MOVIMIENTO ANTORCHISTA



Palabras para un torrente de luz
Mario García Castillo
Dirigente antorchista en Quintana Roo
6 de noviembre de 2007

Buscar las palabras perdidas es un trámite difícil, es una tarea intrincada, es una empresa gigantesca, como lo fue aquella que Cristóbal Colón se echó a cuestas; pues para ir en busca de las palabras perdidas no hay una ruta definida, no existen datos que nos indiquen cual es el sendero que aunque sea con alguna probabilidad pudiera llevarnos hasta donde se hallan esas palabras tal vez palpitantes, anegadas de vida o agonizantes pero victoriosas como si fuesen no palabras sino valerosos guerreros caídos en el anchuroso campo de batalla.  Llegar hasta donde se encuentran las palabras perdidas es casi imposible sobre todo si las palabras se fueron a los profundos, secretos, ignotos, silenciosos, húmedos, negros e impresionantes confines de la tierra acompañando al alma vibrante de quien vivió y murió con gran elocuencia.  Pero a pesar de esto en las últimas semanas he querido encontrar las palabras con las cuales hablar de un ser que ya no es un ser de este mundo y que realmente nunca lo fue. He ahí el problema, ¿cómo hablar de un espíritu que ha trascendido los umbrales del mundo conocido, cómo expresarnos de un ser que pertenece al polvo cósmico, de un ente que ya es esencia  universal? 

Partiendo de la hipótesis de que tales palabras o al menos el eco de ellas, pudieran encontrarse resonando en los lugares donde habitó ese ser cuya alma se las llevó, me dirigí a las carpas, deambulé por los foros y entre risas y aplausos escuché palabras triviales que no eran las que yo buscaba. Pasaron dos o tres semanas y no encontraba las palabras perdidas, pero una noche cuando la gente salió de la última función de un teatro pobre, vi la silueta de alguien pero no en el foro sino en el proscenio; escuche que decía: “llevo a cuestas el cuerpo de mi amigo muerto, estoy bañado por el sudor y empapado por la fuerte lluvia de lagrimas saladas, me siento exhausto pero mi amigo muerto no se da cuenta de mi sufrimiento, él va muy callado, las palabras se le han adormecido bajo la  rígida lengua pero sus negras ojeras y la palidez de su rostro dicen que él se encuentra tan triste como yo. A pesar de la pertinaz lluvia su blanca túnica y su lívido hombro descubierto parecen no mojarse. Su cabello negro ensortijado, lo hace parecer todavía vivo y las tristes arrugas de su frente lo hacer ver todavía pensativo. Yo le hablo y lo consuelo, le digo que ya no sufra, que ya descanse en paz, que tal vez sea mejor regresar a la tierra cuando todavía se es joven, pero en este punto mis ojos comienzan a llorar desde el corazón y entonces mi amigo se aleja entre la bruma y bajo la lluvia mientras que yo continúo mi camino por la senda dolorosa de la vida, retorno a la luz”. En ese instante al pronunciar esa última palabra, “luz”, se encendieron las luces y por el foro se deslizaron las sombras. El actor comenzó a caminar lentamente y subió al escenario igual que una sombra; su pantalón era negro y entallado, negra era su camisa de largas mangas un tanto abombadas, botines negros y sombrero negro de ala ancha; detuvo su pausado andar a mitad del foro, la luz blanca de un reflector le bañó de la cabeza a los pies pero seguía siendo una sombra en medio de un circulo de luz, y fuera del circulo otra vez más sombra. 

El actor quedó un momento inmóvil con la pose de un bailarín de flamenco o como un torero-toro congelado tras un gallardo pase de la muleta, en ese instante empezó a sonar con tenues acordes una guitarra, el actor se quitó el sombrero como saludando a un público que no existía y pude ver su negro cabello ensortijado y sus negros ojos soñadores, una discreta sonrisa apareció en su rostro, una leve sonrisa de esas que nacen de la profunda tristeza y por esos labios entreabiertos surgieron de nuevo las palabras: “como el toro he nacido para el luto…como el toro me crezco en el castigo…herido estoy, miradme…!Ay de quien jamás se siente herido por la vida, ni en la vida reposa herido alegremente!…el cementerio está cerca de donde tú y yo vivimos…cuatro pasos y los muertos…cuatro pasos y los vivos…” El actor se quedó inmóvil, se apagó el reflector que le iluminaba y el foro pasó nuevamente de la luz a la sombra.

Entonces se escuchó la voz de alguien que daba indicaciones y al parecer contestaba algunas preguntas: el teatro, decía, debe alimentarse de poesía, de música y de danza, en suma todas las bellas artes deben dar vida al teatro; lo último que mencionó fue invocando a Grotowski, el teatro debe se pobre, sin tanto ornamento ni oropeles, sin lentejuelas ni falsos brillos, pero en cambio debe ser rico en contenido estético y humano.

Mi amigo de quien he querido hablar y para lo cual andaba en busca de las palabras perdidas, nació en el teatro; un día cualquiera bajo la luz de la mañana le armaron caballero entre el júbilo de saltimbanquis y festejos de mozuelas alegres; tomó  para a sí nombrarse el nombre de su comarca: ¡Puebla!  Y echó a andar por los polvorientos caminos para llevar alegría y pan espiritual a la gente pobre. Un día nos encontramos por el camino y sin preguntarnos nada personal caminamos juntos apoyándonos mutuamente. Èl nació en el teatro y para el teatro y ahí ha de vivir aunque digan que ya murió, esto es lo que durante muchos días he tratado de decir sin encontrar las palabras y es que ellas han volado con él, con él, que hasta su último aliento hizo uso de la palabra, tanto la hablada como la escrita; no obstante sus dolores físicos, hasta el postrer instante empuñó la pluma formadora de frases y con estas, hasta su último momento, momento victorioso, nos hizo pensar y sonreír, es decir, nos hizo sentirnos vivos y nadie creía, nadie creería que quien nos proporcionaba momentos agradables con su arte y nos hacia sentirnos buenos y contentos, era bajo la enigmática máscara del gran actor un ser moribundo.       

Teatreros de todo el mundo, tramoyistas y público en general, Víctor Puebla ha muerto, la noticia de su deceso vino en alas de la fama y acompañada por la reina Mab, que nadie llore, que nadie sufra ni se sienta abatido, que todos continúen concentrados en sus quehaceres, que la idea y la palabra sigan existiendo, que el movimiento siga rigiendo al universo. Que la verdadera amistad prevalezca, las flores y el canto perduren cuando ya nos hayamos ido en pos de la algarabía fantástica de los faunos y las ninfas… 

      

Colaboración
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25/05/2007

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18/05/2007

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