MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Los Centros Penintenciarios,
¿Escuelas De Crimen?

Xóchitl Dominguez
04 de diciembre de 2006

A raíz de la muerte de cuatro defensores de oficio en el Centro de Readaptación Social “Lic. David Franco Rodríguez”, llamado también Mil Cumbres, en la ciudad de Morelia, Michoacán, en días pasados, es válida una reflexión sobre el sistema penitenciario en nuestro país, pues los acontecimientos ocurridos allí y otros que ha abordado la prensa, son recurrentes.

Primero, nuestras leyes nacionales, como la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y la Ley Federal Sobre Readaptación Social de Sentenciados, establecen las normas mínimas las cuales indican que la finalidad de los centros de readaptación social es que los individuos que han delinquido se rehabiliten y se readapten al medio social.

Segundo, las normas internacionales, como las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos, garantizan que el condenado tendrá acceso a un trabajo productivo que mantenga y aumente su capacidad laboral mientras permanezca encarcelado, para que así, dicho trabajo le evite volver a delinquir, una vez liberado. La pregunta es: ¿Se ha logrado esto? ¿La ayuda psiquiátrica, psicológica, pedagógica y social, ha sido efectiva y ha logrado que los que delinquieron se readapten y se reintegren sanos y normales a la sociedad, una vez cumplida su condena?

La respuesta a las anteriores preguntas es: no. El sistema penitenciario no ha cumplido su cometido, a pesar de que es muy claro que, a través del trabajo, la capacitación y la educación, se debe lograr la readaptación. Veamos, a pesar de que el trabajo puede ser un componente eficaz en un programa de readaptación social, las actividades laborales rara vez están disponibles para los reclusos, aunque ellos deseen trabajar; y, si existe salario, suele ser tan bajo, que no alcanza para sobrevivir dentro de la cárcel y menos para mantener a la familia.
Del mismo modo que las actividades laborales, las educativas constituyen un grave problema en el sistema penitenciario nacional. A pesar de que el artículo 18 constitucional las considera un medio de rehabilitación, su escasez es notable; la carencia de profesores es evidente; el problema se agrava con la sobrepoblación penitenciaria; y las instalaciones, aparte de ser insuficientes, están en malas condiciones para recibir clases. En ocasiones, son los propios internos los que imparten algunas clases de alfabetización, primaria, secundaria y preparatoria; pero, ni los docentes improvisados ni los pocos alumnos, están registrados ante el Instituto Nacional de Educación para Adultos; y, por tanto, las actividades que realizan, no cuentan con reconocimiento oficial.

Otro problema es el relacionado con el aislamiento personal, como medida disciplinaria, ya que éste se efectúa en condiciones que vulneran la dignidad de los internos debido que las instalaciones se encuentran en un estado higiénico muy deplorable, pues es frecuente que no se cuente con los servicios básicos (energía eléctrica, drenaje, taza sanitaria); existen denuncias que dicen que las personas sometidas a aislamiento, no reciben los tres alimentos diariamente, no pueden tomar el sol, no se les brinda servicio médico, y se les obliga a permanecer desnudos; peor aún, no tienen mecanismos para inconformarse por las medidas impuestas; como para ya ni hablar de los ejemplos de crueldad en los que se ha distinguido Estados Unidos.

En fin, se puede decir más, pero esto es suficiente para concluir que el sistema penitenciario en México es pésimo, pues los porcentajes de reincidencia son muy altos; sólo revisemos las cifras del Distrito Federal que ha proporcionado la Secretaría de Gobierno: el 60% de los 22,480 detenidos son primo-delincuentes; el 23.70 %, reincidentes; y el 14.80%, multi-reincidentes.

Íntimamente relacionado con el fracaso del sistema penitenciario está la corrupción que impera en los CERESOS y CEFERESOS; ejemplo de ello es el hecho, por el que comenzaba estas reflexiones: la muerte de 4 defensores de oficio en manos de los delincuentes que les tomaron por rehenes, o de las autoridades que ingresaron para liberarlos; tal suceso lamentable nos lleva a diversas preguntas: ¿cómo llegaron esas armas a poder de los reos? ¿hasta qué niveles del gobierno llega la ineptitud y la corrupción que provoca que los reos anden armados? ¿quiénes manejan, como negocio, estos centros de readaptación? En fin, las interrogantes son múltiples, y, por lo que se ve, los individuos de alta peligrosidad, como los del caso que trato, no son enviados a los CERESOS de alta seguridad, sino a otros donde conviven con primo-delincuentes, convirtiendo a estos centros en escuelas de delito. Además, ¿cómo se explica el ingreso de drogas?

Y lo peor, ¿Qué hacen las autoridades de los diferentes niveles para que ya no se produzcan delincuentes o, al menos, reducirlos? ¿Qué alternativas le dan a la población en el campo laboral, en educación, en seguridad, en vivienda, en cultura, etcétera, para, verdaderamente, prevenir la delincuencia? La respuesta es dura, pues las autoridades hacen muy poco o casi nada.



"Si requiere mayor información sobre nuestras actividades no dude en contactarnos", "Visite nuestra seccion de Articulos para mayor información"

INICIO | DIRECTORIO | ARTICULOS | EVENTOS | PUBLICACIONES | COMUNICADOS | CONFERENCIAS
FOTOGALERIAS
| ESPARTAQUEADAS | AVISO LEGAL | MAPA DEL SITIO
Powered By:
webdesign.net.mx
Movimiento Antorchista de México - Copyright © 2000 -
antorcha@antorchacampesina.org.mx