“Mi esposo se vino a trabajar aquí, por que en
otro lado no hay trabajo”.Esta fue la explicación
de unas de las esposas de los sesenta y cinco mineros atrapados
por el derrumbe, en el interior de una mina de carbón,
en San Juan de Sabinas en el estado de Coahuila, cuyo rescate,
desde el domingo pasado, se ha seguido intentando con menores
posibilidades de que los mineros se encuentren vivos. Triste
la suerte de los obreros que en estos momentos podrían
estar sufriendo una de sus peores pesadillas.
Conociéndose como se conocen en la región los
bajos salarios, las extenuantes y largas jornadas de trabajo
y las pésimas condiciones de seguridad que privaban en
la mina… ¿Qué los obligó a trabajar
en tan inhumanas condiciones de empleo? Fue la terrible miseria
y el hambre, lo que los orilló a emplease, buscando la
vida en este trabajo en el que, desgraciadamente, podrían
encontrar la muerte.
Sin embargo, las causas de tan lamentable accidente han venido
saliendo a la luz, no por la diligencia de las investigaciones
de las autoridades laborales, que tienen la obligación
legal de informar sobre las circunstancias que motivaron este
grave hecho, sino por los testimonios y denuncias de los propios
obreros y de sus familiares.
En este sentido, el testimonio de uno de los sobrevivientes,
Hervey Flores, consigna que… “ese día (el
domingo), se nos obligó a bajar a la mina a pie, porque
los elevadores no funcionaban y nos dio miedo, porque ya desde
hace varios días, había mucha acumulación
de gas y era peligroso. Pero nos dijeron que bajáramos,
que trabajaríamos hasta las cuatro de la mañana
y nos iríamos”. Este fue el testimonio de uno de
los sobrevivientes, que el día de anteayer fue rescatado
y es hasta el momento el primer sobreviviente de la tragedia
Ante la claridad de las explicaciones de estos lamentables acontecimientos,
las justificaciones y explicaciones de los dueños de
la empresa como las santiguadas de francisco Javier Salazar
Sáenz, Secretario de Trabajo en el país, resultan
una verdadera cortina de humo para ocultar la verdad de los
hechos.
No obstante lo anterior, es evidente que este accidente se debió,
por un lado, al hambre desmedido de ganancia que lleva a los
patrones a exprimir y explotar al máximo la fuerza de
trabajo y que, en el caso que nos ocupa, tomó forma en
la mezquina negativa de los dueños de la empresa para
esperar a que funcionaran los elevadores o a que se diluyera
la acumulación de los gases cuyas explosiones provocaron
los derrumbes y, por el otro, a la lenidad de las autoridades
laborales que, en vez de obligar a los patrones a que cumplan
con las medidas de seguridad previstas en las leyes laborales
de nuestro país, se ponen a exculparlos y a encubrir
sus faltas oficiosamente.
La mezquindad y un abusivo afán explotador fueron las
causas profundas de este accidente. La idea de ahorrarse unos
cuantos pesos, al ordenar que los obreros se fueran a pie, cuando
podían esperarse a la reparación del elevador;
todo ello fue lo que originó la desgracia de los mineros
de san Juan de Sabinas.
Hoy, como hace más de 300 años, el origen de
la riqueza de los capitalistas sigue siendo la explotación
desmedida de los trabajadores. Esta sigue siendo la lógica
de todos aquellos que se dicen “generadores de empleos”
“Emprendedores” y de todos los que supuestamente
“arriesgan su capital”, para que la gente “tenga”
empleo.
Hoy, vivos o muertos los mineros de San Juan de Sabinas, nos
reviven en la memoria la injusta vida social que nos impone
la inhumana economía de mercado. ¿Cuántas
desgracias más soportará la clase laborante en
el país, para que se levante y defienda sus derechos?