MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Los intríngulis Mediáticos
Mario García Castillo
Dirigente de Antorcha Campesina en el estado de Quintana Roo
06 de diciembre de 2006

En la década de los noventas Omar Carreón escribía semanalmente en el diario Unomásuno, pero el que nos había puesto el ejemplo a todos como siempre, fue el maestro, quien empezó a escribir también de manera semanal en diversos periódicos artículos combativos, infatigablemente en defensa de nuestra organización y en pro de los más débiles.  Por eso cuando llegué a Campeche, solicité un espacio para escribir en el diario “Tribuna” y me lo concedieron, claro está que no por lo famoso de mi pluma, sino porque el nombre de Antorcha ya era conocido y generaba expectación incluso en los lugares donde no estaba la organización.  Los tribunos publicaron varios artículos cambiándoles ciertas palabras, que sonarían rudas a sus oídos y  a veces suprimiendo algunas oraciones completas, pero en otras ocasiones de plano el escrito entero no aparecía; cuando esto sucedió la primera vez, hablé tres o cuatro veces por teléfono hasta que logré escuchar la voz del jefe de redacción decir lacónicamente que el escrito en cuestión, “no iba con la línea del periódico”. Cuando se repitió el mismo hecho ya no me tomé la molestia de llamar.  Escribí poco en ese diario y poco a poco dejé de escribir, está  de más decirlo pero ni a ellos ni a nadie  importó mi silencio.

Corrió mucha agua por el Papaloapan, el Grijalva y el Usumasinta; pasaron diez años y henos aquí llegando a Quintana Roo.  Compramos los periódicos locales, tomé los datos de el “Diario de Quintana Roo”, hice la solicitud conocida para pedir el espacio, dijeron que sí; publicaron algunos artículos del maestro, uno de ellos lo editaron en dos ocasiones, pues hablaba de las elecciones próximas entre Labastida y Fox, los publicaban con algunos “errores de imprenta” pero pasaban.  Algo de mis plicas también dieron a conocer, salía igual con fallas de imprenta, yo lo aguantaba porque debajo del nombre del autor escribían el de la organización.  Un día se me ocurrió enviar un escrito con el título de: “El gigante egoísta y arrogante”, en el que hablaba de la política agresiva militarista de Bush hijo, tomando como base una noticia donde se daban a conocer las amenazas contra la Isla de Cuba.  Pasaron más días de los que normalmente transcurrían para que pudiera aparecer el escrito y al no suceder esto, decidí enviarlo de nuevo para asegurarme de que lo habían recibido, pero el artículo contra el militarismo amenazante de Bush siguió sin aparecer; como estaba seguro que la respuesta iba a ser la misma que una vez me dieron en Campeche, no pregunté nada. A partir de entonces no quisieron publicar más nuestras opiniones en el citado periódico y después de alguna desavenencia con cierto gobernador en turno, cuyo patronímico en inglés me resulta difícil escribir, a pesar de las insistencias por escrito pidiendo que publiquen los artículos de nuestro secretario general la respuesta a sido negativa.  

Así que el escrito sobre El gigante… quedó archivado en espera de mejores días para ver la luz.  Pero de pronto el mismo gigante se pone a tiro nuevamente, cojo mi escopeta de esas que todavía existen de un sólo tiro; trato de afinar la puntería, estoy seguro de que esta vez el arrogante malandrín no se me escapará porque ahora me apoyo en una de las columnas mediáticas que estamos consolidando: “La página web de Antorcha Campesina”.

Disparo mi único y débil proyectil cuando al individuo lo tienen los vietnamitas arrinconado bajo la estatua de Ho Chi Min, después lo pasean haciéndolo portar el traje típico de aquel heroico pueblo, el individuo suda y en el gesto de su cara se advierte una enorme, casi dolorosa contrariedad y mi pobre proyectil sigue su curso. El gigante se da vuelta, se despoja del atuendo vietnamita que le incomoda, escupe, maldice y estampa la marca de su dura bota sobre la tierra del rey de las flores y se aleja y mi menguante proyectil no llega. El gigante, esta vez  llamado “El rey de la Guerra y el Terror” se escapa ileso. Pero ¿Cómo sucedió eso, si ahora me apoyé en el hombro de mi compañero?   ¿Qué pasó? No sé, lo único que sé es que el artículo apareció con mucho tiempo de retraso, cuando el gigante rey de la guerra andaba ya por otras latitudes del planeta buscando pleito.  Apareció tarde, insisto, el artículo llamado: Sobre los floridos campos del rey de las flores, sin que se anunciara su existencia en la página de Antorcha y apareció con errores en el título insertado en el índice de colaboraciones.

Estoy seguro que en la página de Antorcha no existen esas censuras que ya me conozco, por eso no sé que decir, ni que pensar de ese incidente. Si alguna conclusión pudiera sacar es que Bush hijo, es más poderoso que Bush padre y Bush espíritu santo y que tras de ser dueño de todo, es omnipotente usufructuario universal de la suerte que los demás mortales no poseemos.

 

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