MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Muerte instantánea
y otras tristezas de fin de año
Mario García Castillo
Dirigente de Antorcha Campesina en el estado de Quintana Roo
21 de diciembre de 2006

Los mayas conocen el viento malo (dicen que en realidad existe), es un airecillo frío que al soplar hace estremecerse al follaje de los árboles y junto con éste se estremecen las aves y la fauna toda se agita presa de un temor indefinido. Una tarde, como si soplase el viento malo, los habitantes de la colonia Proterritorio en Chetumal, se inquietaron y comenzaron a dirigirse presurosos con muestras de temor hacia una calle siguiendo el rumor esparcido que anunciaba sin más detalles ¡un muerto!

Cuando llegamos al lugar con Sixto Güemez Alpuche, presidente en ese entonces de la colonia, ya había mucha gente afuera de una pobre casucha. Los tímidos observaban a cierta distancia pero dos o tres osados estaban mirando por alguna rendija con la mano puesta a manera de tapabocas: “algo olía mal” y en la penumbra había también algo como el espectro de un ahorcado. Hasta que llegaron las autoridades encargadas de atender estos asuntos se pudo abrir la puerta y se disiparon las sombras del misterio; estábamos ante un suicidio consumado; era un hombre de edad madura, vivía solo o mejor dicho acompañado de la pobreza; los peritos, en voz alta y con el aplomo que les confiere su digno cargo, se atrevieron a afirmar que “no había rastros de violencia”.

De tal manera instruido, con el ejemplo de dichos funcionarios, puedo afirmar sin temor a equivocarme que se ha convertido en suceso cotidiano, abrir el periódico y leer como si se tratase de una cosa muy simple o de pequeñas tragedias ordinarias sin importancia, las historias de seres que deciden terminar con su vida sin mucho preámbulo recurriendo al suicidio. Téngame paciencia a cambio de mi gratitud quien pase la vista por estas líneas y acompáñeme a una breve pesquisa documental. El martes 21 de noviembre de este 2006 que agoniza, en un diario del estado en primera plana leímos: “Presidente Legítimo”, abajo en la foto a todo color flanqueado por dos banderas nacionales y tras de él una enorme águila de alas abiertas como en intención de abrazarlo un hombre de cabello claro habla apoyándose en un podium con actitud de reto, en las fotografías sucesivas la gente grita y la Plaza de la Constitución luce abarrotada.

En la contraportada del mismo diario dice con letras grandes “Oaxaca en llamas”. Las páginas centrales nos llevan a la vuelta del mundo, donde una mujer con mucha pintura, actitud estudiada y mirada dubitativa o ¿nostálgica?, quien es en realidad una legendaria actriz italiana de 80 años, anuncia la posposición de su boda con el novio español de 45 y pienso, este se parece a mí en la datación y el gusto por las leyendas, sólo que a mi me gustan escritas y a él de carne y hueso.

Pero llegando a la inevitable sección de las historias más tristes, nos encontramos con la vida diaria, con los sucesos ordinarios. En la foto que ya no es a color sino en blanco y negro se aprecia el rostro lamentable de un pobre que robó el carro a otro pobre. Después está el cuñado que sustrajo el ventilador, la grabadora y fue denunciado por los buenos para todo de los vecinos y digo: ¡Si ya aquellos habían intercambiado a la propia familia! ¿Que más daba intercambiar artículos electrónicos?, pero en nuestro mundo de miserias ocurre esto y mucho más.

Veamos, ahí está un par de notas de las que digo, se van haciendo frecuentes, pero el 21 de noviembre aparecieron juntas ocupando casi una plana, son dos suicidios por ahorcamiento: un hombre de cuarenta años en la Región 101 “se quitó la vida en la cocina de su casa, mientras sus familiares veían la televisión” y en la Región 227, también de Cancún, contando “apenas 16 años y se suicida” Genny Maria Chi Montero, quien deja en la orfandad a una pequeña de “apenas” tres meses de nacida. Prosigamos; ahora tenemos el primero de diciembre, mismo periódico misma sección, otra vez en Cancún un “joven padre de familia de 24 años” decide utilizar el hamaquero igual que los dos y casi todos los anteriores para quitarse la vida, donando a la estadística el número 58 de los suicidios registrados en lo que va del año en este “destino turístico” y por si esto fuera poco, tres días después, el 4 de diciembre en las mismas páginas anuncian “se ahorca en reunión familiar, Fernando Argenis, de 24 años de edad, ocupación alarife, domicilio en Región 75; fue su padre el que lo encontró colgado en su cuarto, la depresión que le provocaba la falta de dinero lo orilló a quitarse la vida, dejando en la orfandad a tres menores.” Así, en lo que va del año en Cancún se han registrado 59 suicidios, lo que nos da casi 5 al mes más los que se acumulen de aquí al último día del año. Pero en resumen, siguiendo la misma distribución anual, pudiéramos afirmar que cada semana al menos un habitante de este bello sitio de placer decide marcharse para no regresar; casi ninguno deja por escrito la explicación de su actitud, pero sin necesidad de palabras dicen claramente que nos heredan su profundo y sincero desprecio. El humillante, deprimente escenario donde por lo regular se dan los hechos nos grita, para que lo escuchen hasta los más sordos, que no podría ser otro su mensaje postrero. Sin duda los peritos tendrán una inteligente explicación para ilustrarnos sobre la causa de tal fenómeno social.

Yo simplemente puedo decir lo que logro observar. Cuando llega el viajero a esta orilla de la patria, desde lejos es fácil distinguir como en una procesión de enormes mastodontes, las colosales siluetas de los lujosos hoteles, en lontananza el horizonte <límpido, azul y dorado> y el color de las aguas marinas de una belleza inefable. Por la noche la luz eléctrica mezclada con la tecnología produce una atmósfera fantástica y la música viene a crear la sensación de voluptuosidad y euforia al alcance de cualquiera. De los otros estimulantes que hablen también los peritos.

Pero a la mañana siguiente la terca realidad a todos les da en la cara y es entonces cuando, aunque el sol salga para todos, no siente lo mismo el rico que el pobre. Y de regreso a su hogar como un ínfimo paria, al simple empleado del hotel o del restaurante su miseria le parece más grande. Regresando, de la algarabía a su pobre vivienda, lo espera agigantada, egoísta y descarada la terca miseria que lo persigue tiempo ha. No es extraño en tales circunstancias que los corazones fatigados, agobiados por el contraste de las enormes diferencias sociales, sientan deseos de detenerse.

El viento malo que destruyó las antiguas ciudades sagradas no se ha ido, continúa devorando vidas pertrechado detrás de la palabra PROGRESO. Con esa divisa Vicente Fox hizo varias incursiones a esta tierra. La última vez que vino en su caracterización de Presidente de todos los mexicanos fue para inaugurar un hospital vacío. No estaría mal que frente a ese hospital sin medicina ni médicos se levante una soberbia estatua ecuestre, donde el charro de San Cristóbal luzca sus botas puntiagudas con escamas, clavando las espuelas en los ijares de un esqueleto humano y en torno al vientre abultado del jinete sobresalga un cinturón como el de la Coatlicue, confeccionado con los cráneos engarzados de las víctimas inmoladas en aras del imperio. Al pie de tal monumento, haciendo referencia a nuestro municipio podría escribirse con letras doradas: ¡Salud, hijos de Benito Juárez!

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