A pesar de la expresión tan en boga de que “los
jóvenes son el futuro de la humanidad”, dicho que
nunca desaparece en las campañas políticas en
estos momentos, en nuestro país, no existen políticas
de Estado que le den certidumbre al sector juvenil. En efecto,
aunque se habla mucho de ellos, y en las épocas electorales
representan un verdadero botín para los candidatos y
los partidos, nada se hace en su favor.
Esto viene a cuento porque, aunque sin una cobertura mediática
cercana por lo menos al resto de las celebraciones de mayo,
en esta semana se festeja “El Día del Estudiante”.
Esta fecha, ninguneada por mucha gente, no debería pasarse
por alto, ni por los habladores de la juventud y menos por los
propios estudiantes, que en su mayoría pertenecen al
sector juvenil. Porque si el silogismo es: los jóvenes
son el futuro de la humanidad, y los estudiantes son los jóvenes
más preparados, debemos estar de acuerdo en que, en la
medida en que nuestro país tenga más y mejores
estudiantes, el futuro de la juventud será más
esperanzador.
Sin embargo, quienes dirigen los destinos del país y
del mundo, más que pensar en un porvenir más decoroso
para los jóvenes, sólo se dedican a buscar cada
vez el incremento de su fortuna personal y de clase, olvidándose
de los problemas sociales, uno de los cuales es el de la juventud.
Precisamente por lo anterior, los jóvenes, y más
concretamente los estudiantes, deben aprender a jugar un papel
más determinante en la sociedad a la que pertenecen,
necesitan actuar más para la construcción de una
patria y un mundo más justo y luchar porque se actúe
menos sobre ellos y se les manipule a conveniencia del sistema
tan injusto como el que hoy predomina a nivel mundial y nacional.
Porque si lo revisamos, hoy prevalece una situación de
desinterés e indeferencia ante los problemas sociales
por parte de los jóvenes; hasta náuseas provoca
en la juventud cuando se habla de política.
Lo anterior ha sido propiciado porque las clases gobernantes
a nivel nacional y mundial, lo que menos desea es que la juventud
descubra la capacidad de su fuerza. De qué otra manera
podría explicarse que en pleno siglo XXI, cuando los
adelantos tecnológicos permiten la detección de
todo “terrorista” que atente contra la “democracia”,
no pueda combatir problemas más fáciles como la
proliferación de las drogas, y otras por el estilo. Al
contrario, se auspicia la marginación de los jóvenes
de la problemática social con el constante bombardeo
de los medios masivos, que promueven el tabaquismo, el alcoholismo,
el sexo prematuro; mediante la basura mediática se pretende
controlar a la juventud para que ésta no “moleste”
a quienes la gobiernan. Sólo en épocas electorales,
se les busca para que con su voto legitimen a sus próximos
“gobernantes”.
Es obvio concluir que la solución, por tanto, no vendrá
de parte de los que promueven lo anterior, sino de la actitud
de los propios afectados, es decir, de los jóvenes, más
en particular, del estudiantado. Ellos tienen la solución
en sus manos, porque son los jóvenes con mayores conocimientos
frente al resto de la juventud.
En primer lugar, deben conocer sus propios planes de estudio,
y aprender a luchar, por una educación que no los condene
a ser unos simples “técnicos” de la producción,
deshumanizando su trabajo. Sino que ante todo, la educación
que reciban, sea humanista, que promueva la solidaridad en vez
del individualismo.
Es necesario que luchen por mejores condiciones de educación,
por escuelas, por becas, por albergues que brinden las posibilidades
de estudiar, etc., a quienes su situación económica
no permite en muchas ocasiones acceder a ella. Es decir, luchar
porque la educación se masifique, que llegue a todos
los rincones y sea para todos.
Y cuando esto hayan logrado, entonces que aprendan a poner sus
conocimientos al servicio de la gente más necesitada,
que apliquen los adelantos tecnológicos, no sólo
para combatir “terroristas”, sino también
en provecho de la humanidad; porque en vez de bombas y armas
sofisticadas, el pueblo requiere de medicinas, de alimentos,
de vestido.
Pero lo anterior, sólo es posible para la vanguardia
juvenil (los estudiantes), en la medida que aprendan a conscientizar
su verdadero papel, a hacer valer la afirmación de que
“los jóvenes son el futuro de la humanidad”.
Que conscientemente se organicen, se unan y luchen por conquistar
una educación mejor.
Ojalá y los jóvenes pronto aprendan a celebrar
su día, con un análisis verdadero sobre el papel
que pueden y deben jugar en la sociedad actual. Que aprendan
a exigir lo que por derecho les corresponde. Enhorabuena.