Gran polémica se ha generado por las
reformas al Código Penal de San Luís Potosí,
en relación a los beneficios que pudieran alcanzar los
jóvenes delincuentes que al momento de cometer un ilícito,
por ser menores de 18 años donde pudieran tener penas
menores que los adultos, dicho beneficio alcanzaría también
a los que compurgan una condena por homicidio, asalto y delitos
contra la salud, que pudieran quedar en libertad al resolverse
su situación. Dicha reforma, aprobada por la legislatura
local ha generado acciones de protesta por parte de algunos
sectores de la ciudadanía al considerar que tal beneficio
de la ley, induciría a la juventud a llevar a cabo muchos
ilícitos, tales como el asesinato o el narcomenudeo,
ya que a fin de cuentas en breve tiempo pudieran quedar en libertad,
incluso aquellos delincuentes juveniles que se encuentran presos
por asesinatos en el reciente pasado. Otros, dicen que es buena
esta reforma, ya que muchos jóvenes que “caen”
a la penitenciaría, en lugar de corregir su conducta
y readaptarse a la sociedad como hombres de bien, salen como
unos verdaderos profesionales del crimen al convivir con adultos,
que les enseñan nuevas formas y mañas para cometer
delitos, y que más tardan en salir, que en ser encarcelados
de nuevo por su mala conducta en el seno de la sociedad. Ambas
posturas son razonables y tienen argumentos válidos,
motivados por la preocupación de la violencia juvenil
y los derechos de los jóvenes, sin embargo, considero
que no se va al fondo del problema.
Desde mi modesta consideración creo que no basta con
crear o quitar leyes para que los jóvenes no caigan en
las redes de la delincuencia y el crimen. En primer lugar, hace
falta conocer las causas profundas del fenómeno, que
no sólo se presenta en este sector de la población.
Al analizar el problema, encontramos que la mayoría de
quienes cometen algún ilícito, como el caso de
robo o del narcomenudeo, se manifiesta entre la gente que no
tiene empleo o que no tuvo la oportunidad de estudiar por la
falta de recursos económicos, y esto se expresa en la
pobreza y marginación, donde en la actualidad suman millones
de mexicanos que viven en la pobreza extrema. Simplemente en
esta entidad ante la falta de empleos, cada año decenas
de miles de jóvenes abandonan sus hogares, para irse
a trabajar a Estados Unidos porque no pudieron estudiar y otros,
porque no encontraron empleo. Los que se quedan ante la falta
de oportunidades para que se pueda desarrollar, se van por el
“camino fácil”, se dedican a la vagancia,
al asalto, a la prostitución o al narcomenudeo.
Pero también hay que reconocer que hay
muchos jóvenes, que aún y en las condiciones adversas
para poder superarse en San Luís Potosí, por los
bajos salarios y la falta de empleo, trabajan mucho para poder
sobrevivir y apoyar a sus familias, hay muchos otros, que se
dedican con mucho corazón a estudiar, a sacar la casta
y dar lo mejor de sí, por servir como futuros profesionistas
a esta su patria.
¿Cuál es la respuesta de la sociedad
para impulsar esa iniciativa de los jóvenes que buscan
superarse y estudiar? Faltan espacios educativos, aulas, laboratorios,
centros de investigación, etc., apoyos para que puedan
seguir estudiando, tales como becas, libros; o simplemente el
acceso a la educación superior, donde cada ves, es más
difícil ingresar, por normativas discriminatorias de
la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado,
tal es el caso para ingresar a la escuelas normales en el estado,
es decir, que con muchas trabas para el ingreso, se pretende
que sea la mayoria de los aspirantes, los que no tengan acceso
a tales centros educativos.
Estando así las cosas, por donde tenemos
que empezar para defender los derechos humanos de los jóvenes
y evitar en parte, las causas de la delincuencia, es en el terreno
educativo por la superación de los jóvenes y por
el progreso de nuestra sociedad