MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Más allá del Edén
(Segunda parte)
Mario García Castillo
Dirigente en el Estado de Quintana Roo
17 de noviembre de 2006

En los últimos días de este octubre que se fue, escribí algo (o por lo menos traté de hacerlo) sobre el tema del problema de la vivienda; tema muy antiguo que no ha perdido vigencia ni la perderá mientras existan pobres y la causa de estos que son los ricos. Tal vez alguien haya tenido la paciencia de leer aquel escrito, por lo cual solicito su benevolencia y su estoica atención para que lea, ahora, esta su continuación.

Decidí abordar un tema ya tratado por muchos y mejores autores, porque en Quintana Roo, un estado que emerge aceleradamente a los primeros niveles del ámbito nacional, al parecer se está tratando de poner en práctica medidas que no han resuelto el problema de la vivienda al aplicarse en otros lugares.

El rápido crecimiento demográfico que trae consigo la expansión de la industria del turismo ha originado la escasez de vivienda para los trabajadores y el surgimiento de “asentamientos irregulares”. Para evitar la propagación de estos últimos el director de fomento a la vivienda en el estado, Ricardo Pech Gómez, hace un llamado al congreso local para que “modifiquen las leyes estatales” a fin de castigar “con pena de cárcel y sin derecho a fianza” a quienes promuevan dichos asentamientos, pero no dice nada más al respecto y entonces surge la duda de si en realidad se busca defender a las familias trabajadoras y resolver su problema habitacional. ¿Qué propone el respecto el señor director Ricardo Pech, para atender la falta de vivienda popular? Eso es un misterio.

El movimiento antorchista nacional en sus más de tres décadas de lucha a lado del pueblo ha formado muchas colonias populares que en su gran mayoría cuentan con servicios como el agua, luz, drenaje, pavimentación, alumbrado público, etc. Son pues colonias de gente pobre pero no “cinturones de miseria”. La urbanización de estas colonias se ha logrado gracias a la participación activa de los mismos colonos quienes con su trabajo físico y con sus aportaciones económicas han hecho posible la introducción de dichos servicios. La participación económica de la gente agregada a la participación económica de los gobiernos municipales, estatales y/o federal ha logrado la transformación progresiva de las colonias promovidas por los antorchistas. Por eso sostenemos que los legisladores de Quintana Roo y de todo el país al elaborar las leyes en esta materia, deben alentar y respetar el derecho de los ciudadanos a participar en la solución del problema de la vivienda.

Pero en Quintana Roo como en todo el país lo que está proliferando es la aparición de “inmobiliarias”, constructoras de casas destinadas a los trabajadores lo cual en sí no es malo, el problema radica en que dichas inmobiliarias edifican y ponen a la venta casas caras y mal construidas, consistentes en habitaciones reducidas a la mínima expresión, mal cimentadas sobre una superficie de 7 x 15 metros, y con materiales de ínfima calidad. Puede decirse sin exagerar que son casas de cartón pintado y sin ánimo de ofender a nadie, son autenticas perreras. El gobierno de Vicente Fox anuncia con bombo y platillo la construcción de estas perreras para los trabajadores como el mayor logro de su sexenio, pero se sabe que esto no es más que un gran negocio de la familia presidencial que ha obtenido jugosas ganancias endeudando por veinte años o más a los ingenuos trabajadores que se han dejado seducir por el canto de sirenas de los artífices de semejantes “unidades habitacionales”. Vivienda para los trabajadores. ¿Vivienda? No, ¡engañifa presidencial!

Pero volviendo a Quintana Roo, ¿Cómo se piensa realmente combatir la carencia de vivienda y ante todo de vivienda digna? Si el señor director Ricardo Pech reflexionara un poco más sobre este asunto se daría cuenta que no es con amenazas como va a evitar la proliferación de los “asentamientos irregulares” que tanto le disgustan, pues estos no los originan los lideres corruptos sino que se originan por la constante migración de trabajadores. Por eso todos sabemos que el presidente Bush no logrará detener el paso de mojados levantando muros y alimentando jaurías en la frontera, con ello solamente demostrará su falta de humanismo, pues los trabajadores seguirán emigrando desde sus lugares a los de mayor auge económico, en tanto persista la desigualdad social.

Si lo que se busca es realmente abatir el rezago de vivienda y con ello la proliferación de manchas urbanas non gratas, se debe comenzar por atenuar la marcada diferencia que existe entre la ciudad y el campo; esto es algo difícil pero no imposible para todos los que tengan las riendas de un gobierno. Se debe comenzar por atender las enormes carencias en que se hayan los habitantes de las zonas rurales y marginadas dotándolos de fuentes de empleo bien remunerado y promoviendo mediante proyectos productivos bien orientados la correcta introducción de la tecnología en el agro. Se debe en síntesis, pugnar por la construcción de una sociedad más justa y equitativa.

Mientras no se vean así las cosas, se continuará dando golpes en lugar equivocado, tal vez con buenas intenciones, pero de todos modos serán inútiles golpes de ciego y el problema de fondo quedará de pie, sin solución.

 

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