El transporte público
en la Ciudad de México se agudiza debido al ritmo creciente
de la población de la capital y de la zona conurbada
con el Estado de México. El Gobierno del Distrito Federal
ha intentado solucionar este problema a través de la
construcción del Metrobús, el cual inicio sobre
la Av. Insurgentes, desatando con ello una serie de inconformidades.
Primero las rutas de microbuseros que trabajaban sobre esa vialidad
fueron desplazados para darle el monopolio a los concesionarios
del Metrobús.
A la par de ello, las agrupaciones ecologistas pusieron el grito
en el cielo por la gran cantidad de árboles talados,
lo cual equivale al Bosque de Chapultepec según cifras
de esos grupos. Otro problema fue la entrega de la concesión
a las diferentes empresas que se la disputaban. Si a esto le
agregamos que durante las primeras semanas de operación
del nuevo transporte los accidentes ocasionados por las unidades
en servicio iban al ritmo de uno por día, y a veces dos.
Después de su aparente éxito el GDF intentó
introducir este tipo de transporte en la avenida más
importante del centro de la ciudad, en Paseo de la Reforma,
desatando inmediatamente al anuncio una serie de reacciones
de los comerciantes de la zona, quienes no descansaron hasta
que Alejandro Encinas, en su calidad de Jefe de Gobierno, dio
marcha al proyecto. Aún así el Gobierno capitalino
tiene en archivo 8 proyectos de Metrobús para hacer de
este sistema de transporte un sustituto de las líneas
del Metro que faltan para dar servicio a la población
de la ciudad.
Pero hasta el momento no se ve para cuando puedan echar a andar
esos proyectos, pues así como van las cosas Alejandro
Encinas esta más ocupado en reforzar la campaña
de Andrés Manuel López Obrador que en gobernar
para los capitalinos. A todo lo mencionado hasta aquí
se suman los problemas de operación y la puesta en marcha
de la tarjeta electrónica para acceder al transporte,
en suma, ha resultado un sistema muy caro económica y
políticamente hablando.
La puesta en marcha del Metrobús ha logrado que la atención
de la ciudadanía aleje la vista del otro transporte masivo
por excelencia, el Metro. Desde que el PRD ganó el Gobierno
de la Ciudad de México el Gobierno Federal entregó
la administración de este transporte al Gobierno local,
tanto para su administración como para su posible ampliación.
Pero el PRD ha resultado dañino para el Metro ya que
actualmente vemos que las líneas que transportan a la
mayor cantidad de capitalinos, como lo son las líneas
1,2 y 3, se encuentran no sólo llenas a su máxima
capacidad, sino que además, el exceso de gente provoca
que los trenes se vayan atrasando a cada instante, esto podría
ser un problema de fácil solución si las unidades
no estuvieran dañadas, al grado de que en los talleres
tienen que desarmar unos trenes para extraer las piezas útiles
y reparar los trenes que están en mejores condiciones
para brindar servicio.
Por otro lado, la inversión del Gobierno capitalino para
construir nuevas líneas ha sido prácticamente
nula, pues a excepción de la línea B que recibió
a media construcción no siquiera ha planeado una nueva
ruta, a pesar de que el crecimiento de la ciudad exige un servicio
más amplio y económico.
Existen denuncias públicas por arte del Sindicato de
Trabajadores del metro en el sentido de que la administración
de López Obrador desvió dinero designado para
darle mantenimiento a las líneas del Metro.
Los microbuses no dan abasto suficiente para el Distrito Federal,
además de los añejos problemas de unidades en
mal estado, chóferes que conducen a altas velocidades
sin precaución y con menos respeto a sus pasajeros, lo
cual ocasiona además de trafico y caos vehicular, un
sin fin de accidentes.
La columna vertebral del transporte público es insuficiente
y de mala calidad. No existe una verdadera política por
parte del Gobierno del Distrito Federal para enfrentar el problema
lo cual no hace sino evidenciar que al PRD no le interesan los
problemas de la ciudad, o cuando menos, sólo los atiende
en la medida en que le resulte de utilidad en términos
electorales y de manejo de masas. Un claro ejemplo de ello lo
tenemos en los taxis piratas conocidos como Panteras, los cuales
son, por obligación cuando menos, militantes del ese
partido y dicho sea de paso, este grupo de taxistas se han convertido
en la caja chica del PRD para financiar sus campañas,
pues no sólo es el manejo de sus grupos para los enfrentamientos
que tengan necesidad de provocar, sino también son una
fuente segura de recursos. Actualmente se calcula que existen
más de treinta mil taxis panteras, a razón de
ciento cincuenta pesos por semana que deben aportar si desean
seguir trabajando bajo la protección del Gobierno citadino.
Todo esto es una muestra del caos que, intencionalmente, mantiene
el GDF en todo tipo de transporte publico para así encubrir
sus despilfarros y malos manejos, todo sea con llegar a la grande,
pues, han de pensar, el fin justifica los medios. Malo, la ciudad
necesita soluciones reales a sus problemas no engaños
que en el mediano plazo harán insostenible la situación.