MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Accidente minero,
rostro de la inhumana explotación

Miguel Angel Alvarez
25 de febrero de 2004

 

“Mi esposo se vino a trabajar aquí, por que en otro lado no hay trabajo”.Esta fue la explicación de unas de las esposas de los sesenta y cinco mineros atrapados por el derrumbe, en el interior de una mina de carbón, en San Juan de Sabinas en el estado de Coahuila, cuyo rescate, desde el domingo pasado, se ha seguido intentando con menores posibilidades de que los mineros se encuentren vivos. Triste la suerte de los obreros que en estos momentos podrían estar sufriendo una de sus peores pesadillas.
Conociéndose como se conocen en la región los bajos salarios, las extenuantes y largas jornadas de trabajo y las pésimas condiciones de seguridad que privaban en la mina… ¿Qué los obligó a trabajar en tan inhumanas condiciones de empleo? Fue la terrible miseria y el hambre, lo que los orilló a emplease, buscando la vida en este trabajo en el que, desgraciadamente, podrían encontrar la muerte.
Sin embargo, las causas de tan lamentable accidente han venido saliendo a la luz, no por la diligencia de las investigaciones de las autoridades laborales, que tienen la obligación legal de informar sobre las circunstancias que motivaron este grave hecho, sino por los testimonios y denuncias de los propios obreros y de sus familiares.
En este sentido, el testimonio de uno de los sobrevivientes, Hervey Flores, consigna que… “ese día (el domingo), se nos obligó a bajar a la mina a pie, porque los elevadores no funcionaban y nos dio miedo, porque ya desde hace varios días, había mucha acumulación de gas y era peligroso. Pero nos dijeron que bajáramos, que trabajaríamos hasta las cuatro de la mañana y nos iríamos”. Este fue el testimonio de uno de los sobrevivientes, que el día de anteayer fue rescatado y es hasta el momento el primer sobreviviente de la tragedia
Ante la claridad de las explicaciones de estos lamentables acontecimientos, las justificaciones y explicaciones de los dueños de la empresa como las santiguadas de francisco Javier Salazar Sáenz, Secretario de Trabajo en el país, resultan una verdadera cortina de humo para ocultar la verdad de los hechos.
No obstante lo anterior, es evidente que este accidente se debió, por un lado, al hambre desmedido de ganancia que lleva a los patrones a exprimir y explotar al máximo la fuerza de trabajo y que, en el caso que nos ocupa, tomó forma en la mezquina negativa de los dueños de la empresa para esperar a que funcionaran los elevadores o a que se diluyera la acumulación de los gases cuyas explosiones provocaron los derrumbes y, por el otro, a la lenidad de las autoridades laborales que, en vez de obligar a los patrones a que cumplan con las medidas de seguridad previstas en las leyes laborales de nuestro país, se ponen a exculparlos y a encubrir sus faltas oficiosamente.

La mezquindad y un abusivo afán explotador fueron las causas profundas de este accidente. La idea de ahorrarse unos cuantos pesos, al ordenar que los obreros se fueran a pie, cuando podían esperarse a la reparación del elevador; todo ello fue lo que originó la desgracia de los mineros de san Juan de Sabinas.

Hoy, como hace más de 300 años, el origen de la riqueza de los capitalistas sigue siendo la explotación desmedida de los trabajadores. Esta sigue siendo la lógica de todos aquellos que se dicen “generadores de empleos” “Emprendedores” y de todos los que supuestamente “arriesgan su capital”, para que la gente “tenga” empleo.

Hoy, vivos o muertos los mineros de San Juan de Sabinas, nos reviven en la memoria la injusta vida social que nos impone la inhumana economía de mercado. ¿Cuántas desgracias más soportará la clase laborante en el país, para que se levante y defienda sus derechos?


 


 

 

 

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