MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Héctor Pérez Martínez
(In Memoriam)

Fernando Figueroa Estrada
Dirigente antorchista en el estado de Campeche

21 de marzo de 2006

Este próximo 21 de Marzo, celebraremos, los mexicanos en general, y los campechanos en particular, con honor y orgullo, tres importantes acontecimientos, pues; primero, celebraremos la llegada del equinoccio de primavera; en segundo lugar, el bicentenario del natalicio de don Benito Juárez García, hombre claro, ilustre y firme defensor de las causas populares, forjador del México moderno y gran pensador liberal que siempre respetó e iluminó al pueblo con la idea de que sólo es libre, verdaderamente libre, aquel hombre que permite y respeta el pensamiento de los demás; y, en tercer lugar, el centenario del natalicio de uno de los campechanos más ilustres y preclaros del México posrevolucionario, Don Héctor Pérez Martínez, nacido - qué coincidencia - el mismo mes y dia, pero 100 años después que el benemérito de las Américas, el 21 de marzo de 1906, en la ciudad de Campeche.

La vida de Héctor Pérez Martínez, fue breve, pues solo vivió 42 años (1906-1948), pero bastó para que la semilla que sembró, fructificara, enraizara hondo en el corazón de sus paisanos, el pueblo pobre de Campeche, a quien tanto quiso, siempre le preocupó y cuantas veces pudo, le tendió su mano solidaria para que pudiera salir de su situación de estado rezagado, aislado y olvidado por el fuerte control del gobierno posrevolucionario que, a pesar de ser un gobierno nacido de una revolución popular, se olvidó pronto del pueblo pobre y, en especial, de las condiciones de miseria y esclavitud aun existentes en la península de Yucatán.

En su corta vida, Héctor Pérez Martínez, se preparó a conciencia, pues sabia bien la importancia que tiene en la vida de la sociedad, la educación y la cultura, como medio para transformarla. Así llegó a ser médico odontólogo por la universidad nacional, fue periodista, poeta, un escritor polémico. Participó en la política y llegó a ser Diputado Federal, Gobernador de su Estado y secretario de gobernación, en la presidencia de Miguel Alemán.

Sin embargo, a Héctor Pérez Martínez se le quiere y se le recuerda no solo por los cargos y puestos políticos en el gobierno que merecidamente tuvo, y que él siempre entendió que si los ostentó fue no para orgullo y gloria propia, sino para que el político, desde ahí, desde su lugar como político y servidor público, pueda mejorar las condiciones sociales y económicas que, en concreto, aligeren la ya de por sí dura situación del campesino pobre, del obrero que con su rudo trabajo produce las mercancías que habrán de ser útiles a la sociedad, de las amas de casa y de los estudiantes para que nuestra patria se desarrolle y consolide, libre e independiente de ideas y capitales extranjeros (que en esa época abundaban) que sólo, como parásitos, pensaban en seguir llevándose nuestras materias primas. Este era, en resumen, el pensamiento del político revolucionario, hijo de una revolución legitima en estado de ebullición, naciente y actuante. Pero, lo que mas preocupó a don Héctor Pérez, fue la educación del pueblo de México, por eso, en su paso como gobernador, fundó y creó escuelas con el único fin de dotar al pueblo de conciencia y cultura, desarrollar y potenciar su inteligencia para que éste, en su quehacer diario, pueda tomar en sus manos el destino de su patria, transformarla y hacer de ella, una patria más digna, más democrática, más libre y más independiente y ello, con conocimiento de causa porque, lo sabia bien Héctor Pérez Martínez, el único que puede desarrollar a su patria, a su nación, es el pueblo organizado, educado y conciente quien, con su acción conjunta y de masas sociales, podrá acabar con la pobreza, la miseria, el atraso, la marginación, la ignorancia y crear una nación como la que él soñó, al igual que Don Benito Juárez, quien dijo, “que nadie carezca de lo estricto”.

Es, finalmente, pues, digno de resaltarse en la personalidad de don Héctor Pérez Martínez, su carácter preñado del espíritu revolucionario, su apego al pueblo pobre, en quien veía al único capaz de emprender las tareas revolucionarias del momento, pues él, como ya dijimos, es hijo de la revolución mexicana y como tal, puso su vida, su ingenio y su inteligencia al lado de los que menos tienen, para elevar su nivel cultural y material y así hacer que el México porfirista, atrasado, dividido y enfrentado, dejara de serlo. No lo logró, es cierto, pero él con todas sus fuerzas lo intentó y contribuyó, en gran medida, a construir el México contemporáneo. Nos toca a nosotros, a los mexicanos de hoy, culminar la obra iniciada por Pérez Martínez y todos los grandes hombres que parió la revolución mexicana, y, con ello, estaremos rindiéndole un justo y merecido homenaje en el centenario de su nacimiento. Culminar su obra, es seguir su ejemplo.
Campechanos, ¡¡pongamos manos a la obra!! .

 

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