producida y acumulada por la gens pasó, con el paso del
tiempo, a ser propiedad exclusiva del patriarca de la gens por
derecho propio. Así y sólo así, nace la
propiedad privada sobre los rebaños, las cosas, primero,
y, luego, sobre los instrumentos y medios de producción
(principalmente la tierra) Si nos atenemos a la división
que de la prehistoria hace Morgan, podemos datar con cierta
precisión la aparición de la propiedad privada,
aunque no en el sentido moderno del termino, en los límites
entre el salvajismo y la barbarie. Con la barbarie, pues, nace
la propiedad privada y con ella, el esclavismo. Y este hecho
es un hecho histórico fundamentalmente determinado por
la necesidad del hombre de satisfacer y mejorar sus condiciones
de vida material y económica. Si bien es cierto que en
el momento de la aparición de la propiedad privada ésta
jugó un importante papel sobre la producción,
pues la revolucionó e hizo que se desarrollara para crear
enormes riquezas materiales e intelectuales y grandes maravillas
y descubrimientos en la ciencia y en la técnica, pero
sobre todo en la producción. Pero con el paso del tiempo
y al desarrollarse la sociedad ha presionado sobre la propiedad
y ha hecho que esta también cambie y evolucione, perfeccionándose
a tal grado que hoy , en la moderna sociedad capitalista, es
ya una traba, un lastre y el principal obstáculo que
impide el pleno desarrollo de la misma sociedad que la sostiene
y apuntala como su máximo logro histórico, impidiendo
así el paso de la sociedad a un nuevo y mejor estadio,
superior en la evolución de la sociedad humana.
La propiedad privada llevaba en germen ya los futuros antagonismos
que al desarrollarse se manifestarían. Cuando invento
la propiedad privada, el hombre no sabia, en ese momento, que
estaba sentando las bases para la aparición de la separación
de la especie humana en dos o más clases sociales contrapuestas
entre sí, antagónicas e irreconciliables; además
de la separación del trabajo manual e intelectual, la
concentración en muy pocas manos de todos los medios
e instrumentos de producción, así como también
de todas las materias primas ( oro, plata, petróleo,
cobre, hierro, bosques, ríos, mares, etc., etc.) que
la naturaleza le da generosamente al hombres y, finalmente,
ha separado al productor de su producto para ponerlo en manos
ajenas a él. Todos estos fenómenos constituyen,
a lo largo de la historia humana, el mayor mal que al hombre
le ha ocurrido, pues de ahí viene y le nace el egoísmo,
la envidia, la avaricia, la intriga, el hurto, la codicia, los
celos y el asesinato de hombres contra hombres. De ahí
la idea de que el hombres es el lobo del hombre. Es cierto que
todas estas causas no se dieron de manera simultánea
e inmediatamente a la aparición de la propiedad privada,
sino de manera progresiva, gradual y lentamente a través
del desarrollo de la nueva sociedad en formación, la
sociedad esclavista “democrática y culta”.
La propiedad privada es un acto social nacido de la natural
evolución de la sociedad comunista primitiva que la revolucionó
y transformó definitivamente. Su aparición, es
un hecho innegable, constituyó un importantísimo
progreso humano, marco a la sociedad de manera total y por muchos
milenios ha sido la pauta para su avance. Si su aparición
fue el resultado de una revolución social, su desaparición,
en la moderna sociedad burguesa, tendrá que ser también
un acto revolucionario y que permita el acceder a una superior
organización social, más equitativa, justa y democrática.
La propiedad privada nació de la voluntad del pueblo
y será la voluntad popular quien marque la hora final
de ésta.
Podemos decir que el pecado original del hombre es haber caído
en la tentación de apropiarse el trabajo social ajeno
y su redención o perdón estriba en devolver a
sus legítimos dueños, la sociedad entera, lo que
originariamente se les despojó.
Quiero dedicar de todo corazón este modesto trabajo a
un gran hombre que ha dedicado toda su vida consciente a luchar
contra la injusticia social, el peor mal que al hombre aqueja,
y ha hecho, después de arriesgar su vida cientos de veces,
al frente de su pueblo, una brillante y permanente revolución
social, que ya dura por más de cincuenta años
y que ha transformado a ese pequeño país, Cuba,
en una verdadera potencia de humanidad y de solidaridad, que
hoy, admira al mundo entero, incluidos sus más brutales
enemigos; ese gran hombre es el Comandante de América,
héroe del pueblo y guía genial del proletariado
mundial, Dr. Fidel Castro Ruz. Fidel no se ha equivocado, no
se equivocó, la historia ya te absolvió. Fidel
forma ya parte de la constelación celeste de los inmortales
y vive y brilla hoy más alto que nunca. Gloria eterna
al gran luchador de América, salud Fidel Castro Ruz.