En la década de los noventas Omar Carreón escribía
semanalmente en el diario Unomásuno, pero el que nos
había puesto el ejemplo a todos como siempre, fue el
maestro, quien empezó a escribir también de manera
semanal en diversos periódicos artículos combativos,
infatigablemente en defensa de nuestra organización y
en pro de los más débiles. Por eso cuando
llegué a Campeche, solicité un espacio para escribir
en el diario “Tribuna” y me lo concedieron, claro
está que no por lo famoso de mi pluma, sino porque el
nombre de Antorcha ya era conocido y generaba expectación
incluso en los lugares donde no estaba la organización.
Los tribunos publicaron varios artículos cambiándoles
ciertas palabras, que sonarían rudas a sus oídos
y a veces suprimiendo algunas oraciones completas, pero
en otras ocasiones de plano el escrito entero no aparecía;
cuando esto sucedió la primera vez, hablé tres
o cuatro veces por teléfono hasta que logré escuchar
la voz del jefe de redacción decir lacónicamente
que el escrito en cuestión, “no iba con la línea
del periódico”. Cuando se repitió el mismo
hecho ya no me tomé la molestia de llamar. Escribí
poco en ese diario y poco a poco dejé de escribir, está
de más decirlo pero ni a ellos ni a nadie importó
mi silencio.
Corrió mucha agua por el Papaloapan, el Grijalva y el
Usumasinta; pasaron diez años y henos aquí llegando
a Quintana Roo. Compramos los periódicos locales,
tomé los datos de el “Diario de Quintana Roo”,
hice la solicitud conocida para pedir el espacio, dijeron que
sí; publicaron algunos artículos del maestro,
uno de ellos lo editaron en dos ocasiones, pues hablaba de las
elecciones próximas entre Labastida y Fox, los publicaban
con algunos “errores de imprenta” pero pasaban.
Algo de mis plicas también dieron a conocer, salía
igual con fallas de imprenta, yo lo aguantaba porque debajo
del nombre del autor escribían el de la organización.
Un día se me ocurrió enviar un escrito con el
título de: “El gigante egoísta y arrogante”,
en el que hablaba de la política agresiva militarista
de Bush hijo, tomando como base una noticia donde se daban a
conocer las amenazas contra la Isla de Cuba. Pasaron más
días de los que normalmente transcurrían para
que pudiera aparecer el escrito y al no suceder esto, decidí
enviarlo de nuevo para asegurarme de que lo habían recibido,
pero el artículo contra el militarismo amenazante de
Bush siguió sin aparecer; como estaba seguro que la respuesta
iba a ser la misma que una vez me dieron en Campeche, no pregunté
nada. A partir de entonces no quisieron publicar más
nuestras opiniones en el citado periódico y después
de alguna desavenencia con cierto gobernador en turno, cuyo
patronímico en inglés me resulta difícil
escribir, a pesar de las insistencias por escrito pidiendo que
publiquen los artículos de nuestro secretario general
la respuesta a sido negativa.
Así que el escrito sobre El gigante… quedó
archivado en espera de mejores días para ver la luz.
Pero de pronto el mismo gigante se pone a tiro nuevamente, cojo
mi escopeta de esas que todavía existen de un sólo
tiro; trato de afinar la puntería, estoy seguro de que
esta vez el arrogante malandrín no se me escapará
porque ahora me apoyo en una de las columnas mediáticas
que estamos consolidando: “La página web de Antorcha
Campesina”.
Disparo mi único y débil proyectil cuando al
individuo lo tienen los vietnamitas arrinconado bajo la estatua
de Ho Chi Min, después lo pasean haciéndolo portar
el traje típico de aquel heroico pueblo, el individuo
suda y en el gesto de su cara se advierte una enorme, casi dolorosa
contrariedad y mi pobre proyectil sigue su curso. El gigante
se da vuelta, se despoja del atuendo vietnamita que le incomoda,
escupe, maldice y estampa la marca de su dura bota sobre la
tierra del rey de las flores y se aleja y mi menguante proyectil
no llega. El gigante, esta vez llamado “El rey de
la Guerra y el Terror” se escapa ileso. Pero ¿Cómo
sucedió eso, si ahora me apoyé en el hombro de
mi compañero? ¿Qué pasó?
No sé, lo único que sé es que el artículo
apareció con mucho tiempo de retraso, cuando el gigante
rey de la guerra andaba ya por otras latitudes del planeta buscando
pleito. Apareció tarde, insisto, el artículo
llamado: Sobre los floridos campos del rey de las flores,
sin que se anunciara su existencia en la página de Antorcha
y apareció con errores en el título insertado
en el índice de colaboraciones.
Estoy seguro que en la página de Antorcha no existen
esas censuras que ya me conozco, por eso no sé que decir,
ni que pensar de ese incidente. Si alguna conclusión
pudiera sacar es que Bush hijo, es más poderoso que Bush
padre y Bush espíritu santo y que tras de ser dueño
de todo, es omnipotente usufructuario universal de la suerte
que los demás mortales no poseemos.