Después de ver las imágenes de la toma de posesión
del presidente de República el pasado 1 de diciembre,
nos mueve a muchos ciudadanos la reflexión sobre qué
nos ocurrirá durante los próximos seis años.
Hay una honda inconformidad social, una gran insatisfacción
ciudadana por los resultados tan contrarios a lo que se nos
ofreció en el año 2000, durante la campaña
electoral previa a las elecciones de ese año y, al inicio
del mandato de Vicente Fox y, hay sobre todo inconformidad por
la imposición que sufrimos en las recientes elecciones
federales. A la inmensa mayoría de los mexicanos nos
ha quedado claro que ninguna de las promesas del presidente
que acaba de concluir su periodo se cumplió; que la democracia
-que tanto se ha exaltado en costosísimas campañas
en los medios de comunicación- sólo ha servido
para que el país se haya empobrecido más; que
el número de desempleados creció desmesuradamente
llegando a constituir en estos momentos cerca de la mitad de
la población económicamente activa.
Pero, lo también grave es que, de forma silenciosa, menos
estridente, pero igual de perjudicial, el poder adquisitivo
de los trabajadores mexicanos se ha venido reduciendo de tal
forma que en los últimos años del cambio, se calcula
conservadoramente el salario real de la inmensa mayoría
de trabajadores mexicanos es menor en casi un 30%, que al inicio
del sexenio de Vicente Fox. Y, probablemente, habrá algunas
voces que me reclamen por esta afirmación, pues, argumentarán
“en el último sexenio, todos los años hubo
aumentos salariales autorizados por la Comisión Nacional
de Salarios Mínimos, por tanto, no hubo decremento en
la capacidad de compra de las familias más pobres del
país”. Sin embargo, el engaño estriba precisamente
en el hecho de que mientras los salarios de los trabajadores
nunca superaron el 5% de aumento al año, los productos
de primera necesidad y en general los artículos que son
indispensables para comer, vestir, atender la salud, emplear
en la educación de los hijos, etc., aumentaron en mayor
porcentaje que el salario, de tal forma que, no coinciden los
aumentos de los salarios nominales de los millones de trabajadores
con los aumentos reales, pues estos últimos disminuyeron
drásticamente. Por tanto, y por mucho que los apologistas
del gobierno del “cambio” quieran engañar
a la ciudadanía, la inmensa mayoría de mexicanos
nos empobrecimos.
Pero, si comparamos la situación de los ingresos de los
trabajadores mexicanos que gozan de empleo con los ingresos
de la mayoría de los grandes empresarios nacionales y
extranjeros durante el sexenio concluido, podremos, sin duda
alguna, encontrar que la brecha entre ricos y pobres se ha ahondado
enormemente pues, como le comenté recientemente en este
espacio, amigo lector, los ingresos de las familias más
ricas del país prácticamente se duplicaron durante
los últimos seis años. Esto significa, como diría
un gran pensador alemán y gran conocedor de la economía
política, que el salario relativo de los mexicanos decreció
(entendiendo por salario relativo la relación que hay
entre el aumento o disminución del salario de los trabajadores
y el aumento o disminución de las ganancias que le dejaron
estos trabajadores a la clase empresarial).
El actual presidente de la República, el licenciado Felipe
Calderón Hinojosa, declaró antes de su toma de
posesión que su gobierno “rebasaría por
la izquierda” al los partidos y dirigentes políticos
de izquierda que compitieron y les fue arrebatado triunfo en
las pasadas elecciones presidenciales ¿Qué quiere
decir rebasar por la izquierda? ¿Acaso significa que
el actual presidente aplicará un programa económico
y social, más benéfico a las capas pobres y trabajadoras
del país que el propuesto por los seguidores de López
Obrador? Creo, amigo lector, que si esto fuera cierto el país
saldría ganando, que el descontento popular amainaría
sensiblemente; sería la mejor oportunidad histórica
de un gobernante emanado de la derecha por servir a las grandes
mayorías de México. Sin embargo, y para no pecar
de ingenuidad, esto está lejos de la realidad, pues no
debemos perder de vista los mexicanos cuáles fueron las
fuerzas nacionales y extranjeras que impulsaron la asunción
del actual presidente.