La noticia está ya, como dicen los especialistas mediáticos,
en la agenda nacional. El gobierno federal y los legisladores
del PAN han manifestado su deseo de reducir el presupuesto a
la educación superior, particularmente el presupuesto
de la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM). Se habla, pues, de una reducción de 900 millones
de pesos anuales a la máxima institución educativa
de México que recientemente fue catalogada como una de
las 100 universidades más importantes del mundo, la mejor
de todo Hispanoamérica (Incluidas España y Portugal)
y en donde se genera más de la mitad de toda la investigación
científica del país ¿Así quiere
premiar la derecha gobernante el buen desempeño de la
máxima casa de estudios?
De concretarse la reducción presupuestal, sería
otro duro golpe contra los mexicanos, pues, fiel la derecha
a la doctrina de reducir al máximo el gasto público
en beneficio de la población trabajadora y, al mismo
tiempo darle el máximo de beneficios a las clases pudientes,
reduciría la calidad de la educación de cientos
de miles de estudiantes y, reduciría la calidad y las
dimensiones de la investigación científica del
país.
Al mismo tiempo, como se vislumbra ya con cierta nitidez, la
derecha mexicana quiere acrecentar esa tendencia del capitalismo
mundial de fortalecer la educación superior privada en
detrimento de la educación pública. Hacer que
la educación superior se vuelva más elitista de
lo que ya es actualmente; lograr que sólo los estudiantes
de las capas más adineradas puedan acceder a la educación
superior de calidad, reservándole, claro está,
a los estudiantes provenientes de las capas trabajadoras de
la población, una educación técnica o profesional
pero de baja calidad. Para los hijos de los adinerados los puestos
de mando, en el aparato productivo del país, en la maquinaria
estatal, en las distintas instituciones educativas, culturales,
políticas, etc.; para los hijos de los pobres, puestos
muy mal pagados. Pero, esta reducción propuesta, también
busca proteger uno de los negocios más lucrativos de
la clase empresarial, la educación privada. No es ninguna
exageración esta última afirmación, pues,
por ejemplo, la OCDE (Organización para la Cooperación
y Desarrollo Económicos) reconoce que en los países
miembros de esa organización internacional, se generan
ganancias anuales en las instituciones de educación superior
privadas por más de 40 mil millones de dólares.
Uno de los argumentos que aducen en la intentona de la derecha
para reducir el presupuesto a la educación superior en
general y en particular a la UNAM, consiste en mencionar que,
actualmente, la planta productiva nacional no está aceptando
a cientos de miles de profesionistas, pues, muchos egresados
de las universidades e instituciones de nivel superior no encuentran
acomodo en el mercado laboral, “salen sobrando”,
“ya no se necesitan” y, por tanto, el estado está
gastando inútilmente en estudiantes que no tienen cupo
en la planta productiva nacional. Pero, este “argumento”
es, una expresión paladina de la visión miope,
la ceguera pragmática de la clase empresarial y su gobierno
de corte derechista que confunde los efectos con las causas
del desempleo en el nivel profesional.
Por supuesto que no es el “exceso” de profesionistas
egresados de las universidades públicas la causa del
altísimo índice de desempleo que hay de profesionistas
en las más diversas carreras y especialidades, esto,
en realidad es el efecto de un aparato productivo incompetente,
ineficaz y diseñado para enriquecer a unos cuantos potentados
de forma vertiginosa y brutalmente abusiva, mientras millones
de mexicanos padecen bajísimos salarios, desempleo, mala
calidad de vida, de salud de servicios. Bastaría una
visión más profunda, objetiva de la realidad nacional,
para entender que precisamente, lo que más requiere el
país en estos momentos es aumentar la inversión
pública en educación e investigación científica
para generar tecnologías propias del país, para
lograr elevar la competitividad de la fuerza laboral, sea profesional
o no, y, con esto, lograr mayores ingresos al país al
producir productos de más calidad y de mejores precios;
ingresos que debiesen ser repartidos con mayor equidad entre
los mexicanos para así lograr sacar al país del
subdesarrollo y el atraso económico y social, para combatir
en sus raíces la pobreza, el desempleo y la delincuencia.
Sólo en esta perspectiva nuestros gobernantes podrían
atacar las verdaderas causas y no confundirán a éstas
con los efectos.