El criterio que se ha impuesto entre los criminólogos
es que el delincuente no nace, sino que se hace: que es la sociedad,
el medio en el que se desenvuelven los individuos, los valores
que hace suyos en su proceso de formación -o deformación-
el ser humano, lo que determina fundamentalmente el derrotero
que seguirá su existencia. La suma, pues, de necesidades
insatisfechas, ignorancia, atrofia de la sensibilidad, solidaridad
aniquilada por la ley de la selva y glorificación de
la riqueza y del poder obtenidos por los medios que sean, dan
como resultado que, cada día más, las nuevas generaciones
de mexicanos están convencidas de que el robar, traficar
droga o secuestrar es válido para escalar posiciones
y para poder adquirir la innumerable gama de productos, sofisticados
y lujosos, con los que nos intenta deslumbra un día sí
y otro también a través de medios de comunicación.
Cada amanecer nos enteramos de crímenes más atroces,
de inauditos avances en la animalización del ser humano.
Retenes, armamento más sofisticado o incremento de efectivos
militares o policíacos, todo será insuficiente
mientras no se ofrezca a los mexicanos la oportunidad de que
la remuneración de su empleo les garantice alimento,
salud, descanso, educación para ellos y sus familias,
mientras no se haga, en resumen, realidad lo asentado en nuestra
Constitución, a la par que se elevan las aspiraciones
de los mexicanos por encima de esa misma satisfacción
vital e individual. En ambas direcciones, la lucha contra la
pobreza y por la elevación cultural de los mexicanos,
viene luchando desde 1974, el Movimiento Antorchista Nacional.
Me atrevo a afirmar, por ello, que sólo el triunfo de
los ideales antorchistas de un México construido por
mexicanos nuevos, nos traerá la tan anhelada y publicitada
seguridad.
La celebración desde hace 20 años de las Espartaqueadas
Culturales, competiciones en las que se dan cita artistas nacidos
de lo más autentico del pueblo, de todas edades y géneros,
para medir sus capacidades comparándolas con las de otros
niños, estudiantes, obreros, campesinos o colonos, es
una de las muestras mas claras de ese profundo compromiso de
los antorchistas. Bajo el lema “20 años cosechando
cultura”, del 4 al 11 de febrero se reunirán alrededor
de ocho mil participantes en la XIII Edición a realizarse
en Tecomatlán, Puebla.
Poesía, oratoria, canto, danza y baile son las disciplinas
que embellecerán al auditorio Clara Córdova Morán,
principal escenario de la competencia, al igual que a Tecomatlán
entero. Por primera vez Baja California se hará presente
en todas las disciplinas, lo que ha significado, antes que nada,
un gran esfuerzo en ensayos y elaboración de vestuarios
y utilería diversa y, por último para lograr todos
los recursos necesarios para el traslado y alimentación
del contingente que compone un centenar de entusiastas, principalmente
tijuanenses.
El corazón de los que se aprestan a participar en representación
de nuestra entidad, es tan grande que les permitido no atemorizarse
por las incomodidades que se les anuncian en su larga travesía
hasta la Mixteca Poblana, como tampoco el encontrarse todavía
a estas alturas colectando recursos para su viaje, a la par
que intensificando sus entrenamientos para hacer el papel más
digno a su alcance.
La sensibilidad de estos artistas totalmente aficionados, pues
no es el arte -por desgracia- la principal de sus ocupaciones,
les ha permitido acertar. El Operativo Tijuana está condenado
al fracaso, la frescura y la belleza plástica de danzas
y bailes, la contundencia y seducción de las piezas discursivas
armadas con argumentos al mismo tiempo que con elegancia, las
notas musicales y los timbres de las voces que le cantan a la
vida, a la solidaridad y al amor, la belleza estética
que repudia lo grosero y cruel de injusticias y abusos de toda
laya, se impondrán tarde o temprano para traernos una
Tijuana, un México y un mundo más seguros y hermosos.
Sus ráfagas de arte serán, lenta pero tenazmente,
el mejor antídoto contra la delincuencia y la inequidad.
Colaboraciones anteriores:
* No solo
luchamos por lotes; luchamos por un futuro mejor
*
Las dos varas del desarrollo urbano en Tijuana