En sendos vehículos automotores, en distintas fechas
pero con idénticos intereses llegaron dos diputadas cuyos
nombres no son trascendentales para el desarrollo de esta historia;
el atuendo entre sport y casual ya que no podemos llamar informal
al estilo de las prendas de color alusivo a sus institutos políticos,
no estaba desprovisto de cierto toque femenino; del perfume
y los atributos físicos no expresaré comentarios
ya que aquí no podríamos ponernos de acuerdo y
solo sé decir que en cuanto a mí, si se me forzara
un poco elegiría para mi gusto a la de amarillo, haciendo
caso a la sabiduría popular que ha proclamado que quien
de amarillo se viste a su belleza se atiene y porque además
los colores blanco y azul de la otra, hablan de una personalidad
monótona y un tanto pretenciosa.
Pues llegaron, digo, las pulcras diputadas a la colonia Avante
que está ubicada en la orilla del extremo norte de Cancún,
municipio de Benito Juárez, Quintana Roo. Es un lugar
como existen muchos en el país, donde han acampado un
gran número de familias procedentes de distintos y remotos
lugares de la geografía nacional; es un “asentamiento
irregular” de esos que tanto disgustan a la gente de bien,
pero que con terquedad, aunque los desalojen, reaparecen una
y otra vez como los hongos en un miembro infectado. Así
son los pobres, tienen la costumbre de llegar en grandes, numerosos
grupos y detenerse a prudente distancia de las soberbias ciudades
rodeándolas como un negro cinturón, como la enorme
avalancha de un ejército enemigo; así, sórdidos,
oscuros y maquinales esos barrios paupérrimos son pese
a todo el complemento necesario y natural de las portentosas
urbes. Y ya sabemos como son por dentro esos abortos del desarrollo
porque, aunque no se acepte así, esas franjas de miseria
son producto genuino del sistema socioeconómico injusto
en el que vivimos: no tienen agua potable, carecen de energía
eléctrica y por lo tanto de alumbrado público,
no hay drenaje ni pavimentación pero sí hay enfermedades
gastrointestinales y otras más de tipo infeccioso, hay
también alcoholismo, delincuencia, promiscuidad, prostitución,
analfabetismo, desnutrición, etc.
La gran ciudad percibe a lo lejos la ruin existencia de esos
barrios depauperados, escucha como el ruido de un vivaque, el
murmullo, a veces algo como una débil queja, como ciertos
lamentos y es entonces cuando algunos habitantes de la glamourosa
ciudad se deciden muy a su pesar a acudir al mísero arrabal.
Así sucedió con la diputada de amarillo, fue atraída
por las quejas que escuchó y cuando llegó quedó
estupefacta: ¡nunca pensé que en Cancún
existieran lugares así!, exclamó, los quejosos
sonrieron sin malicia y con resignación. Pero después
llegó la otra, más cautelosa en sus movimientos
y cuidadosa en las palabras; los que se le acercaron tuvieron
que escuchar algunos sutiles reproches, como los que prodiga
una tierna y amorosa madre contrariada con el hijo descarriado:
¿por qué no se han regularizado? Así sería
más fácil la introducción de servicios,
y cuando alguien dijo que más al fondo había personas
en peores condiciones, la señora diputada en su epidermis
contrajo el color azul de sus prendas y luego el blanco de las
mismas, y a pesar de su discreción no pudo contener las
frías, arteras palabras que escaparon por el cerco de
sus afilados dientes: ¡Yo más adelante no sigo!
Los vecinos de Avante se miraron un tanto sorprendidos pero
no dijeron nada y cuando la camioneta blanca en que ella se
transportaba dio vuelta en “U”, los vecinos en confianza
se miraron, algunos volvieron a sonreír pero otros dejaron
escuchar una franca, sonora y picaresca risa.
Han pasado ya algunas semanas después de éstas
dos visitas célebres a la colonia Avante y Avante, aunque
usted no lo crea, sigue igual. ¿Cómo igual? Igual
de jodida. Por eso los nombres de las diputadas no importan
como no importan tampoco los nombres de sus partidos políticos,
todo es lo mismo. Y si no, sepa usted que en otra ocasión
pasaron los que se visten con los colores de la bandera y prometieron
mucho dinero para la introducción de la luz y si no me
lo cree, pues no me lo crea pero la promesa no se cumplió.
Por eso cuando la gente dice que los diputados no sirven para
nada es porque no sirven para nada. En el país existen
presos políticos y los diputados no dicen nada, en el
país hay desempleo y los diputados no hacen nada, en
el país los alimentos suben de precio y el salario no
aumenta y los diputados tampoco hacen nada.
Obviamente los problemas del país no se van a resolver
con un buen discurso, ni siquiera con muchos buenos discursos,
ni siquiera si estos discursos, aunque fueran malos, se hicieran
en la tribuna legislativa. Es claro que los problemas del país
no se van a resolver con discursos, pero esos problemas seguirán
agudizándose más cada día si los diputados,
los representantes populares siguen siendo personajes de farándula,
desarraigados del pueblo e ignorantes de la realidad social
del país. Da pena y coraje ver por televisión
a los señores diputados liándose a golpes o lanzando
palabrotas soeces como la más desbocada verdulera del
tianguis semanal; da vergüenza y coraje saber de los altos
e insultantes salarios que devengan por ocupar un puesto para
el cual no están capacitados ni siquiera moralmente.
Por eso es tiempo ya de que el pueblo entienda que debe asumir
el poder, es tiempo de que el hombre perdido en la miseria de
una triste vida se decida a reencontrase y a dirigir su propio
destino, es tiempo de que el débil se una al débil
para hacer una gran fuerza, es tiempo de que la gente sencilla
de alma buena, el ama de casa, el campesino y el obrero se decidan
a tomar el timón del gobierno de este país. Entonces
y sólo entonces nuestra patria cambiará de rumbo
y se enfilará hacia horizontes de progreso y justicia
social.
Quintana Roo, a 11 de Diciembre del 2006.
Colaboraciones anteriores:
*
Las intrígulis mediáticos
*
Sobre los Floridos Campos del Rey de las Flores
*
Más allá del Edén