Después del homenaje por su trayectoria
como escritor, trascendió al mundo entero, la visita
de García Márquez a su entrañable amigo
Fidel Castro…, y con la contundencia de su prestigio internacional
nos confirmó que el Comandante de la Revolución
cubana se encuentra en franca recuperación.
60 años después de la aparición de su principal
obra, “Cien años de soledad”, el legendario
Macondo descrito por García Márquez se nos revela
en diferentes escenarios y condiciones a través de todos
los pueblos subdesarrollados de nuestra América Latina.
Difícil es dejar de lado esta asociación, ante
la permanente inversión extranjera que saca provecho
de todos los recursos en estas tierras pródigas, el esquema
no varía: tierras desconocidas saltan a la luz del mundo,
poco a poco se llenan de pobladores y cuando culmina la etapa
del auge viene la debacle, pues de golpe se retiran las empresas
dejando instalaciones vacías, cual frágiles cascarones,
y los pueblos ayer inundados de gente se van quedando en la
soledad, con los más ancianos siempre, cuál Ursulas
esperando el fin de sus días.
Esta semana, el 20 de abril para ser exactos, el paraíso
en el caribe mexicano (Cancún) cumplió 37 años
de su fundación. Los testimonios de los pobladores se
pueden dividir en dos grupos: quienes han ganado explotando
el destino, felices por su éxito y, por otro lado, quienes
han tenido que trabajar durante jornadas extenuantes y a pesar
de su gran esfuerzo no gozan de beneficios que les permitan
un cambio radical en sus vidas.
Después del fenómeno Wilma, la economía
de las clases bajas se ha deteriorado, la población no
logra recuperarse, pues los gastos de reparaciones y reposición
de artículos dañados han corrido por su cuenta,
mientras una millonaria inversión pretendió devolver
el principal atractivo a la zona turística, sin el resultado
esperado, con todo y la sofisticada tecnología: las playas
no retienen la arena.
En vísperas del 37 aniversario las aseguradoras anunciaron
diplomáticamente su retiro de la zona hotelera planteando
nuevas reglas como “no cubrir daños en propiedades
a menos de cinco kilómetros de la zona costera”,
ni atender los daños por huracanes. En una zona donde
la infraestructura turística se ubica a escasos metros
del mar y la presencia de huracanes es una amenaza cada año
y por largos periodos, ¿más claro?, ni el agua…
No podemos decir que en este momento hayamos llegado a la culminación
de este Macondo mexicano, pero las condiciones y hechos recientes
hacia allá nos conducen, si no aplicamos medidas precautorias,
si la predominante política del interés mezquino
no se logra frenar, y si no nos oponemos a la fatalidad de ser
un Macondo más, pues en lo único que no debemos
estar de acuerdo es en la resignación ante el panorama
desolador, la descripción de lo que hasta hora ha sido
nuestra realidad, en la obra de García Márquez
tuvo un fin fatal, los actores actuales de estos pueblos no
podemos aceptar que ese sea nuestro destino y nos debemos revelar
y disponer a cambiar la historia para forjar el nuevo rumbo
de los países subdesarrollados. Y que los Macondos se
levanten para perdurar mucho más allá de cien
años de soledad.